28/08/2026
🕊️ 25 años de sacerdocio, 25 años de una vida puesta al servicio de Dios
Una Eucaristía de gratitud por el ministerio del Pbro. Luis Miguel Hernández Ruelas.
Hay momentos que uno no solamente presencia, sino que guarda en el corazón.
Esta noche tuve la gracia de estar presente en la celebración del 25.º Aniversario Sacerdotal del Pbro. Luis Miguel Hernández Ruelas, en la Parroquia San José Obrero, La Laja.
Y mientras contemplaba el altar, la comunidad reunida, los ministros, los sacerdotes concelebrantes y al pueblo acercándose a recibir la Eucaristía, pensé que celebrar 25 años de sacerdocio no significa solamente recordar una fecha.
Significa dar gracias por una vida que ha sido entregada.
La liturgia de este día nos presentó una Palabra que parecía escrita especialmente para una celebración como ésta.
San Pablo, al comenzar su Primera Carta a los Corintios, da gracias a Dios porque su comunidad ha sido enriquecida en Cristo y recuerda que Dios es fiel y llama a la comunión con su Hijo.
Y el Salmo respondía con una oración que esta noche podía convertirse también en la oración de toda la comunidad:
«Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi Rey».
Porque después de 25 años, ¿qué otra cosa podemos hacer sino dar gracias a Dios?
Gracias por la vocación.
Gracias por el ministerio.
Gracias por las comunidades.
Gracias por las personas que han encontrado consuelo, orientación, reconciliación y esperanza.
Gracias por cada Eucaristía celebrada.
Gracias por cada sacramento administrado.
Gracias por cada palabra pronunciada desde el altar.
Y entonces llegó el Evangelio.
Jesús nos habló del servidor fiel y prudente, aquel a quien su Señor confía una responsabilidad y que debe permanecer vigilante, preparado y cumpliendo con fidelidad aquello que se le ha encomendado.
Qué hermoso resulta escuchar estas palabras precisamente cuando celebramos 25 años de sacerdocio.
Porque el sacerdote es, en muchos sentidos, ese servidor al que Cristo confía una misión, alimentar a su pueblo con la Palabra y con la Eucaristía, acompañarlo en sus momentos de alegría y de dolor, anunciarle el Evangelio y ayudarlo a permanecer preparado para el encuentro definitivo con el Señor.
Y las fotografías de esta celebración parecen ponerle rostro a ese Evangelio.
Ahí está el altar.
Ahí está Cristo crucificado.
Ahí está la Eucaristía.
Ahí está el sacerdote.
Y ahí está el pueblo de Dios acercándose para recibir el alimento que solamente Cristo puede dar.
Durante la celebración también pudimos escuchar las palabras del padre José María Mercado(, el querido padre Chema, quien acompañó esta celebración desde la fraternidad sacerdotal y desde la experiencia de quien también ha caminado junto al pueblo de Dios.
Su presencia, junto con la del Señor Cura Hugo Fernando y el padre Julio César, hizo visible algo que muchas veces olvidamos, el sacerdocio nunca es una misión aislada.
El sacerdote camina acompañado.
Por otros sacerdotes.
Por su familia.
Por sus comunidades.
Por los niños, los jóvenes, los adultos y los enfermos.
Por todos aquellos que, de una u otra manera, Dios pone en su camino.
Y esta noche la comunidad de San José Obrero se convirtió precisamente en eso, una familia reunida para decirle a Dios gracias por el don del sacerdocio del padre Luis Miguel.
Hubo Eucaristía.
Hubo oración.
Hubo servicio.
Hubo fraternidad.
Hubo comunidad.
Y hubo algo que quizá resume mejor que cualquier discurso lo que significa un aniversario sacerdotal, un pueblo acercándose al altar para recibir a Cristo.
Porque al final, esa es la verdadera grandeza de un sacerdote.
No que la gente lo recuerde a él.
Sino que, a través de su ministerio, la gente pueda encontrarse con Jesús.
Por eso, Padre Luis Miguel, hoy no celebramos únicamente los 25 años que han pasado.
Celebramos los 25 años de fidelidad de Dios en su vida.
Celebramos el “sí” que un día pronunció.
Celebramos cada comunidad que el Señor le ha confiado.
Celebramos cada Eucaristía.
Cada bautismo.
Cada matrimonio.
Cada confesión.
Cada funeral.
Cada visita.
Cada consejo.
Cada oración.
Cada momento en que, como servidor de Cristo, tuvo que estar ahí para alguien.
Y también celebramos que la historia todavía continúa.
Porque el Evangelio de hoy no solamente nos invita a mirar hacia atrás.
Nos invita a permanecer vigilantes y fieles hacia adelante.
Que el Señor siga encontrando en usted a ese servidor fiel y prudente.
Que nunca falte la fuerza para seguir sirviendo.
Que nunca falte la alegría de celebrar la Eucaristía.
Que nunca falte el amor por el pueblo que Dios le ha confiado.
Y que María Santísima acompañe siempre su camino sacerdotal.
🙏 Padre Luis Miguel, gracias por estos 25 años.
Gracias por haber dicho sí.
Gracias por haber permanecido.
Gracias por seguir sirviendo.
Y gracias a Dios, porque como nos recuerda el Salmo, su grandeza es incalculable y una generación puede contarle a otra sus maravillas.
Hoy, la comunidad de San José Obrero cuenta una de esas maravillas.
25 años de un sacerdote.
25 años de una vocación.
25 años de servicio.
25 años de Eucaristía.
25 años de Cristo presente en medio de su pueblo.
🕊️ ¡Feliz 25.º Aniversario Sacerdotal, Padre Luis Miguel!
Que Dios bendiga abundantemente su ministerio y le conceda seguir siendo, por muchos años más, un servidor fiel, un hombre de Eucaristía y un testigo del Evangelio.
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