28/05/2026
⚜️Mes de mayo,mes de la Santísima Virgen Maria⚜️
[ORACIÓN INICIAL]
A la Santísima Virgen María para todos los días
Santísima María, Madre de Dios, Reina compasiva, Hija del Rey Soberano, gloriosísima Madre, Madre de los huérfanos, consuelo de los afligidos, guía de los extraviados, salud de los que en Ti esperan, Virgen antes del parto, en el parto y después del parto, fuente de misericordia y de gracia, de salvación, de indulgencia y de consuelo, fuente de piedad y de alegría, de perdón y de vida; por el santo e inefable gozo que llenó tu alma cuando concebiste al Hijo de Dios anunciado por el ángel Gabriel, por la santísima humildad con que respondiste: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”, por el divino misterio que obró entonces el Espíritu Santo; por la inefable gracia y por la piedad, misericordia, amor y humildad que hicieron bajar a tu seno, tomando carne humana, a Jesucristo tu Hijo; por los gloriosísimos gozos que éste te ocasionó, por la santa y profunda compasión, por las dolorosas amargura que inundaron tu Corazón cuando lo viste suspenso en la Cruz, cubierto de heridas, abrasado de sed; cuando viste que los verdugos aplicaban a sus labios el vinagre y la hiel; cuando lo oíste clamar: “Dios mío, Dios mío” y lo viste morir con tus propios ojos; por las cinco llagas de su Santísimo Cuerpo; y por los tormentos que te ocasionaron; por el derramamiento de su Sangre y por toda su Pasión, por el dolor de tu alma y tus santísimas lágrimas; por todos estos méritos te suplico vengas en mi auxilio, con todos los Santos y elegidos de Dios, y me dirijas en mis ruegos y peticiones, siempre que yo tenga
algo que hacer, que decir o que pensar, y en todos los instantes del día y de la noche. Alcánzame de tu amantísimo Hijo el complemento de todas la virtudes; alcánzame su misericordia, su consejo, su amparo, su bendición, salud, paz y prosperidad, gozo y alegría; alcánzame en abundancia todos los bienes espirituales, y de los temporales lo que pueda serme suficiente. Ruega al Espíritu Santo que dirija y proteja mi cuerpo, que eleve mi espíritu, que mejore mis costumbres, que santifique mis acciones, que me inspire buenos y santos pensamientos, que me libre de los malos pasados, dulcifique los presentes y modere los venideros; que me conceda una vida recta y pura con encendidos sentimientos de fe, esperanza y caridad; que me dispense la gracia de creer firmemente en todos los artículos de la fe; de guardar todos los preceptos de la ley, de regir mis sentidos; y últimamente, que me libre siempre del pecado mortal y me proteja hasta la hora de la muerte. Intercede por mí, oh dulcísima Virgen María, Madre de Dios y Madre de misericordia, para que acoja benignamente esta plegaria y me conceda la vida eterna. Amén.
[DÍA VÍGESIMO SÉPTIMO]
De los ejemplos que nos dio Jesucristo en su juventud.
Jesús en su juventud fue obediente a María y a José. ¡Sujetarse Dios a sus criaturas! ¿Y en qué? En los oficios y ministerios más humildes, con el fin de que le tuviesen por hijo de un pobre carpintero. ¿Y cómo obedecía? Con sumisión, presteza y gozo. ¡Oh cuánto condena esta conducta, nuestra desobediencia! Jesús en su juventud estaba siempre ocupado en trabajar y en orar. ¿Se le podía seguir algún daño de estar ocioso?
¿Tenía peligro de caer en alguna tentación? No; pero quería dar ejemplo a todos los jóvenes, que son débiles y frágiles, de lo que deben hacer para resistirlas y vencerlas. ¡Oh cuánto condena la conducta de Jesús,
nuestra ociosidad! A Jesús se le veía crecer en virtudes, al paso que se le veía crecer en edad, no sólo delante de Dios, sino también
delante de los hombres, para enseñarnos que también nosotros debemos ir creciendo y edificando al prójimo con el porte exterior cada vez más y más; pero adviértase
que antes aparece santo delante de Dios que a vista de los hombres, para que aprendamos a poner nuestro primer cuidado en agradar a Dios. ¡Qué reprensión tan acre es para mi conducta, la conducta de Jesús! ¡Cuánto condena mi atraso en la virtud, mis perniciosos ejemplos, mis respetos humanos!
[EJEMPLO.] - Domínica del Paraíso, monja del Orden de Santo Domingo, fue desde niña muy obediente, a imitación de Jesús, y en premio recibió de la Virgen Santísima singulares favores. Se cuenta de su vida (Auriem t. 2. pág. 321), que siendo aún de pocos años se le apareció la Reina de los ángeles, y le dio los consejos siguientes: “Se muy obediente a tu madre (ya se padre había mu**to), muestra
a todos en casa respeto y humildad; ten paz con todos, y no des nunca motivos a rencillas ni discordias; antes has de poner un ascua en la lengua, que decir una mentira; habla poco; ten abiertos los ojos para mirar al cielo, y ciérralos a las cosas de la tierra; cuida mucho de no tocar a nadie, ni aún a ti misma, ni mirar parte alguna de tu cuerpo; huye de la sombra de cualquier pecado, y para acertar en todo,
nada hagas sin consultarlo primero con Dios”. La inocente niña tomó todos estos consejos, y empezó a practicarlos a la letra, de suerte, que cuando había de lavarse, se envolvía
en un lienzo la mano derecha, y así se lavaba la cara y la otra mano, sin consentir que una hermana suya de mayor edad, le lavase nunca la cabeza hasta que obligándola un día, fue a pedir consejo a la Virgen. Esta Señora le dijo, que no fuese tan nimia y escrupulosa, y que no mostrase a su hermana resistencia ninguna en las cosas necesarias, porque su intención no había sido tal en los avisos que le dio. Así lo hizo de allí en adelante. No mucho después su
madre, que se llamaba Constanza, le dio tela para que se hiciese un vestido. Ella quedó confusa, porque por una parte le había prevenido la Virgen que en todo obedeciese
a su madre, y por otra, no sabía ni cortar ni coser. En esta duda acudió a la Madre de Dios; se le apareció de contado, y le enseñó como había de hacer el vestido. Señora, dijo la
niña, habiendo estado atenta, si Vos no empezáis yo nunca aprenderé. Entonces la begnignísima Madre de Aquel del que está escrito: Su conversación es con los sencillos, tomó las tijeras, cortó el vestido, preparó la aguja, y empezó a coser. Con sólo esto, aunque la niña era una pobre campesina, aprendió con tal perfección el arte de la
costura, que no tenía igual. Y como no pudiese todavía por su tierna edad manejar bien las tijeras, le bendijo la Virgen las manecitas, y añadió: Ahora has cuanto te tengo dicho; y desapareció. ¿Quién no admira y alaba la amabilidad de esta dulcísima Virgen? ¿Y quién no ve que si hizo con Dominica oficio de Madre, fue en premio de su obediencia?
[OBSEQUIO.]- Nunca estes ocioso, y si no tienes qué hacer, será bueno que leas un libro que trate de elogios.