Casa de Oración Ágape

Casa de Oración Ágape Página Facebook Oficial de Casa de Oración Ágape. Comprometidos con la verdad del evangelio puro de nuestro Señor Jesucristo. Romanos 1;16-17

21/02/2026

A veces creemos que avanzar siempre tiene que verse fuerte, rápido y perfecto. Pero la verdad es que Dios no mide tu progreso por la velocidad, sino por la dirección.

Hay días en los que vuelas.
Hay días en los que corres.
Hay días en los que apenas caminas.
Y hay días en los que lo único que puedes hacer es arrastrarte.

Y aun así… sigues avanzando.

No estás atrasado.
No estás derrotado.
No estás fuera del plan.

Estás en proceso.

El cansancio no cancela el propósito.
Las lágrimas no anulan la promesa.
Las pausas no significan abandono.

Dios sigue trabajando incluso cuando tú solo sientes sobrevivir. Cada paso pequeño es una victoria silenciosa. Cada intento cuenta. Cada vez que decides no rendirte, el cielo lo celebra.

Tal vez hoy no tienes fuerzas para grandes hazañas, pero sí tienes lo suficiente para dar un paso más. Y eso es suficiente.

Porque el mismo Dios que te dio el sueño, también te dará la fuerza diaria para alcanzarlo.

Sigue. Aunque sea lento. Aunque sea con miedo. Aunque sea cansado. Sigue moviéndote hacia adelante. Lo que viene es real. Lo que Dios prometió sigue en pie. Y tú no has llegado hasta aquí para quedarte a mitad del camino.

Respira. Levanta tu mirada. Y continúa. Dios todavía no ha terminado contigo.

09/02/2026

La ambición

Leer Eclesiastés 4:1-8

He visto asimismo que toda obra bien hecha despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu. Eclesiastés 4:4


¡De qué manera tan exacta deja esta constancia de lo que está sucediendo en la historia humana! Las personas no quieren realmente cosas; lo que desean es ser admiradas por las cosas que tienen. Lo que quieren no es el coche nuevo en sí sino escuchar a sus vecinos decir: “¡Qué suerte tiene usted teniendo un coche tan bonito!”.

Yo he recortado un artículo de la revista Newsweek, escrito por una periodista acerca de la vida en Washington, D.C. He aquí lo que dice esta periodista sobre lo que seduce a las personas en la capital de la nación: “La ambición es la bestia furiosa e insaciable que con más frecuencia exige ser alimentada en esta ciudad. El lugar posiblemente no sea algún restaurante elegante o un club nocturno conocido, sino más bien un edificio corriente de oficinas de cristal o un despacho interior en el complejo federal. La recompensa en la transacción no es casi nunca de carácter económico sino el requisito indispensable del poder y el alimentar el ego de las personas. Para esto, toda la aglomeración de los resultados psicológicos implica que las personas tienen que vender prácticamente cualquier cosa, incluyendo el respeto a sí mismas, si es que tienen alguno, así como el bienestar de miles de otras personas”.

Esta cita confirma exactamente lo que está diciendo este antiguo Buscador. El deseo de ser admiradas es el verdadero objetivo de la vida. Pero, dice, también esto carece de significado porque es como perseguir al viento.

Sin embargo, en algunas ocasiones, cuando las personas son conscientes de esto, se van al otro extremo: se apartan de la sociedad y permiten que el estado las saque adelante. Pero eso tampoco es la respuesta. El Buscador dice: “El necio se cruza de brazos y se arruina” (4:5). Muchos jóvenes que formaron parte de la revolución juvenil, de la sociedad de la contracultura, se han encontrado con que esto es verdad: que cuando la persona permanece ociosa, desaparecen sus recursos, así como el respeto que sentía por sí misma. Entonces la persona se ve obligada a aprender la dolorosa lección que la única manera de poder mantenerse, incluso desde el punto de vista físico, y no digamos psicológico, es salir a trabajar y dejar de arruinarse.

Sería mucho mejor, dice el Buscador, tener unas expectativas inferiores y un estilo de vida menos ambicioso. “Más vale un puño lleno de descanso, que ambos puños llenos de trabajo y aflicción de espíritu” (4:6).

