Libro de vida

Libro de vida ¿POR QUÉ INICIAR EL PROYECTO "LIBRO DE VIDA"?

LIBRO DE VIDA pretende servir de Atalaya al pueblo de Dios mediante el estudio de la Santa Palabra y de diverso material cristiano que lleven a vivir una verdadera santidad que glorifique a Dios e ilumine a los hombres. Porque la segunda venida del Señor Jesucristo cada día está más cerca, y viene por una iglesia gloriosa, santa y sin mancha.

¿CUÁL ES EL CONTEXTO DE LOS TIEMPOS ACTUALES? Estos ti

empos son de gran peligro espiritual donde la maldad se ha incrementado a través de los medios electrónicos, desviando a muchos del camino cristiano y enfriando a otros en su amor por Cristo.

¿CUÁL ES EL OBJETIVO DEL PROYECTO LIBRO DE VIDA? El objetivo de este proyecto es:
1.- Proporcionar el fundamento Escritural para poder discernir el camino verdadero de Cristo del camino del error.
2.- Servir de atalaya "amonestando al justo para que no peque" y se mantenga en santidad preparado para el día del Señor.
3.- Ser un faro de luz para aquellos que se han desviado del camino angosto y no encuentran como regresar; y a través de las sendas antiguas ayudar a su regreso a los pies del Señor Jesús. MISIÓN:
LIBRO DE VIDA pretende servir de Atalaya al pueblo de Dios mediante el estudio de la Santa Palabra y de diverso material cristiano que lleven a vivir una verdadera santidad que glorifique a Dios e ilumine a los hombres. VISIÓN:
LIBRO DE VIDA pretende ser un medio que sirva para enderezar el camino del pueblo de Dios, preparándolo para la extensión del reino y la segunda venida del Señor Jesucristo.

25/05/2026

EFESIOS 6:5b-9

FRASES CRISTIANAS
25/05/2026

FRASES CRISTIANAS

Ciclo: "CONSUELO EN LA AFLICCIÓN".PROBADOS POR FUEGO. Cuarta parte:3. EL RESULTADO DEFINITIVO: “Saldré como oro”. Notemo...
25/05/2026

Ciclo: "CONSUELO EN LA AFLICCIÓN".

PROBADOS POR FUEGO. Cuarta parte:

3. EL RESULTADO DEFINITIVO: “Saldré como oro”. Notemos el tiempo del verbo. Job no creía que ya era oro puro. “Saldré como oro”, declaró. Sabía muy bien que todavía había en él mucha escoria. No afirmaba ser ya perfecto. De ninguna manera. En el último capítulo de su libro, dice: “Me aborrezco” (42:6). Y bien podía, y bien podemos sentirnos así noso­tros. A medida que descubrimos que en nuestra carne “no hay nada bueno”, cuando nos examinamos a nosotros mismos y examinamos nues­tros caminos a la luz de la Palabra de Dios y contemplamos nuestros in­numerables fracasos, cuando pensamos en nuestros innumerables peca­dos, tanto de omisión como de comisión, tenemos buenas razones para aborrecernos. ¡Ah, lector cristiano, hay mucha escoria en nosotros! Pero no siempre será así.

“Saldré como oro”. Job no dijo: “Cuando sea probado quizá saldré como oro” ni “espero salir como oro”, sino que con plena confianza y positiva seguridad declaró: “Saldré como oro”. Pero, ¿cómo lo sabía? ¿Cómo podemos nosotros estar seguros de este feliz resultado? Lo sa­bemos porque el propósito divino no puede fracasar. Aquel que co­menzó su obra en nosotros “la perfeccionará” (Fil. 1:6). ¿Cómo pode­mos estar seguros de este resultado feliz? Porque la promesa bíblica es segura: “Jehová cumplirá su propósito en mí” (Sal. 138:8). Entonces ¡cobre aliento, usted que pasa por pruebas y aflicciones! El proceso puede ser desagradable y doloroso, pero el resultado es encantador y seguro.

“Saldré como oro”. Esto lo dijo aquel que tuvo aflicciones y sufri­mientos como pocos entre los hijos de los hombres han tenido. Haga­mos nuestras, entonces, estas palabras triunfales. “Saldré como oro” no es la expresión de jactancia carnal, sino la seguridad de aquel cuyos pensamientos permanecían en Dios. No habrá nada que sea por nues­tros propios méritos, sino que la gloria será toda del divino Refinador (Stg. 1:12).

