28/01/2023
¿Qué dice la Biblia acerca del MALTRATO DOMÉSTICO?
Una presentación de Predica La Palabra.
Maltrato Doméstico. ¿Qué es?, ¿Qué dice La Biblia?,
¿Cuál debe ser nuestra actitud como creyentes frente al abuso?
La coordinadora Paz para las mujeres, de Puerto Rico, define el maltrato, violencia, o abuso doméstico como: un patrón de comportamiento en el cual la pareja o ex pareja utiliza la fuerza física, o sexual, la coacción, las amenazas, la intimidación, el aislamiento, el abuso emocional, o económico para controlar a su pareja.
Antes de abordar que nos dice la Biblia acerca de la violencia o maltrato doméstico, es necesario tener presente que La Biblia es La Palabra de Dios, y que Su Palabra ya sea en los escritos de Pablo, Pedro, o cualquier otro autor humano de las Escrituras, nos presenta MANDAMIENTOS y no sugerencias. Otro punto importante, es entender que La Palabra de Dios es la única autoridad para todo CREYENTE y no para los incrédulos, pues ellos al igual que los designios de la carne, NO se sujetan a Dios porque no quieren ni tampoco pueden hacerlo, y esta es una de las razones por las que un creyente “NUNCA” debería unirse en yugo desigual con un incrédulo, e incluso NO debería unirse en matrimonio, con alguien que llamándose hermano, NO manifieste el fruto de una vida genuinamente transformada por la obra santificadora del Espíritu Santo (segunda Corintios 6:14; primera Corintios 5:11).
El abuso doméstico, o violencia doméstica puede darse, y se da, tanto de hombres a mujeres (lo más frecuente) y también de mujeres hacia los hombres.
¿Qué dice la Biblia al respecto?
En la Biblia vemos que Dios creó al hombre y la mujer para mutua compañía, para procreación, para disfrutar el uno del otro, y ayudarse mutuamente. Dios estableció un orden en el cual el hombre es la cabeza, o autoridad sobre la mujer, de la misma manera que el Padre es cabeza de Cristo. Y aunque El Padre y Jesucristo son iguales en deidad y atributos, hay un orden establecido por Dios, en el cual Cristo se sujeta al Padre. De la misma manera, el hombre y la mujer son iguales ante Dios, dotados de inteligencia e iguales posicionalmente delante de Dios en salvación, justificación y redención, sin embargo, hay un orden en el cual Dios estableció que el hombre fuese cabeza sobre la mujer.
Vemos también que el matrimonio entre un hombre y una mujer, es figura de la relación de Cristo con Su Iglesia, esto en el sentido de amor, protección, provisión, autoridad, guianza, y cuidado que un hombre debe proporcionar a su esposa y por parte de la esposa en sujeción, respeto y honra que la mujer debe dar a su esposo.
En las instrucciones acerca de la relación matrimonial, vemos que se manda al hombre, No ser áspero con su esposa (Colosenses 3:19), amarla como a su propio cuerpo (Efesios 5:28), amarla como Cristo amó a Su iglesia y se entregó a sí mismo por ella (Efesios 5:25), vivir con ellas sabiamente y honrándolas como a vaso más frágil (primera de Pedro 3:7), y a las mujeres les manda sujetarse a la autoridad de su marido “EN EL SEÑOR” (Colosenses 3:18), de la misma manera que la Iglesia se sujeta a Cristo (Efesios 5:24), amar a sus maridos y a sus hijos (Tito 2:4); y sujetarse incluso a los maridos no creyentes, para ganarlos para Cristo mediante su conducta (primera de Pedro 3:1), es claro que aquí se refiere a aquellas mujeres que vienen al Señor después de haberse casado.
Hay tres instrucciones que Dios nos manda en Su Palabra, tanto a hombres como a mujeres, la primera está en el Sermón del Monte, y se refiere al adulterio en el corazón que a los ojos de Dios, es igual al adulterio en la práctica (Mateo 5:28); la segunda se refiere a no negarse el uno al otro para no dar lugar a la tentación (primera Corintios 7:5), lo cual nos muestra claramente que la intimidad en una pareja, es un acto consentido que NO puede ser forzado u obligado, y la tercera es el mandato a apartarnos de inmoralidad sexual, y que cada uno sepa tener su propio vaso, es decir su propio cuerpo, en santidad y honor. NO en pasiones de concupiscencia (lujuria) como los incrédulos que no conocen a Dios, así mismo manda que nadie peque y defraude a su hermano en este asunto, ya que Dios es vengador en todas estas cosas (primera Tesalonicenses 4:4-6).