Sin embargo, la ambición y el deseo de ser envidiados son tan poderosos que las personas siguen, de hecho, trabajando y esforzándose incluso cuando no tienen a nadie a quien dejarles sus riquezas. “Me volví otra vez, y ví vanidad debajo del sol. Un hombre está solo, sin sucesor, sin hijo ni hermano. Nunca cesa de trabajar, sus ojos no se sacian de riquezas, ni se pregunta: ‘¿Para quién trabajo yo y privo a mi vida de todo bienestar?’. También esto es vanidad y duro trabajo” (4:7-8).

¡Qué verdad tan grande! Algunas personas siguen esforzándose, a pesar de no tener a nadie por quien trabajar y nada que hacer con el dinero que ganan. Incluso se niegan a sí mismas los placeres de la vida, con el propósito de seguir acumulando dinero. ¡Qué tremendo ejemplo nos ofrece la historia del billonario Howard Hughes, que no sabía qué hacer con su dinero! Sus herederos, a los que nadie ha podido identificar con seguridad, se dedican a pelear por el dinero. Tal es la insensatez de esforzarse denodadamente por las riquezas.

Señor, perdóname cuando el motivo de mi trabajo es sencillamente que se fijen en mí y me lo agradezcan. Enséñame a invertir mi vida en lo que realmente tiene importancia.

Aplicación a la vida

¿Hasta qué punto son la admiración y la ambición la fuerza que impulsa nuestra actividad en la vida? ¿Necesitamos encauzar nuestra motivación y nuestros recursos a fin de invertirlos en lo que realmente tiene importancia?

R.S.

06/02/2026

LA SANTIDAD DE DIOS
Por R.C. Sproul

Isaías exclamó: “¡Ay de mí! Que soy mu**to; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.” Isaías 6:5

Isaías ben-Amoz era hombre de integridad, un hombre completo. Sus contemporáneos lo consideraban el hombre más recto de la nación y lo respetaban como un modelo de virtud. Pero cuando tuvo la repentina visión del Dios santo, en ese instante toda su autoestima fue sacudida. En un segundo su desnudez se descubrió ante la mirada de la norma más absoluta de santidad.
Comparado con otros mortales, él podía sostener una alta opinión de sí mismo. Pero en el instante que él se midió con la norma suprema, él fue deshecho moral y espiritualmente devastado. Fue desintegrado, desarticulado. Su sentido de integridad se derrumbó.

El repentino reconocimiento de su ruina estaba relacionado con su boca. El gritó, "Soy hombre de labios inmundos." Nosotros habríamos esperado que dijera, "Soy hombre de hábitos impuros," o, "Soy hombre de pensamientos impuros." Pero en cambio se refirió a su boca diciendo "Tengo una boca sucia." ¿Por qué este enfoque en su boca? Quizás una indicación respecto a esta expresión de Isaías se halla en las palabras de Jesús cuando Él dijo que no es lo que entra a la boca sino lo que sale lo que contamina a los hombres Isaías sabía que no estaba solo en este dilema, que toda la nación estaba infectada con bocas sucias:
"Yo vivo en medio de gente de labios inmundos." En un momento Isaías tuvo un entendimiento nuevo y radical del pecado. El vio que era invasivo en sí mismo y en todos los demás.

A Isaías Dios le mostró su corrupción súbitamente. No es extraño que hubiese sido devastado. Isaías lo explicó de esta manera: "Mis ojos han visto al rey, Jehová de los ejércitos" (Isaías 6:5). El vio la santidad de Dios y por primera vez en su vida entendió quién era Dios; a la vez, por primera vez entendió quién era Isaías. En ese momento voló hacia mí uno de los serafines. Traía en la mano una brasa que, con unas tenazas, había tomado del altar. Con ella me tocó los labios y me dijo: "Mira, esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido borrada, y tu pecado, perdonado." (Isa 6:6-7). Isaías se arrastraba gimiendo por su vileza. Todas las fibras nerviosas de su cuerpo temblaban mientras buscaba donde esconderse, orando que de alguna manera la tierra lo cubriera, el techo del templo lo sepultara, o algo, cualquier cosa, lo liberara de la santa mirada de Dios. Pero no había dónde esconderse. Él estaba allí, desnudo y solo frente a Dios. A diferencia de Adán, no tenía a Eva para alentarlo, ni hojas de higuera que lo escondieran. Lo suyo era la esencia de la angustia moral, ésa que desgarra el corazón de un hombre y destroza su alma en pedazos. Culpa, culpa, culpa sin tregua brotaba por todos sus poros.

