26/08/2026
José de Calasanz murió creyendo que la obra de su vida había fracasado y sin embargo hoy está presente en varios continentes.
Era sacerdote español y llegó a Roma, donde tuvo contacto con familias acomodadas. Al mismo tiempo veía por las calles a niños pobres abandonados, sin educación y con muy pocas posibilidades de cambiar su futuro.
Entonces comprendió algo revolucionario para su época: la educación de los pobres no debía ser únicamente caridad; era una cuestión de justicia.
Con ayuda de una parroquia del Trastevere abrió una escuela gratuita. Llegó a reunir a cientos de alumnos y terminó fundando las Escuelas Pías y la Orden de los Escolapios.
Pero el éxito trajo conflictos.
Hubo denuncias, divisiones internas y acusaciones. Su orden fue reducida jurídicamente y Calasanz murió en 1648 sin verla restaurada. Imagínalo. Décadas entregadas a un sueño y morir pensando que quizá todo se estaba perdiendo. Años después la obra fue rehabilitada y continuó creciendo.
En 1948 Pío XII lo proclamó Patrono universal de las escuelas populares cristianas.
Su historia es para quien trabajó durante años por una familia, proyecto, apostolado o negocio y hoy piensa: “¿Todo este esfuerzo sirvió para algo?”.
No siempre veremos los frutos de lo que sembramos pero eso no significa que la semilla esté mu**ta.
A veces la cosecha pertenece a otra generación.