Para el presente quedan dos cosas: Primero, el amor es el termóme­tro divino mientras estamos en el crisol de la prueba: “Y se sentará [la paciencia de la gracia divina] para afinar y limpiar la plata… (Mal. 3:3). Segundo, el Señor mismo está con nosotros en este horno de fuego, tal como lo estuvo con los tres jóvenes hebreos (Dn. 3:25). Para el futu­ro, esto es seguro: lo más maravilloso del cielo no será la calle de oro ni las arpas de oro, sino las almas de oro que han sido estampadas con la imagen de Dios: ¡Predestinados a ser “hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Ro. 8:29)! ¡Alabado sea Dios por esta perspectiva gloriosa, por un resultado tan glorioso, por una meta tan maravillosa!

A. W. PINK

24/05/2026

EFESIOS 6:5a

Ciclo: "CONSUELO EN LA AFLICCIÓN".PROBADOS POR FUEGO. Tercera parte:2. PRUEBA DIVINA: “Me probará”. “El crisol para la p...
24/05/2026

Ciclo: "CONSUELO EN LA AFLICCIÓN".

PROBADOS POR FUEGO. Tercera parte:

2. PRUEBA DIVINA: “Me probará”. “El crisol para la plata, y la hor­naza para el oro; pero Jehová prueba los corazones” (Pr. 17:3). Ésta era la manera como Dios probaba a Israel en la antigüedad y su manera de probar al cristiano en la actualidad. Justo antes de que Israel entrara a Canaán, Moisés hizo un recuento de la historia del pueblo desde que habían salido de Egipto. Dijo: “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos” (Dt. 8:2). De la misma manera, Dios nos prueba, examina y humilla.

“Me probará”. Si fuéramos más conscientes de esto, resistiríamos mejor la hora de aflicción y seríamos más pacientes cuando sufrimos. Las irritaciones cotidianas de la vida, las cosas que molestan tanto, ¿qué significan? ¿Por qué son permitidas? La respuesta es ésta: ¡Dios lo está “probando”! Esa es la explicación (por lo menos, en parte) de aquel desencanto, la pérdida de sus esperanzas terrenales, en medio de esa gran pérdida: Dios estaba, está probándolo. Dios está probando su humor, su valentía, su fe, su paciencia, su amor y su fidelidad.

“Me probará”. Con cuánta frecuencia los santos de Dios ven a Sata­nás como la única causa de sus problemas. Consideran que ese gran enemigo es responsable por muchos de sus sufrimientos. Pero esta manera de pensar no trae verdadero consuelo al corazón. ¡No negamos que el diablo produce mucho de lo que nos hostiga!, pero por encima de Satanás ¡está el Señor todopoderoso! El diablo no puede tocar un cabello de nuestra cabeza sin el permiso de Dios y cuando le es permi­tido molestarnos y distraernos, aun entonces ¡es sólo Dios quien lo usa para “probarnos”! Aprendamos, entonces, a mirar más allá de las cau­sas y los instrumentos secundarios de Aquel que obra todas las cosas según el consejo de su voluntad (Ef. 1:11). Esto fue lo que hizo Job.

En el primer capítulo del libro de Job, encontramos a Satanás que le pide permiso a Dios para hacer sufrir a su siervo Job. Usó a los sabeos para destruir los animales de Job (1:15), envió a los caldeos para dar muerte a sus siervos (1:17) y causó que un viento fuerte matara a sus hijos (1:19). ¿Y cuál fue la reacción de Job? Exclamó: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (1:21). Job miró más allá de los ejecutores humanos, más allá de Satanás que los había empleado, puso sus ojos en el Señor que tiene control de todo. Comprendió que el Señor lo estaba probando. Vemos lo mismo en el Nuevo Testamento. Juan escribió a los santos que sufrían en Esmirna: “No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados” (Ap. 2:10). El que fueran echados en la cárcel era simplemente que Dios los “probaba”.

¡Cuánto perdemos por olvidar esto! Qué consuelo es para el corazón zarandeado por los problemas, saber que no importa de qué forma se presente la prueba, no importa cuál sea el ejecutor que indigna, es Dios quien está “probando” a sus hijos. ¡Qué ejemplo perfecto nos da el Sal­vador! Cuando sus captores se acercaron en el jardín y Pedro desenvainó su espada y le cortó la oreja a Malco, el Salvador le dijo: “Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Jn. 18:11). Los hombres estaban por descargar su terrible ira sobre él, la serpiente heriría su calcañar, pero él miró más allá. Querido lector, no importa lo amargo de su contenido (infinitamente menos que lo que el Salvador bebió), aceptemos la copa porque viene de la mano del Padre.