Pero el Dios santo es también el Dios de gracia, y no permitió que su siervo continuara postrado sin consuelo. Inmediatamente comenzó a limpiado y a restaurar su alma, enviando a uno de los serafines. El serafín voló rápidamente hacia el altar con unas tenazas, tomando del fuego un carbón encendido, demasiado caliente hasta para un ángel y se dirigió hacia Isaías. El serafín presionó el carbón al rojo vivo contra los labios del profeta y los quemó. Los labios son una de las partes más sensibles del cuerpo humano, el punto de contacto para un beso. Pero lo que Isaías sintió fue la llama santa quemando su boca. El sintió el desagradable olor de la carne quemada, pero el olor fue mínimo en comparación con el intenso dolor de la quemadura. Esto fue una misericordia severa, un acto doloroso de limpieza. La herida de Isaías estaba siendo cauterizada, la inmundicia de su boca estaba siendo quemada; él estaba siendo refinado con el fuego santo.

Por medio de este acto divino de limpieza, Isaías experimentó un perdón más allá de la purificación de sus labios. Él fue limpiado completamente, perdonado en su esencia, aunque no sin el terrible dolor del arrepentimiento. El experimento más allá de una gracia superficial y de un simple “lo siento”. El lamentó su pecado, abrumado con angustia moral, y Dios envió un ángel para sanarlo. Su pecado fue perdonado, y su dignidad permaneció intacta. La convicción que el sintió fue constructiva, no fue un castigo cruel e inusual. Un momento de carne quemada sobre sus labios trajo una sanidad que se extendiera por toda la eternidad. En un momento, el devastado profeta fue restaurado. Su boca fue purificada; él estaba limpio.

R.C.Sproul – La Santidad de Dios (The Holiness of God)

Predica la Palabra.

04/02/2026

La búsqueda de placer

Leer Eclesiastés 2:1-11

Dije yo en mi corazón: “Vamos ahora, te probaré con el placer: gozarás de lo bueno”. Pero he aquí esto también era vanidad. Eclesiastés 2:1


En el capítulo 2 encontramos el principio de la historia acerca de lo que encontró Salomón en su búsqueda. Este es un examen de las diferentes maneras mediante las cuales los seres humanos han intentado hallar a lo largo de los siglos el contentamiento, el gozo y el deleite en la vida. La primera, la que es más popular actualmente y lo ha sido siempre, es su manera de examinar lo que llaman los filósofos hedonismo, es decir, la búsqueda de placer. Todos nosotros sentimos instintivamente que si podemos divertirnos, encontraremos la felicidad. Eso es lo que examina el Buscador lo primero para ver si es verdad.

Nos ofrece los detalles de lo que experimentó. Para empezar Salomón se dice a sí mismo: “Diviértete”, de modo que buscó la alegría, la risa y el placer. Usted puede permitir que su mente rellene los espacios aquí. Imagínese cómo debieron de morirse de risa los habitantes del palacio. Todas las noches tenían cómicos y abundantes fiestas, con vino que corría como si hubiera sido agua.

Salomón nos habla acerca del resultado de esa búsqueda. La risa, se dijo a sí mismo, es una tontería. Me pregunto si cada uno de nosotros no ha experimentado esto en cierto grado. ¿Ha pasado usted alguna vez tiempo con un grupo de sus amigos riéndose, divirtiéndose y contando historias? Si piensa usted en ello detenidamente, recordará usted que al menos algunas partes de las historias se basaron en la exageración, sin tener realmente una base en la realidad.

