01/05/2026
¡AVE MARÍA PURÍSIMA! MES DE MARÍA
Oración primera: A la Santísima Virgen María para todos los días.
Santísima María, Madre de Dios, Reina compasiva, Hija del Rey Soberano, gloriosísima Madre, Madre de los huérfanos, consuelo de los afligidos, guía de los extraviados, salud de los que en ti esperan, Virgen antes del parto, en el parto y después del parto, fuente de misericordia y de gracia, de salvación, de indulgencia y de consuelo, fuente de piedad y de alegría, de perdón y de vida; por el santo e inefable gozo que llenó tu alma cuando concebiste al Hijo de Dios anunciado por el ángel Gabriel, por la Santísima humildad con que respondiste: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”, por el divino misterio que obró entonces el Espíritu Santo; por la inefable gracia y por la piedad, misericordia, amor y humildad que hicieron bajar a tu seno, tomando carne humana, a Jesucristo tu Hijo; por los graciosísimos gozos que este te ocasionó, por la santa y profunda compasión, por las dolorosas amarguras que inundaron tu Corazón, cuando viste que los verdugos aplicaban a sus labios el vinagre y la hiel; cuando le oíste clamar: “¡Dios mío, Dios mío!” y lo viste morir con tus propios ojos; por las cinco llagas de su Santísimo cuerpo; y por los crueles tormentos que te ocasionaron; por el derramamiento de su Sangre y por toda su pasión; por el dolor de tu alma y por tus santísimas lágrimas; por todos estos méritos te suplico que vengas en mi auxilio, con todos los Santos y elegidos de Dios, y me dirijas en mis ruego y peticiones, siempre que yo tenga algo que hacer, qué decir o que pensar, y en todos los instantes del día y de la noche.
Alcánzame de tu santísimo Hijo el complemento de todas las virtudes; alcánzame su misericordia, su consejo, amparo, su bendición, salud, paz y prosperidad, gozo y alegría; alcánzame en abundancia todos los bienes espirituales y de los temporales lo que pueda serme suficiente.
Ruega al Espíritu Santo que dirija y proteja mi cuerpo, que eleve mi espíritu, que mejore mis costumbres, que santifique mis acciones que me inspire buenos y santos pensamientos, que me libre de los males pasados, dulcifique los presente y modere los venideros; que me concedas una vida recta y pura con encendidos sentimientos de fe, esperanza y caridad; que me dispense la gracia de creer firmemente en todos los artículos de la fe; de guardar todos los preceptos de la ley, de regir mis sentidos; y últimamente, que me libre siempre del pecado mortal y me proteja hasta la hora de mi muerte. Intercede por mí, oh Dulcísima Virgen María, Madre de Dios y Madre de misericordia para que acoja benignamente esta plegaria y me conceda la vida eterna. Amén.
Día 1: Mi Compañera
"Nuestra Señora -decía Teresa de Calcuta- me acompaña en todos los viajes; la llamo mi Compañera desde que un día, en Berhampur, le dije al capellán de las Hermanas que me regalase una imagen de María Milagrosa con las manos abiertas, derramando gracias sobre el mundo. Aceptó encantado, embaló la imagen y la llevó a la estación. Era una imagen muy grande, casi de tamaño natural, así que el jefe de estación quería que la facturase y pagase la correspondiente tarifa. Pero yo tenía un pase en los ferrocarriles para mí y una compañera, así que le dije: "ésta es mi compañera..." y me dejó viajar con la imagen sin pagar nada por ello. Desde entonces, la Virgen me acompaña siempre en mis desplazamientos. Nunca viajo sola"
Es ahora cuando puedes hablar con Santa María. Si quieres puedes empezar diciéndole lo escrito a continuación; luego comenta algo más con Ella.
María, siempre, pero de modo muy especial en este mes de mayo, necesito que me acompañes, que estés conmigo todo el día. Me gustaría darme más cuenta de que realmente te tengo a mi lado en todo momento; aprovecharé -si me ayudas- cada imagen tuya que vea para decirte algo, recordarlo y contar contigo. Gracias, "Compañera".
ORACIÓN SEGUNDA.
A la Santísima Virgen María para todos los días.
Santísima Madre de Dios, por los méritos dolorosos de la Pasión de tu Hijo Jesús, te suplico que acuerdes de en la hora de mi muerte. En tus manos pongo: Oh Madre bondadosa, mi cuerpo y el fin de mi vida, ¡Oh Dulcísima Reina, cuyo corazón rebosa de misericordia! Socorre a este tu siervo, pobre pecador, antes que la muerte me sorprenda para que no salga de este mundo súbitamente y sin preparación.
Ruega por mí, Virgen santificada; te lo pido por la amarguísima muerte de nuestro Señor Jesucristo; alcánzame que me despida de este mundo, reconciliado con tu divino Hijo, después de haber detestado sinceramente y confesado con humildad todos mis pecados; después de haberlos expiado con penitencia cumplida y satisfacción suficiente, después de haber renunciado a satanás y a sus obras, y después de haber recibido los sacramentos de la Iglesia. Ten piedad de mí, Oh bienaventurada Madre de Dios, en aquella hora terrible cuando la vida me abandone, cuando mi lengua moribunda no pueda ya moverse para invocarte, cuando la luz no hiera mis ojos, cuando mis oídos no perciban el sonido de la voz, acuérdate entonces, Oh María, de la oración que arrodillado a tus pies te dirijo en este momento, y ampárame en aquel último trance, de suerte que me libre de los lazos del demonio y logre ser colocado entre los amigos de tu Hijo.
¡Oh bienaventurada Virgen María! Tú eres la Madre de Dios, pero también lo eres de los pecadores; Tú eres la Madre del Juez, pero también lo eres de los desterrados, no permitirás por tanto que yo, hijo tuyo, aunque culpable reciba mi condenación de tu otro Hijo, el que es Omnipotente, reconcíliame con El como Madre bondadosa y alcánzame que por los méritos sea yo recibido en la patria celestial al salir del presente destierro. Amen.