En algunos casos, tendemos a cuestionar la sabiduría de Dios y su derecho a probarnos. Muy a menudo murmuramos contra sus dispen­saciones . ¿Por qué razón me da Dios una carga tan intolerable? ¿Por qué otros tienen a sus seres queridos y los míos me fueron quitados? ¿Por qué me es negado tener buena salud y fuerzas y, quizá aún, el don de la vista? La primera respuesta a todas las preguntas como esas es: “Oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios?” (Ro. 9:20). El que alguno cuestione los tratos del gran Creador es una insubordinación maligna. “¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?” (Ro. 9:20). ¡Con qué seriedad necesita cada uno de nosotros clamar a Dios para que su gracia silencie nuestras palabras rebeldes y calme la tempestad dentro de nuestro desesperadamente malvado corazón!

También 1 Pedro 4:12-13 nos dice: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padeci­mientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría”. Aquí se expresan los mismos pensamientos que en el pasaje anterior. Hay una causa detrás de nuestras “pruebas” y por eso no hemos de considerarlas extrañas, sino esperarlas. Y tam­bién encontramos aquí la esperanza bendita de ser ricamente recom­pensados en la segunda venida de Cristo. Después vemos que se agre­ga el mensaje de que, no sólo debemos encarar estas pruebas con la fortaleza de la fe, sino que debemos regocijarnos también en ellas por­que Dios nos permite compartir “las aflicciones de Cristo”. Él también sufrió: suficiente le es entonces “al discípulo ser como su maestro” (Mt. 10:24-25).

“Me probará”. Querido lector cristiano, no hay excepciones. Dios tuvo un solo Hijo sin pecado, pero nunca uno sin aflicciones. Tarde o tem­prano, de una forma u otra, pasaremos por pruebas duras y pesadas. “Y enviamos a Timoteo nuestro hermano… para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe, a fin de que nadie se inquiete por estas tribulacio­nes; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos” (1 Ts. 3:2-3). También está escrito: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hch. 14:22). Así ha sido en todas las épocas. Abraham fue “probado”, probado con severidad. Igualmente lo fueron José, Jacob, Moisés, David, Daniel, los Apóstoles, etc.

A. W. PINK

Ciclo: "CONSUELO EN LA AFLICCIÓN".PROBADOS POR FUEGO. Segunda parte:"Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como ...
23/05/2026

Ciclo: "CONSUELO EN LA AFLICCIÓN".

PROBADOS POR FUEGO. Segunda parte:

"Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro”. Encon­tramos aquí tres grandes verdades. Consideremos brevemente a cada una.

1. CONOCIMIENTO DIVINO DE MI VIDA: “Él conoce mi camino”. La Omnisciencia es uno de los atributos maravillosos de Dios. “Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos” (Job 34:21). “Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos” (Pr. 15:3). Spurgeon dijo: “Una de las pruebas más grandes de la fe cristiana práctica o empírica es: ¿Cuál es mi relación con el Dios omnisciente?”. ¿Cuál es su relación con él, querido lector? ¿Cómo le afecta? ¿Lo aflige o lo reconforta? ¿Rehúye del pensamiento que Dios conoce todo su camino; quizá un camino de mentiras, egoís­mo e hipocresía? Para el pecador, éste es un pensamiento terrible. Si no lo niega, lo cierto es que procura olvidarlo. Pero para el cristiano, hay en esto un auténtico consuelo. ¡Qué reconfortante es recordar que mi Padre conoce todo acerca de mis pruebas, mis dificultades, mis sufri­mientos y mis esfuerzos por glorificarle! Verdad preciosa para los que están en Cristo, pensamiento horroroso para los que no lo están, es saber que el camino que estoy transitando es totalmente conocido y observado por Dios.

“Él conoce mi camino”. Los hombres no conocían el camino de Job. Era crasamente incomprendido y, para alguien con un temperamento sensible, ser incomprendido es una prueba dolorosa. Sus propios ami­gos pensaban que era un hipócrita. Se defendió contra ese veredicto indigno declarando: “Él conoce mis caminos; me probará, y saldré como oro”. Aquí tenemos una enseñanza para cuando atravesamos por circunstancias similares. Hermanos creyentes, sus amigos y, aun tam­bién sus hermanos cristianos, pueden no comprenderlo o interpretar mal los tratos de Dios con usted, pero consuélese con la realidad ben­dita de que el Omnisciente lo conoce.