Lo mismo sucede con la risa. La risa tiene que ver tan solo con las periferias de la vida, ya que no tiene un contenido sólido en sí misma. “Es como el crepitar de los espinos debajo de la olla. Y también esto es vanidad” (Eclesiastés 7:6b). La risa es tan solo un sonido como el crujido. Nos deja con un sentido que nos hace sentirnos vacíos. Yo he pasado tardes y noches que se convirtieron en ocasiones muy agradables. Nos reímos durante todo el tiempo recordando experiencias y contando chistes, pero al final de todo ello, nos fuimos a la cama sintiéndonos un tanto vacíos. Esa fue la experiencia de Salomón, y no es que diga que eso esté mal, sino que la risa es algo vacío, es algo que no nos llena ni nos satisface.

Acerca del placer, el comentario de Salomón es: “¿De qué sirve? ¿En qué manera contribuye a la vida?”. “En nada”, es su respuesta. El placer hace que se consuman los recursos; no sirve para edificar. La mayoría de nosotros no podemos costearnos pasar más de una noche saliendo porque cuesta demasiado dinero, así que solo lo hacemos una o dos veces al año. El salir hace que gastemos unos recursos que hemos obtenido por medio de duro trabajo. Salomón llega a la conclusión de que el placer no añade nada.

Salomón dice que había algunas cosas positivas. Para empezar, consiguió cierto grado de notoriedad. Se convirtió en alguien sumamente importante, superando a todos los que fueron antes que él a Jerusalén. Muchas personas creen que la fama puede llenar el vacío que sienten en su corazón, y Salomón halló la fama. “Yo la disfruté durante un tiempo”, dice. “Encontré placer en todo mi afán, pero esa fue toda la recompensa que obtuve por mi labor: el disfrute pasajero. Cada vez que lo repetí, lo disfruté cada vez menos.”

“Mi conclusión”, dice Salomón, “es que no valió la pena. Como una vela, acabó por apagarse, dejándome agotado y harto, de modo que después de eso nada pudo excitarme.” Salomón llega a la conclusión de que todo era vacío y esforzarse por el viento, de modo que se sintió quemado.

Señor, yo también he buscado mi satisfacción en las diversiones, en la risa, en el placer, e igual que Salomón me he sentido vacío. Permíteme disfrutar aquellos placeres que Tú nos das como dones de Tu mano, pero permite que, para empezar, mi corazón se deleite en Ti.

R.S.

03/02/2026

La vida inquieta

Leer Eclesiastés 1:8:18

Todas las cosas hacen que nos sintamos fatigados, más de lo que el hombre puede expresar. Nunca se sacia el ojo de ver ni el oído de oír. Eclesiastés 1:8


La tesis de Salomón en este sentido es que todas las cosas producen inquietud. Él observó el hecho de que existe una inquietud inherente en todas las cosas. De hecho, es algo tan extendido que es imposible que nadie pueda describir toda la inquietud en la vida.

Salomón tuvo dos pruebas de esto. Primero, el deseo humano no queda nunca satisfecho: “Nunca se sacia el ojo de ver”. Cuando la madre de mi esposa tenía noventa y cinco años, no era más que como una cáscara de una persona, pero su mente seguía siendo aguda y muy clara. Un día estaba en nuestra casa, y alguien mencionó un lugar lejano. Ella dijo de inmediato: “Cuánto me gustaría ver eso”. A pesar de sus años, sus ojos no se habían cansado de ver, sino que había un deseo de ver otros lugares, otros ámbitos, otras costumbres. El ojo no está nunca satisfecho.

Ni tampoco el oído está satisfecho con lo que ya ha oído. Estamos siempre alertas con alguna nueva idea o algo nuevo que ha sucedido. Es por eso que los programas nuevos son siempre populares. La televisión, la radio y los periódicos son todos medios de comunicación que se dedican a satisfacer el ansia por enterarse de algo. Algún cotilleo malsano acerca de una estrella de Hollywood vende miles de revistas y periódicos. Alguna nueva manera de obtener un beneficio resulta siempre atractiva. El argumento del Buscador es que el oído no se cansa jamás porque el deseo humano no queda nunca satisfecho, sino que es una consecuencia de la inquietud que forma parte de la vida.

