30/07/2020
El sacerdote, después de que el penitente haya terminado su oración hace un gesto epiclético: extiende sus dos manos, o al menos la derecha, sobre la cabeza del penitente y dice la fórmula de la absolución, cuya parte esencial es: “Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. Mientras dice estas palabras el sacerdote hace la señal de la cruz sobre el penitente (RP 19).
Hay que observar que el ritual indica que la absolución inicia “después que el penitente ha terminado su oración”. No se trata de un acto polifónico en el que el sacerdote dice la absolución mientras ora el penitente. El sacerdote debe esperar a que termine la oración; no pueden sobreponerse las palabras de ministro y penitente.
Una vez recibida la absolución el penitente proclama la misericordia de Dios y le da gracias con una breve aclamación entre las que propone el ritual, y que son tomadas de la Escritura. Puede ser a modo de diálogo, en el que el sacerdote dice “Dad gracias al Señor, porque es bueno”, a lo que el penitente responde: “Porque es eterna su misericordia”. Después, el sacerdote despide al penitente diciéndole: “El Señor ha perdonado tus pecados. Vete en paz.” (RP 20 y 103).
En lugar de la acción de gracias y de la fórmula de despedida, el sacerdote puede decir alguna de las fórmulas previstas en el ritual, como “La pasión de nuestro Señor Jesucristo, la intercesión de la Bienaventurada Virgen María y de todos los santos, el bien que hagas y el mal que puedas sufrir, te sirvan como remedio de tus pecados, aumento de gracia y premio de vida eterna. Vete en paz.” (RP 104).
Cuando la necesidad pastoral lo aconseje, el sacerdote puede omitir o abreviar algunas partes del rito, pero siempre deben de mantenerse la confesión de los pecados, la aceptación de la satisfacción, la invitación a la contrición, la fórmula de la absolución y la fórmula de despedida (RP 21).
Y en peligro de muerte es suficiente que el sacerdote diga las palabras esenciales de la fórmula de la absolución “Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo” (Ídem).