07/09/2026
La cuna de la "Legión" aparece en una sala de las Conferencias de San Vicente de Paúl, y la brizan las manos de la Virgen de la Medalla Milagrosa
Gusta usar vocablos épicos: "Legión", "Pretorianos", "Tribunos", "Legionarios", y escalonar su organización con improntas romanas: "Praesidium", "Curia", "Senatus", "Concilium", y denominar a su insignia "Vexillum" y a su consigna "Téssera". Tales nombres no son cartelas de museo arqueológico ni evocaciones románticas, son de las palabras, quiere quieren infiltrar el aliento heroico que impulsaba esas músicas y hazañas belicosas: las virtudes de la "Legio" Romana, su obediencia y lealtad, su constancia y abnegación, intrepidez y heroísmo.
El "legionario de María" ambiciona más, vuela más alto. Lucha por extender el reino de Dios por las almas. Así lo pregona su estandarte, que supera a su modelo material de Roma. No le corona el águila sino la Mística Paloma, símbolo del Espíritu Santo. Bajo este lema y en óvalo, resalta la efigie de su Capitana, la Virgen de la Medalla Milagrosa. Más abajo, el asta se clava en una esfera, que representa el mundo. Aquí están plasmados sus ideales.
"La Legión de María" es una Asociación de católicos, que tiene por fin la santificación personal de sus propios miembros, mediante la oración y la colaboración activa, bajo la dirección de la Jerarquía, a la obra de la Iglesia y de María en aplastar la cabeza de la serpiente infernal, y ensanchar las fronteras del reinado de Cristo". Tal es el perfil escueto del "legionario" con su entereza, gallardía y universalidad.
La oración le sirve de adiestramiento y recuperación de energías para sus batallas. Su santificación depende de su actividad, no de su "activismo", y no es activismo, porque la nutre, la aguija, la frena, la dirige con la plegaria y la obediencia a la Jerarquía. Tiene ante sí las palabras de Pío Xl a un prelado: "Oración, sí, mucha oración; pero también acción, mucha acción", y las de Pío Xli: "No es hora de lamentarse, sino de obrar."
María, la Inmaculada, no la extática, sino la conculcadora de la cabeza de la serpiente, la "terrible como ejército dispuesto a la batalla", la operante, la que distribuye las gracias en forma de rayos luminosos sobre todo el orbe. Tales son los modelos de su actividad. Actuación intensa, pero serena, ordenada, silenciosa, individual dentro de su universalidad. Este trabajo individual es la nota más característica del verdadero "legionario". Su táctica no es la acción genérica y masiva. No se conforma con el proyecto, el plan cargado de lógicas y brillantes perspectivas, resuelto fácilmente en la fantasía y en el entendimiento y rebosante de esperanzas. El "legionario" va directo al hecho concreto, al dato, a la anécdota. Busca la lucha cuerpo a cuerpo, alma a alma, la captación personal. Utiliza la conversación en vez de la perorata, el acoso pertinaz, sin miedo a la aventura, al cansancio, al desdén, al ridículo, a la calumnia, al vapuleo
Operan como sus modelos, el Espíritu Santo y Maria , que - actúan en silencio sobre cada alma en particular con inspiraciones y mociones. Trabajan en un secreto prudente y sumiso. Las figuras simbólicas de su estandarte -Espíritu Santo, María, la Tierra- no expresan sólo los ejemplares de su actividad.
Para el "legionario", el Espíritu Santo y María no constituyen simplemente el blanco de una devoción piadosa y afectiva. Son eso, pero, sobre todo, enraíza en ambos la nutrición, la directriz y el desarrollo de su apostolado. Su devoción, así enfocada, tiene un carácter dogmático en el que injerta su eficacia. El fin de sus actividades es santificar las almas, engendrar en ellas a Cristo.
La santificación del alma se opera mediante la 'incorporación" a Jesucristo. El cuerpo físico de Jesucristo se debió a la acción unánime del Espíritu Santo.
la "Legión de María" fue admitida con entusiasmo en cerca de mil diócesis, entre ellas dieciséis españolas; con universalidad étnica y social, pues recibe en su organización a individuos de cualquier raza, carrera, profesión y oficio, con tal de que posean esas primarias y básicas virtudes de caridad y de pureza, simbolizadas en la rosa y en la azucena de su estandarte, y por las que unen las efigies de la Paloma Mística y de la Virgen de la Medalla Milagrosa. Su universalidad significa "catolicidad" en el pleno sentido religioso.
Aspira a restaurar en su integridad al hombre católico, desfigurado por el hombre mundano y egoísta. No quiere "beatos" rezadores y caseros. Quiere reavivar la responsabilidad del bautizado, sabiendo que "a cada uno Dios le pedirá cuenta de su hermano", convenciendo a cada uno de que debe ser una chispa de la hoguera de amor en que Cristo anhela abrasar al mundo, de que cada uno debe ser un apóstol en la medida de sus posibilidades y en el campo de su influencia.
Fragmentos del Libro "Bautismo de Fuego", donde y cómo nació la Legión de María
Feliz 105 Aniversario.