Pero en segundo lugar, dice, aunque realmente sintamos deseos de ver o de escuchar algo nuevo, no aparece nunca nada nuevo. La vida es una repetición de lo que ha sucedido antes; es algo viejo que se escucha una y otra vez. También esto es el resultado de la inquietud que forma parte de la vida. Aunque a nosotros pueda darnos la impresión de que existe algo nuevo, de hecho no hay nada nuevo bajo el sol.

De manera que nos preguntamos: ¿Es de esto de lo que se trata la vida? ¿Es tan sólo una búsqueda inútil de algo que nunca satisface? ¿Acaso no es posible abrirse paso, con el fin de encontrar algo que pueda continuamente satisfacer el corazón humano, que cause un interminable sentimiento de placer, de satisfacción y de gozo? Ésa es la búsqueda.

Señor, mi corazón está inquieto y lo estará hasta que encuentre descanso en Ti. ¡Te doy gracias que en Ti todas las cosas son hechas nuevas!


Aplicación a la vida

¿Vamos de compras hasta que caemos reventados, esperando siempre que el comprar sea la satisfacción definitiva? ¿Es la vida tan sólo la búsqueda vacía de cosas que nunca satisfacen totalmente nuestros más profundos deseos?

R.S.

09/01/2026

Sin fe.

¿Cómo no tenéis fe? Marcos 4:40c

Leer Marcos 4:35. 5:20

Éste es el motivo por el que las personas se sienten asustadas: porque no tienen fe. La fe es la respuesta al temor. La fe es siempre la respuesta a nuestros temores, sean los que fueren. Jesús dio exactamente con la solución: “¿Cómo no tenéis fe?”.

Evidentemente no la tenían. Se habían olvidado de todas las cosas que Él les había dicho en el Sermón del Monte acerca del cuidado que tenía Dios de ellos: “¿No sois vosotros de mucho más valor que las flores y los pájaros? Dios se cuida de ellos; ¿no se cuidará mucho más de vosotros, hombres de poca fe” (véase Mateo 6:26-30). Aquí Jesús estaba en una barca con ellos, y lo que les sucediese a ellos sería lo mismo que le sucediese a Él, a pesar de lo cual, se habían olvidado de esto.

¿Cómo cree usted que hubiesen actuado estos hombres si hubiesen tenido fe? Imagínese que hubiesen tenido una fe fuerte, una fe en Él y en el cuidado y el amor de Dios. ¿Qué es lo que hubieran hecho ellos? Una cosa es segura: no le hubiesen despertado; le hubieran dejado descansar. Él estaba cansado y necesitaba el descanso con desesperación. Ellos lo hubieran hecho porque su fe les hubiese recordado dos grandes hechos: primero, la barca no se iba a hundir; no se podía hundir, porque el Maestro del océano, de la tierra y del cielo estaba en ella. En segundo lugar, la tormenta no iba a durar para siempre.

Un buen amigo mío, un atractivo y joven evangelista de otro país, me contó acerca de todos los problemas que él y su esposa estaban teniendo. Se sentía abatido porque ella estaba luchando con graves problemas físicos, con mala salud causada por asma y por bronquitis, que la tenían constantemente abatida. Se habían tirado ya años enteros de lucha con este problema médico y daba la impresión de que todo lo que intentaban hacer fracasaba. Estaban intentando regresar a su propio país, y ella estaba de nuevo enferma, de modo que él se sentía desanimado.

Yo recuerdo haber vuelto a este incidente en Marcos y de haber recitado esta historia y haberle dicho: “Recuerda que la barca no se va a hundir y que la tormenta no durará indefinidamente. Eso es tener fe, recordar estos hechos”. Él me dio las gracias; oramos juntos y se marchó. Durante un par de meses no le vi, y de repente nos tropezamos. Le pregunté: “¿Cómo van las cosas? ¿Cómo está tu esposa?”. Me contestó: “Oh, no está mucho mejor; todavía tiene terribles luchas. No puede respirar y no puede cuidar de los niños o de la casa, y lo estamos pasando mal. ¡Pero hay dos cosas que recuerdo: que la barca no se va a hundir y que la tormenta no va a durar para siempre!”. De manera que volví a orar con él.