Habiendo establecido que es lo que Dios nos manda acerca en el matrimonio, amor, honra, sacrificio, respeto, honor, podemos fácilmente deducir que lo contrario a esto NO debería darse en un matrimonio entre creyentes, sin embargo, la realidad es que en matrimonios que profesan ser cristianos, existe violencia o abuso de hombres a mujeres, y viceversa. Esto principalmente se debe a tres razones:
I- EL YUGO DESIGUAL
Definitivamente una de las principales causas de abuso o violencia doméstica en hogares que se identifican como “cristianos” es el yugo desigual, es necesario entender que NO porque alguien profese ser creyente realmente lo es, existe un enorme porcentaje de personas NO REGENERADAS, que se identifican a sí mismos como cristianos, se congregan, cantan, sirven, incluso predican o pastorean, sin haber nacido de nuevo. Un árbol malo NO puede dar frutos buenos, y una confesión de labios NO es evidencia de ser creyente. Jesús dijo que seremos conocidos por nuestros frutos, y que la evidencia de amarle a Él, es obedecer Su Palabra (obedecer no se refiere a obediencia impecable, se refiere a la disposición de obedecer aun a pesar de nuestras fallas) y la evidencia de ser sus discípulos de Cristo, es que tenemos amor los unos por los otros, ser discípulo NO es diferente a ser creyente. (Mateo 7:16-17,Juan 14:23, 13:35). Por esta razón, mencionamos anteriormente que Dios nos manda unirnos en matrimonio con otros creyentes, y NO en yugo desigual. Una persona NO podría unirse a un extranjero, y vivir con él en su país, si el extranjero no acepta la autoridad establecida, no conoce las leyes de ese país, y aún conociéndolas, NO está dispuesto a obedecerlas, pues vivirían continuamente en problemas.
Dios no bendice uniones mixtas (creyentes e incrédulos), y Dios definitivamente NO bendice uniones en pecado, convivir sin estar casados es fornicación, no podemos esperar y pedir a Dios que bendiga algo que está definitiva y claramente FUERA de Su Voluntad.
II- FALTA DE CONOCIMIENTO DE LA PALABRA Y DE SUJECIÓN A LA AUTORIDAD DEL SEÑOR
¿Puede un creyente verdadero abusar de su pareja?
Esto podría darse en una pareja que recientemente vino al Señor y aun NO conocen La Palabra de Dios, no han sometido toda su vida al Señorío de Cristo y están aprendiendo.
Pero definitivamente NO podemos colocar en este caso, a alguien que tenga años de identificarse como cristiano. Alguien que ha estado escuchando por años la predicación y enseñanza de La Palabra de Dios, alguien que debería leer y estudiar la Biblia regularmente, y que NO la obedece, entraría en la categoría de las personas a las que Jesús les dijo: “por qué me llamáis Señor, Señor y no hacéis lo que yo os digo” (Lucas 6:46), aquí estaríamos ante una unión en yugo desigual donde un conyugue es creyente, y el otro, aunque se identifica como creyente NO ha nacido de nuevo.
III- UNA MALA ENSEÑANZA Y/O COMPRENSIÓN DE LA BIBLIA QUE PROMUEVE EL MATRIARCADO
Es posible que para algunas personas, mujeres sobre todo, al ser mal enseñadas tanto en lo que manda La Biblia, como en la forma correcta de estudiarla, puedan caer en maltrato o insujeción hacia sus maridos. Sobre todo, en un tiempo en el que se anteponen los deseos y el afán de figurar antes que la obediencia a La Palabra de Dios. Muchas mujeres usurpan la autoridad del varón tanto en la Iglesia como en el hogar y muchos hombres lo aceptan como normal. Una mujer que sea realmente espiritual obedecerá la Palabra de Dios, y una mujer que obedece la Palabra de Dios, sabrá cuál es su papel tanto en la Iglesia como en el hogar. Es interesante notar que las mujeres que buscan ser protagonistas y jactarse de su espiritualidad son las que menos conocen o entienden la Biblia, esto es claro al notar que todo lo que afirman está basado en experiencias místicas, no citan la Biblia pues no la conocen, y si la utilizan es de manera incorrecta (fuera de contexto).
