10/08/2026
QUINCENARIO A LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.
DÍA DÉCIMO
PARA TODOS LOS DÍAS
Saludemos con las tres AVE MARÍAS a la hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo.
Dios te salve María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen Purísima y castísima antes del parto. Por tu inmaculada concepción, alcánzanos señora la Virtud de la Fe. Llena eres de gracia…
Dios te salve María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen Purísima y castísima en el parto. Por tu inmaculada concepción, alcánzanos señora la Virtud de la Esperanza. Llena eres de gracia…
Dios te salve María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Purísima y castísima después del parto. Por tu inmaculada concepción, alcánzanos señora la Virtud de la Caridad. Llena eres de gracia…
CONSIDERACIÓN
Consideremos los motivos por los cuales Dios Nuestro Señor, que había preservado a la Santísima Virgen Nuestra Señora de la culpa original desde su Concepción Inmaculada no la preservó de la muerte del cuerpo, que es efecto de esta culpa, sino que la sometió a la muerte como a todos los demás hombres; los cuales fueron : para que se viera cuan irrevocable es esta terrible sentencia de muerte; para que la Santísima Virgen imitase también en esto a su divino Hijo, que quiso morir para nuestro mayor bien; para que Ella obtuviera el grandísimo mérito de resignarse a la muerte, venciendo la natural repugnancia que tiene nuestra carne a morir, a lo que alude San Pablo diciendo, no queremos ser despojados del cuerpo, sino recibir en él la vestidura de gloria; también para que la Maestra de todas las virtudes nos enseñara las que se ejercitan en la muerte; y en fin, para que ella! Como refugio de los pecadores, se compadeciese de
ellos en aquel tremendo trance, como quien pasó por tan angustioso trabajo.
Esto considerado reconozcamos, con saludable temor, que la muerte es ineludible, como dice San Pablo: establecido está que los hombres mueran una sola vez y después del juicio; y que así como nada hay tan cierto como la muerte, nada hay más incierto que la hora de la muerte y su lugar y circunstancias; para que todo esto lo pongamos en las misericordiosas manos de nuestra Madre del cielo. (Pausa).
ORACIÓN
Jesús Señor nuestro, que nos has amonestado, que vigilemos, constantemente, porque no sabemos ni el día ni la hora de nuestra muerte; y que en esta incertidumbre, nos advertiste, que de ordinario la muerte llega como ladrón que asalta; que has dispuesto que de la muerte dependa nuestro destino eterno en la bienaventuranza o en la reprobación; que a la hora menos pensada vendréis a juzgarnos; te rogamos Señor, por tu sacratísima muerte y la de tu Santísima Madre, nos des una buena muerte, como el bien supremo de nuestra vida. Así sea.
Fruto de la consideración de este día.
Recordar frecuente y seriamente que la muerte es inevitable, y que si morimos bien todo lo hemos ganado y si mal todo lo habremos perdido para siempre y sin remedio.
Jaculatoria de este día.
Madre nuestra que estás en los cielos, en la muerte ampáranos oh gran Señora.