Después de un tiempo recibí una nota de él. Él y su familia habían regresado a su país y habían encontrado la respuesta. Un médico había descubierto una pequeña deficiencia en la dieta de su esposa que era preciso remediar. Cuando lo hicieron, desaparecieron el asma y la bronquitis, y ella pudo disfrutar de una salud gloriosa y radiante, así que se regocijaron juntos. Al pie de la hoja había escrito: “La barca no se hundirá, y la tempestad no durará para siempre”.

Señor, te doy gracias porque Tú estás aquí; me consuelas y me fortaleces, para hacer que me sienta seguro y para ayudarme a pasar por cualquier tempestad que pueda aparecer. Sé que Tú no estás aquí para hacer que cesen las tempestades, sino para ayudarme a pasar por ellas.

R.S.

08/01/2026

Secretos revelados

Leer Marcos 4:30-34

Con muchas parábolas como éstas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. Marcos 4:33

Este versículo presenta una gran norma acerca de la revelación en las palabras “conforme a lo que podían oír”. Jesús enseña a las personas sólo lo que pueden entender. Ésta es la regla de la que se vale Dios para obrar en nosotros. No nos enseña todo a la misma vez, porque, si lo hiciese, nos destruiría.

Un hombre que asistió a un seminario para pastores en la Iglesia Bíblica Peninsula era un hombre muy grande y alto. Estaba absorbiendo todo lo que se le estaba enseñando, y en la reunión final resultó divertido observarle. Actuaba como un niño junto a un árbol de Navidad, tan entusiasmado por todo lo que había descubierto que estaba resplandeciente, abrazando a todo el mundo, a todas las personas a las que se encontraba. Me dijo: “¡Esto ha sido estupendo! Me gustaría irme a casa, agarrar mi Biblia y examinarlo para poder encontrar mucho más como esto”. Luego se detuvo y dijo: “¡Pero supongo que, si lo hiciese, me mataría! No podría entenderlo en realidad”. Y tenía razón; no hubiera sabido cómo tratarlo; hubiera sido demasiado. Esto es algo que Dios sabe, y Él no nos muestra más de lo que nosotros podemos entender.

Ésa es la gloria y la maravilla de las Escrituras, que han sido reunidas de una manera tan asombrosa que es preciso tanto la Palabra como el Espíritu para entender la Biblia. Usted puede leer la Palabra, pero si no está listo y abierto para ella, esas palabras no significarán nada para usted. Pero si está usted abierto, aprenderá algo de ellas. La próxima vez usted puede regresar a leer las mismas palabras y aprender algo más. Cada vez aprenderá usted algo más. Nunca dejan de refrescar su espíritu e instruir a su mente, abrir y ampliar su capacidad para recibir de Dios. Así es cómo Dios nos enseña la verdad, según podamos nosotros soportarla.

Y esto es verdad también en lo que se refiere a lo que Él nos revela acerca de nosotros mismos. Una de las cosas sobre las Escrituras es que le enseñan a usted quién es usted y quién ha sido siempre. Dios actúa con gracia para con nosotros de esta manera. No se limita tan sólo a levantar el velo, para que de repente nos enfrentemos con todo lo espantoso ―si lo hiciese, seríamos destruidos―, sino que lo levanta poco a poco. Usted se echa a temblar y dice: “¿Es así como he sido?”. Usted se queda horrorizado por la manera en que ha estado tratando a las personas y piensa: “¡Gracias a Dios que eso se ha acabado!”. A la semana siguiente, Él lo levanta un poco más. Usted se echa a temblar y pasa de nuevo por ello, diciéndose: “¡Por fin hemos llegado al fondo!”. Entonces Dios lo levanta lo suficiente para que pueda usted ver más, y usted se siente destruido de nuevo, pero se enfrenta usted con ello poco a poco. Porque juntamente con la revelación acerca de usted mismo, Él también se revela a Sí mismo y Su capacidad para resolver sus insuficiencias.

¿No es maravilloso que Él nos entienda de esta manera y nos trate de este modo? Si Él de repente nos revelase las glorias del cielo, cada uno de nosotros correríamos para tirarnos al mar para llegar allí lo rápidamente que pudiéramos, pero Él levanta el velo sólo un poco a la vez, según nosotros podamos soportarlo.