¿CUÁL DEBERÍA SER LA ACTITUD DE UN CREYENTE QUE ES ABUSADO POR SU PAREJA?
Si tenemos una mala comprensión de la Biblia, podríamos pensar, o incluso aconsejar a otros de manera bien intencionada que “deben poner la otra mejilla”, “tomar la cruz”, “poner nuestra vida por el otro”, etc.
¿Pero es esto realmente lo que nos manda Dios en Su Palabra?
¿CUÁNDO DEBEMOS PONER LA OTRA MEJILLA?
En el sermón del Monte El Señor nos enseñó que “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” Mateo 5:39. Si vemos el contexto del pasaje notaremos que NO está hablando de poner la otra mejilla a otro creyente que nos agrede, ni a nuestro conyugue, sino a un incrédulo, claramente dice "al que es malo".
¿Cuál sería entonces la actitud con alguien que es creyente y nos hiere? Mateo capítulo 18 nos habla de los pasos a dar cuando un hermano en la fe peca contra nosotros, primero confrontarlo en privado (verso 15), luego con dos testigos (verso 16), luego ante la Iglesia (verso 17), y si persiste debemos considerarlo como incrédulo no como cristiano (verso 17). En el caso de un conyugue que identificándose como creyente persiste en pecar contra nosotros, lastimarnos o dañarnos, después de seguir los pasos que vemos en Mateo capítulo 18 debemos considerarlo como un incrédulo, y aun peor pues peca y se rebela contra Dios CON CONOCIMIENTO. Dios por medio de Pablo nos dice en primera Corintios 7:12-15 que si un incrédulo no puede vivir en paz con un creyente, deben separarse “porque a Paz fuimos llamados”. El maltrato, además del adulterio, son causas legitimas para que un creyente se separé de su cónyuge.
En este texto alguien podría decir que deben separarse únicamente a iniciativa del cónyuge incrédulo (verso 15), pero pensando no solamente en su propia seguridad, sino en la de sus hijos, un creyente no debería permanecer en un ambiente peligroso para sí mismo o para sus hijos. Atendiendo el contexto general de la Biblia, vemos que todo creyente debe cumplir la ley, y los actos de violencia están penados por la ley, así que para una víctima de violencia domestica su forma de cumplir con la ley sería denunciando la agresión y no encubriendo el delito. Un cristiano no debería encubrir a otra persona que roba, mata o comete cualquier delito, eso lo convertiría en cómplice, la agresión cae en la misma categoría de delito.
Un creyente está llamado a sufrir por la causa de Cristo, pero esto no equivale a sufrir y soportar voluntariamente el maltrato hacia su persona y directa o indirectamente hacia sus hijos.
Cris Nay, en su artículo “¿poner la otra mejilla significa dejar que pasen sobre ti?”, nos dice que hay algunas observaciones que debemos considerar:
1. Hay una diferencia entre poner tu vida por los demás y permitir que alguien la tome contra nuestra voluntad. Las Escrituras nos dicen que debemos dar nuestra vida por Cristo, tomar nuestra cruz y seguirle, pero notamos que el agente activo en estas oraciones es “usted”. Hay una diferencia entre poner voluntariamente su vida y dejar que alguien más tome su vida.
Jesús dijo que él ponía su vida para tomarla de nuevo, dijo además que nadie tomaba su vida, sino que él la daba de Su propia voluntad. (Juan 10:18). Muchas veces intentaron tomar su vida, pero Él no lo permitió porque Su tiempo aún no había llegado (Juan 7:30,44; 10:39). No debemos sentir lástima por Jesús y no debemos compadecernos a nosotros mismos con un falso complejo de mártir, al dejar que otras personas peligrosas o trastornadas controlen nuestra vida. Al igual que Jesús debemos PONER nuestra vida VOLUNTARIAMENTE en amor y servicio por otros y no permitir que otros tomen y succionen la vida de nosotros.