“Él conoce mi camino”. En el sentido más amplio de la palabra, Job mismo no conocía su camino, como tampoco conocemos el nuestro nin­guno de nosotros. La vida es profundamente misteriosa y el paso de los años no ofrece una solución. Tampoco filosofar nos ayuda. La voluntad humana es un enigma extraño. El hecho de que somos conscientes es prueba de que somos más que autómatas. Usamos el poder de elegir en cada movimiento que hacemos. No obstante, resulta claro que nuestra libertad no es absoluta. Hay fuerzas que entran en juego para bien o para mal y que sobrepasan nuestro poder de resistirlas. Tanto la heren­cia como el ambiente ejercen poderosas influencias sobre nosotros. Nuestro entorno y circunstancias son factores que no pueden ser igno­rados. ¿Y qué de la Providencia que “determina nuestros destinos”? ¡Ah, qué poco sabemos del camino en que andamos! Dijo el profeta: “Conoz­co, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jer. 10:23). Aquí entramos en la esfera de los misterios y no vale la pena negarlo. Mucho mejor es reco­nocer con el sabio: “De Jehová son los pasos del hombre; ¿cómo, pues, entenderá el hombre su camino?” (Pr. 20:24).

En el sentido más específico de la expresión, Job sí conocía su ca­mino o sea, el camino que transitaba. Cuál era ese “camino”, nos lo dice en estos dos versículos: “Mis pies han seguido sus pisadas; guardé su camino, y no me aparté. Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida” (Job 23:11-12). El camino que Job escogió era el mejor camino, el camino bíblico, el camino de Dios: “Su camino”.

¿Qué opina de ese camino, querido lector? ¿No fue una elección ma­ravillosa? ¡Ah, Job no era sólo “paciente”, sino también sabio! ¿Ha he­cho usted una elección similar? ¿Puede decir: “Mis pies han seguido sus pisadas; guardé su camino, y no me aparté” (23:11)? Si puede, ala­be al Señor por su gracia que lo hizo posible. Si no puede, confiese con vergüenza que no se ha apropiado de su gracia que es todo suficiente. Póngase ahora mismo de rodillas y sincérese con Dios. No esconda ni retenga nada. Recuerde que está escrito: “Si confesamos nuestros pe­cados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9). ¿Acaso no explica el versículo 12 su fraca­so y mi fracaso, querido lector? ¿No será porque no hemos temblado ante los mandamientos de Dios o porque hemos estimado tan poco su Palabra que nos hemos desviado de su camino? Entonces ahora y todos los días, busquemos gracia de lo Alto para obedecer sus mandamientos y guardar su Palabra en nuestro corazón.

“Él conoce mi camino”. ¿Cuál es su camino? ¿El camino angosto que lleva a la vida o el camino ancho que lleva a la destrucción? Asegúrese en cuanto a esto, querido amigo. Las Escrituras declaran: “Cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Ro. 14:12). No tiene por qué caer en el engaño o la incertidumbre. El Señor declaró: “Yo soy el ca­mino” (Jn. 14:6).

A. W. PINK

22/05/2026

EFESIOS 6:1-4

Ciclo: "CONSUELO EN LA AFLICCIÓN".PROBADOS POR FUEGO.“Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job 23:10...
22/05/2026

Ciclo: "CONSUELO EN LA AFLICCIÓN".

PROBADOS POR FUEGO.

“Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job 23:10).

Job, en este versículo, se corrige a sí mismo. Al principio del capítulo lo encontramos diciendo: “Hoy también hablaré con amargura; porque es más grave mi llaga que mi gemido” (23:2). El pobre Job sentía que su situación era inaguantable, pero se recupera. Controla su arrebato y su impetuosa desesperación. ¡Cuántas veces nos tenemos que retractar! Sólo ha caminado sobre esta tierra Uno que nunca tuvo que hacerlo.

Job también se consuela a sí mismo. No podía comprender los miste­rios de la Providencia, en cambio Dios conocía el camino que tomaba. Job había buscado con diligencia la tranquilizante presencia de Dios pero, desde hacía un tiempo, había sido en vano. “He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; y al occidente, y no lo percibiré; si muestra su poder al norte, yo no lo veré; al sur se esconderá, y no lo veré” (23:8-9). Pero se consoló con esta realidad bendita: que aunque él no podía ver a Dios, éste podía verlo a él, lo cual era mil veces mejor. “Él conoce”: el Altísimo no es insensible ni indiferente a nuestro destino. Si nota la caída de un pajarillo, si cuenta los cabellos de nuestra cabeza, por su­puesto que “conoce” el camino por el que andamos.

Job, además, enuncia un concepto noble de la vida. ¡Qué espléndida­mente optimista era! No dejó que sus aflicciones lo convirtieran en un escéptico. No permitió que las terribles pruebas y los problemas que estaba sufriendo lo vencieran. Miraba el lado radiante del tenebroso nubarrón: el lado de Dios, velado del sentido y la razón. Pensó en la vida en su totalidad. Miró más allá de “las pruebas de fuego” y dijo que después de pasarlas sería como oro refinado.

A. W. PINK

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