15/05/2026
Capítulo 2: Entre Pinos y Promesas
ADRIANA : Son las dos de la mañana. El cuerpo todavía no entiende que el descanso terminó, pero el alma ya está de pie. La oscuridad de Jeráhuaro es fría, pero el movimiento de las linternas empieza a dibujar luciérnagas de fe en el campamento.
SERGIO: ¡Cuidado con esa esquina, Don José! El carro maletero ya casi esta hasta el tope.
DON JOSÉ: Dale, Sergio, que las mujeres ya vienen. A las 2:40 hay que estar en silencio para la bendición. No queremos que se quede ni una cobija atrás.
PADRE MIGUEL: Señor, bendice estos pies que desafían la noche. Que la oscuridad no las asuste, porque la Virgen es su luna y su estrella. Vayan en paz.
GERAS: ¡Tres de la mañana! ¡Columna a la derecha, mantengan el paso! Jacer, avísale a Rafa que el carro capilla abra paso.
JACER: ¡Copiado, Geras! ¡Ánimo, muchachas, que la noche es nuestra!
SANDRA: Alejandra, hace un frío que cala los huesos pero mira las estrellas, parece que nos vienen cuidando.
ALEJANDRA: Es el cielo de Michoacán, Sandra. Martha siempre decía que en estas madrugadas es cuando mejor se puede platicar con Dios. Siento que viene aquí, a nuestro lado, riéndose de cómo nos castañean los dientes.
ADRIANA: A las cinco de la mañana llegamos a la comunidad de Huajumbaro. Es un respiro necesario. Un café caliente y un pan para despertar el cuerpo. Pero la tregua es corta; a las 5:30, bajo el último manto de la noche, retomamos la marcha. Nos espera el momento más fuerte del día en cerro.
El sonido de las Campanas de la iglesia pequeña y de sonido de gente entrando a un recinto en el cerro en la comunidad de Jesús del monte
ADRIANA: Las nueve de la mañana. Jesús del Monte nos recibe con el sol apenas calentando. Pero hoy la misa es distinta. Hoy, el incienso sube al cielo con un nombre grabado: Martha.
SACERDOTE: y pedimos especialmente por nuestra hermana Martha, quien hace dos meses partió al banquete eterno. Ella no falta a esta peregrinación, porque vive en la alegría de cada una de ustedes...
ELI: ¡Venga, mis regionales! Martha nos quiere ver fuertes. A las diez salimos de misa y empezamos el almuerzo. Mary, Paloma, repartan la fruta. ¡Hay que recuperar fuerzas!
ADRIANA: A las once, con el corazón un poco más ligero tras la misa, emprendemos el tramo final del día. El sol de mediodía no perdona, pero la fe es más terca que el cansancio.
SANDRA: ¡Mira, Alejandra! ¡Allá se ve!
ALEJANDRA: ¡Zintzingareo! ¡Gracias a Dios!
ADRIANA: Son las cuatro de la tarde. Entramos a Zintzingareo. Los pies arden, las espaldas pesan, pero al ver a Don José y a Sergio ya instalados con el equipaje, y a Rafa con la capilla lista, sabemos que lo logramos. Un día menos de camino, un día más cerca de la Morenita.