15/08/2026
En los primeros siglos del cristianismo fue creciendo la veneración hacia María y comenzaron a aparecer celebraciones dedicadas a distintos momentos de su vida. Con el tiempo, especialmente en Oriente, se consolidó la celebración de la Dormición de la Virgen, es decir, su paso de esta vida a la gloria de Dios. La tradición cristiana de Jerusalén y de Éfeso quedó vinculada a este misterio, que la Iglesia fue celebrando y profundizando a través de los siglos.
En el siglo VIII, san Juan Damasceno ya hablaba explícitamente de la Asunción corporal de María, relacionando su Dormición con la victoria de Cristo sobre la muerte.
Así, lo que la Iglesia celebraba en su liturgia y conservaba en su Tradición fue siendo comprendido y expresado cada vez con mayor claridad. Finalmente, el 1 de noviembre de 1950, el papa Pío XII proclamó solemnemente como dogma de fe que María, «terminado el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial».
La Asunción no nació entonces. El dogma puso en una definición de fe aquello que la Iglesia había celebrado, venerado y profundizado durante muchos siglos. Como explicó Benedicto XVI, esta verdad ya era conocida por la Tradición y afirmada por los Padres de la Iglesia.
Y por eso hoy no solo contemplamos a María. Celebramos también una promesa: en ella, la Iglesia contempla anticipadamente la resurrección y la vida plena que esperamos en Cristo.
💬 “Vi que el alma de la Santísima Virgen, unida a su cuerpo transfigurado, se elevaba desde el sepulcro, mucho más brillante y luminosa, y ascendía a la Jerusalén celestial con Nuestro Señor y con toda la gloria.”
| Ana Catalina Emmerich, La vida de la Virgen María, sección XIX: “El entierro y la Asunción de la Santísima Virgen”.
Feliz solemnidad de la Asunción de la Virgen María.
| Recreación 3D de la obra Bartolomé Esteban Murillo, La Inmaculada Concepción de Los Venerables (1678), fue realizada con AI y tomada de la cuenta .