21/04/2026
El año luctuoso del Papa Francisco es un tiempo de profunda reflexión, respeto y memoria para millones de fieles en todo el mundo. No es solo una fecha que recuerda su partida, sino un momento para revivir su legado de amor, humildad y servicio. A lo largo de este año, su ausencia se siente en la Iglesia, pero también su presencia permanece viva en cada enseñanza, en cada gesto de misericordia y en cada llamado a la fraternidad.
Durante su pontificado, el Papa Francisco nos enseñó a mirar con compasión, a cuidar de los más necesitados y a construir una Iglesia más cercana, sencilla y llena de esperanza. Su voz, siempre firme pero llena de ternura, dejó huellas imborrables en la historia y en el corazón de quienes encontraron en sus palabras consuelo y guía.
Este año luctuoso nos invita a no quedarnos solo en la tristeza de su partida, sino a continuar su misión: amar sin medida, perdonar con el corazón y vivir el Evangelio con alegría. Porque su vida fue un testimonio de fe que trasciende el tiempo, recordándonos que el verdadero legado no se mide en años, sino en el impacto que deja en las almas.
El Papa Francisco no se ha ido del todo; vive en cada acto de bondad, en cada oración sincera y en cada persona que decide seguir su ejemplo. Porque quien siembra amor nunca desaparece, permanece para siempre en el corazón del mundo.