01/06/2026
NO ESTAMOS AQUÍ POR CASUALIDAD
¿QUIÉNES SOMOS, DE DÓNDE VENIMOS Y HACIA DÓNDE VAMOS?
Levantar la mirada al cielo y contemplar su inmensidad no es un ejercicio romántico ni ingenuo; es una experiencia profundamente humana, el orden del universo, la precisión de la naturaleza y la belleza que nos rodea despiertan una pregunta que atraviesa generaciones y culturas: ¿todo esto existe por casualidad o responde a un propósito?
La Biblia afirma que la creación no es fruto del azar, sino una manifestación del poder, la gloria y la majestad de Dios, David lo expresó con claridad: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia las obras de sus manos” (Salmo 19:1). Y nuevamente exclamó: “¡Oh Dios, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!” (Salmo 8:1).
Cuando uno contempla desde la grandeza del universo hasta los detalles más pequeños de la vida, algo dentro de nosotros reconoce que allí hay intención, belleza y propósito, según las Escrituras, la creación entera, el sol, la luna, los ríos, los montes, los árboles y cada criatura, refleja a Dios que los hizo.
Los Salmos 98:7-8 y 148:1-10 lo expresan como un coro universal de alabanza e Isaías 55:12 añade que los montes cantarán y los árboles del campo aplaudirán. Si la creación entera reconoce a su Creador, ¿cuánto más debería hacerlo el ser humano, que es su obra más consciente y privilegiada?
La Biblia enseña que Dios creó a Adán y a Eva a su imagen y semejanza, no fuimos formados como máquinas ni como seres sin voluntad, sino como personas con cuerpo, alma y espíritu, con mente, emociones y decisiones capaces de responderle libremente.
Dios creó al ser humano para una relación cercana, amorosa y eterna, una relación donde Él fuera reconocido no por obligación, sino por gratitud, fe y fidelidad.
Sin embargo, esa relación se fracturó, la tentación y la desobediencia introdujeron una distancia que la humanidad no ha podido reparar por sí misma, desde ese primer momento, Dios prometió enviar a un Salvador (Jesucristo) para redimir al ser humano de las consecuencias del pecado (Génesis 3:15). Él no renunció a su propósito; al contrario, continuó formando un pueblo que viviera en justicia y santidad, como lo anuncia Isaías 60:21; 61:1-3; Efesios 1:11-12 y 1 Pedro 2:9.
La Biblia no termina con una humanidad perdida, sino con una humanidad restaurada, el libro de Apocalipsis presenta el destino final del propósito de Dios con estas palabras: “y Él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apocalipsis 21:3).
No es un final trágico, sino un reencuentro, es la visión de una creación reconciliada y un Dios que vuelve a caminar con sus criaturas.
Creyentes o no, todos buscamos lo mismo: entender por qué estamos aquí.
La fe en Cristo afirma que no somos un accidente ni un destello fugaz en el universo, sino parte de un plan eterno que comenzó en la creación y culminará en la presencia de Dios.