Abre mis ojos, Padre, que yo pueda ver un destello de la verdad que Tú tienes para mí. Ayúdame a entender lo que leo y a descubrir lo que no entiendo.

R.S.

06/01/2026
06/01/2026

El creador de escándalo

Leer Marcos 2:13-3:6

Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos los que le habían seguido. Marcos 2:15


Ésta debió de ser evidentemente una cena de despedida que dio Mateo a sus amigos, sus compañeros cobradores de impuestos. Se estaba despidiendo de su trabajo y de sus amigos con el propósito de marcharse para seguir a Jesús, viajando de un lugar a otro. Pero además era una oportunidad de presentarles a su recién descubierto Señor.

¡Qué colección de bribones debieron de estar allí reunidos ese día! Todos los cobradores de impuestos de la ciudad, todos los pecadores, todos los despreciados parias sociales estaban allí sentados. Al pasar los escribas de los fariseos, vieron que justo en medio de todo ello, entre los “bebedores de cerveza” y los “jugadores de poker”, estaba sentado Jesús. ¡Y se quedaron terriblemente escandalizados! Era evidente que Jesús era amigo de estos hombres. No les estaba reprendiendo, sino que estaba sentado entre ellos comiendo y bebiendo con ellos. Los escribas se quedaron sencillamente espantados al ver aquello y llamaron a Sus discípulos a un lado: “¿Por qué hace cosas como éstas? ¿Acaso no sabe quiénes son estas personas?”.

La respuesta de Jesús es muy reveladora. De hecho, está de acuerdo con sus comentarios. Dice, en efecto: “Tenéis razón; estos son hombres enfermos, que están sufriendo y que se sienten turbados. Su estilo de vida les ha perjudicado profundamente. No ven la vida rectamente y están encubriendo muchos males, además de ser falsos en muchos sentidos. Tenéis razón; estos son hombres enfermos, pero ¿dónde más podría haber un médico?”.

Él les dice algo a ellos que llama adecuadamente su atención y hace que vuelvan la vista sobre ellos mismos. Dice: “Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”. Es decir, aquellos que creen ser justos, como sucede con estos fariseos, que están, de hecho, más necesitados que aquellos a los que consideran parias sociales. Estos fariseos estaban, de hecho, más profundamente trastornados que los cobradores de impuestos y los pecadores, pero no lo sabían. Pero Jesús les estaba diciendo: “A aquellos que creen que son justos, no tengo nada que decirles. Pero a estos que saben que están enfermos y están dispuestos a recibir ayuda, estoy totalmente a su disposición como ministro de sus almas”.

Nuestro Señor dejó varias cosas muy enfáticamente claras con Su respuesta. Primero, indicó firmemente que cuando las personas creen que no tienen necesidad de ayuda de Dios, no están en situación de recibir ayuda, y no hay nada que decirles. Pero el Señor siempre dedicaba Sus esfuerzos a los hombres y mujeres que estaban abiertos a recibir ayuda, en relación con lo que estaban sufriendo tanto que sabían que necesitaban ayuda.

La segunda cosa que revela nuestro Señor es que las personas son más importantes que los prejuicios. Los prejuicios son nociones preconcebidas formadas antes de que tengamos el conocimiento suficiente; normalmente son ideas equivocadas o distorsionadas con las que nos hemos criado. Cuando los prejuicios se oponen a las necesidades de las personas, es preciso eliminarlos sin ninguna duda. Nosotros los cristianos debemos aprender a tratar a personas como éstas, sea cual sea su aspecto exterior. Así fue como Jesús trató a las personas por todas partes.

Padre, te doy gracias por el valor de Jesús, que se atrevió a desafiar las tradiciones humanas. Concédeme que pueda verme a mí mismo y a otros como Tú nos ves, como personas enfermas que necesitan un médico.

Aplicación a la vida

¿Necesitamos nosotros arrepentirnos de juzgar de manera farisaica, que nos separa del perdón de nuestros pecados por parte de Dios, y mostrar una compasión sincera por otros pecadores?

R.S.

