27/08/2026
COMENTARIO A LA PALABRA DE DIOS
MISA DIARIA. 27 DE AGOSTO DE 2026
DIOS NOS LLAMÓ A PARTICIPAR EN LA VIDA DE SU HIJO
San Pablo, el que todo lo consideraba “como basura en comparación con el sublime conocimiento de Cristo Jesús”, saluda a los cristianos de Corinto y a “todos los demás que en cualquier lugar invocan del nombre de Jesucristo”. Como no podía ser de otro modo es un saludo lleno de alegría y de regocijo con ellos porque se han encontrado con el gran tesoro que es Jesucristo. Y por ello da continuas gracias a Dios. En Cristo “han sido enriquecidos en todo… no carecen de ningún don… Dios los llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro”.
Participar en la vida de Jesucristo, es participar en la vida de Dios, como hijos suyos, al que con toda verdad podemos llamar Padre… y ser hermanos de todos los hombres. Las dos notas fundamentales que tenemos los cristianos es que somos “hijos y hermanos”, hijos de Dios y hermanos de los hombres. Esta es nuestra identidad y nuestra gran dignidad… que en nuestro trayecto terreno vivimos en medio de nuestras limitaciones, pero que después de nuestra resurrección viviremos en plenitud disfrutando de la felicidad total.
ESTAD EN VELA
“Estad en vela”. Hay maneras y maneras de estar en vela. Todo depende de qué o a quién se espere, sea un acontecimiento o una persona y qué clase de acontecimiento o persona sean. De muy distinta manera está en vela el centinela nocturno, el soldado que teme un ataque del enemigo, la embaraza a punto de dar a luz al hijo que viene, el que guarda su casa temiendo que lleguen ladrones, el enamorado suspirando por la llegada de su enamorada… Todo depende de a quién o a qué se espere.
Por eso, cuando oímos decir a Jesús: “Estén en vela, porque no saben qué día vendrá su Señor”, la pregunta que nos tenemos que hacer es quién es para nosotros “nuestro Señor”. Si nuestro Señor es ese Cristo que ha salido a nuestro encuentro a llenarnos de su luz y de su amor, ese Señor que gastó y entregó su vida en favor nuestro, ese Señor que cada día nos sigue ofreciendo su persona, su cuerpo y su sangre, ese Señor que nos ha prometido acompañarnos todos los días de nuestra vida y no dejarnos huérfanos, ese Señor que nos ha convencido que no solo es hombre sino también Dios, ese Señor que nos ha prometido darnos la felicidad total después de nuestra muerte…
Si es así, estaremos deseando ardientemente que venga hasta nosotros cada día, cada minuto, cada instante… con gozosa expectación. Pero si el Señor tiene rasgos negativos para nosotros… nos costará mucho estar en vela y desear su venida. Pregunta clave: ¿quién es el Señor para nosotros?