2. Debemos tomar nuestra cruz cada día, NO cualquier cruz. (Lucas 9:23). Pablo en Gálatas 6:5 nos dice que cada quien llevará su propia carga, aunque en el verso 2 nos dice que llevemos las cargas los unos de los otros, y esto se explica en que debemos ayudar a otros con sus problemas, tentaciones y aflicciones, pero nuestra carga es nuestra responsabilidad delante de Dios. Compartir las cargas de los demás NO significa tomar sobre nosotros la carga de maltrato constante o padecer de manera masoquista. Fin de la cita.
Como punto final y hablando del abuso sexual en un matrimonio, Dios nos habla claramente en primera Tesalonicenses capítulo 4, acerca de saber tener nuestros propios cuerpos en santidad y honor, algunas versiones dicen "a su propia esposa en santidad y honor" y no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios. No importa cual haya sido su patrón de conducta en el mundo antes de conocer a Dios, usted NO debe traer eso a su matrimonio. La voluntad de Dios para nuestra vida es santificación, que nos apartemos de fornicación, y nos hace la advertencia que nadie defraude a su hermano o hermana en estas cosas, porque Dios es VENGADOR en todas estas cosas. Si nos identificamos verdaderamente como cristianos, preferiremos tener a Dios como Padre y no como vengador contra nosotros. Las relaciones íntimas en una pareja deben ser voluntarias y con el consentimiento de ambos, al hablar la Biblia de que el cuerpo de nuestro cónyuge es nuestro, y que no debemos negarnos el uno al otro, se refiere a exclusividad NO a propiedad.
La Iglesia no solamente debe ayudar a las personas que sufren violencia doméstica, a poder salir de ella, sino también ayudarles a obtener la asistencia legal necesaria, para protegerlas de futuros maltratos o amenazas.
La Iglesia NO debe llevar todos los problemas entre cristianos a los tribunales, pero las autoridades fueron establecidas por Dios para castigar a los que hacen lo malo (Romanos 13:9) y definitivamente, “SI” debemos buscar ayuda de las autoridades, cuando el problema es entre un creyente y un incrédulo (alguien que ha demostrado con sus hechos que vive en abierta y voluntaria desobediencia a la Palabra de Dios) y que amenaza la seguridad del creyente, no importando si el agresor, se identifica a sí mismo como cristiano, ni cuánto tiempo tenga de pertenecer a una Iglesia, o que se haga llamar diacono, pastor o "apóstol".
Algunas congregaciones tratan de esconder estas situaciones, dando protección al ofensor, según ellos, para que el Nombre de Cristo no sea blasfemado, pero es mucho mejor, y habla mejor de cualquier congregación, el estar dispuestos a hacer justicia, denunciando al ofensor, que el proteger por un tiempo a incrédulos que se hacen llamar creyentes, y luego ser descubiertos, pues a los pecados del ofensor, suman la complicidad de la congregación. Tratándose de delitos, sobre todo de delitos que ponen en riesgo la vida de las personas, la ropa sucia no debe lavarse en casa, no le corresponde a un pastor decidir que delitos deberán denunciarse o no, ante las autoridades. Este es un tema difícil pues también es inevitable que deba lidiarse con falsas denuncias de maltrato, pero lo difícil de una situación, no debe hacer que se evite enfrentarla.
El Señor estableció el proceso de disciplina, así que NO es falta de amor, NADIE puede ser más amoroso que Dios, el apóstol Pablo siendo inspirado por El Espíritu escribió que a quienes persisten en pecar es necesario reprenderlos en público, para que los demás también teman (primera Timoteo 5:20).
Es importante también tener en cuenta que el denunciar a un cónyuge violento a las autoridades, no es por venganza, sino para que por medio de la justicia, esta persona pueda recapacitar de sus acciones, evitar que siga maltratando a otras personas, y orar para que por medio de enfrentar sus actos, Dios pueda tratar con su vida trayéndolo a salvación.
Aunque lo tratado en este tema no pretende ser exhaustivo, la intención es mostrar qué es lo que nos dice la Biblia al respecto, y cómo manejar, o ayudar a otros a manejar un caso de maltrato, sin sentir que por defender nuestros derechos estamos dejando de obedecer a Dios.
Bendiciones.
Esta fue una presentación de Predica La Palabra. Publicado originalmente el 5 de Febrero 2,018