31/12/2025

El Dios de paz

Leer Hebreos 13:18-25

Que el Dios de paz, que resucitó de los mu**tos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Hebreos 13:20-21


La humanidad posee grandes submarinos nucleares con los cuales los océanos pueden ser cruzados sin nunca venir a la superficie. El secreto de su tremendo poder reside en el reactor nuclear escondido en las profundidades del submarino. Esa fuerza extraordinaria no necesita ser reabastecida, sino que constantemente está produciendo energía, para que el submarino nunca tenga que ir a puerto para ser reabastecido. Así es la vida de un cristiano. En estos dos versículos está revelado el reactor nuclear para cada cristiano.

Fíjate en los elementos de esto: “Que el Dios de paz...”. En esta carta hemos visto lo que es la paz. El equivalente moderno más parecido es salud emocional. En Cristo estamos en contacto con el Dios de la salud emocional, el Dios que tiene la intención de que la vida sea vivida en un nivel pacífico. Con Él está ligado el Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas. Vine de Montana y sé mucho sobre las ovejas. Si eres de la ciudad, probablemente piensas que, si las dejas solas, vienen a casa ellas solas, meneando las colas. ¡Pero te aseguro que eso es una mentira! Hay dos características notables de las ovejas: No tienen ninguna sabiduría y no tienen armas. Están siempre escapándose y perdiéndose, y son incapaces de encontrar el camino de regreso; y si algo las ataca, están completamente indefensas para defenderse a sí mismas. Es por eso que necesitan un pastor. Es por eso que nosotros necesitamos un pastor, y la razón por la cual la Biblia nos compara con ovejas. Tenemos un gran Pastor de ovejas. Él es nuestro recurso, nuestra provisión ―un Dios que está preocupado sobre nosotros, y un gran Pastor que está ahí para vigilarnos―, porque no tenemos ninguna sabiduría y no tenemos ningunas armas para nuestra defensa.

Ligados con ellos está este gran proceso, el cual está expuesto aquí: “que resucitó de los mu**tos… por la sangre del pacto eterno”. Ahí tienes la cruz y la resurrección. La cruz significa el final de la vieja vida de auto-dependencia, y la resurrección produce el poder de la nueva vida. Ése es el poder que es liberado en el cristiano por Cristo, que mora en nosotros. Hablamos sobre la conquista del espacio exterior, pero la más grande conquista jamás hecha fue cuando el Señor Jesús conquistó el espacio interior al mudarse al corazón del hombre, para plantar en nosotros el más grande poder por el cual la vida puede ser vivida, un poder que sana y completa.

El resultado de todo esto es que Dios te equipa con todo lo bueno para que puedas hacer Su voluntad. Éste es el secreto del servicio efectivo. No tienes que pedirle a Dios que haga esto: Él está ahí para equiparte con todo para hacer Su voluntad. Hay un suministro completo y una habilidad completa. Dios va a obrar por medio de ti, no aparte de tu voluntad sino junto con ella. Tú eliges, tú te pones en camino, pero Él está ahí para llevarlo a cabo.

Entonces hay plena aceptación, incluso antes de que ocurra: “haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él”. Sabes que vas a complacer a Dios; sabes que no puedes hacer otra cosa más que complacerle cuando caminas de esta forma y vives a base de esto. Estás luchando una batalla que ya ha sido ganada. Pero si intentamos vivir por nuestros propios esfuerzos en la carne, estamos luchando una batalla que ya ha sido perdida. Todo esto está envuelto con la frase más influyente que jamás haya declarado el hombre: “por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén”. “Por Jesucristo”; ése es el secreto de la vida; ésa es la forma en la que Dios tenía la intención de que el hombre viviera. ¡Qué buenas nuevas para esta vida presente! Dios tenía la intención de que las tuvieras, para que puedas vivir en tus circunstancias presentes donde sea que estés.

Padre, ayúdame a entender estas verdades, pero más que todo eso, dame la valentía para actuar sobre ellas, para que pueda entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.


Aplicación a la vida

¡La presencia vivificadora y transformadora de Cristo morando en nosotros es un poder transcendente del cual los submarinos nucleares son tan sólo una réplica! ¿Estamos eligiendo extraviarnos como ovejas indefensas, o estamos “contemplando la gloria del Señor, siendo transformados a Su imagen”?

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