Ebenezer, Casa de oración

Ebenezer, Casa de oración Deseamos poder compartir a Palabra de Dios a sus vidas y que Conozcan a Jesucristo como Su Salvador.

29/08/2025

Uza no era un pagano. Era un israelita, hijo de Abinadab, que había tenido el arca en su casa durante años (2 Samuel 6:3). Cuando los bueyes tropezaron y el arca estuvo a punto de caer, él extendió su mano para sostenerla... y en ese instante, Dios lo hirió de muerte.

¿Por qué algo que parece lógico terminó en juicio inmediato? Porque Dios ya había dado una orden clara: el arca no debía ser transportada en carros, sino llevada sobre los hombros de los levitas (Éxodo 25:14–15; Números 4:15). La buena intención de Uza no importaba; lo que contaba era la obediencia a la Palabra de Dios.

Aquí está la lección que resuena en nuestra época: no es suficiente con querer "ayudar a Dios". Él no necesita nuestra lógica; demanda obediencia. El pecado de Uza fue intentar corregir con su mano lo que Dios había dicho que no debía tocarse.

"La obediencia vale más que los sacrificios, y la sumisión más que la grasa de los carneros." (1 Samuel 15:22)

La obediencia no es opcional: es cuestión de vida o muerte. 👈

Mateo 27:50 Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.
27/08/2025

Mateo 27:50 Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.

27/08/2025
16/08/2025

Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre.
Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Como con un escudo lo rodearás de tu favor. Salmos 5:11-12

14/08/2025

La murmuración, aunque a veces parezca inofensiva, es un veneno suave que corroe la unidad del pueblo de Dios, cuando criticamos a escondidas, sembramos desconfianza y dolor, la Escritura nos recuerda: “No se quejen unos contra otros, hermanos, para que no sean juzgados” (Santiago 5:9).

Decir que la murmuración es la música del diablo significa que nuestras palabras negativas se convierten en un deleite para el enemigo, porque él sabe que su mejor estrategia no siempre es atacar desde fuera, sino dividir desde dentro, cada queja injusta, cada chisme disfrazado de preocupación, cada juicio sin amor… son como notas de una melodía que Satanás disfruta, porque esa música desafina el canto de la comunión cristiana.

Dios, en cambio, nos llama a una música distinta: la del agradecimiento y la edificación. Efesios 4:29 nos exhorta: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”, cuando usamos nuestras palabras para bendecir, despojamos al diablo de su música y nos unimos al coro celestial que proclama la gloria de Dios.

Por eso, si nuestra boca quiere murmurar, mejor que entone alabanzas; si nuestros labios quieren criticar, mejor que declaren bendiciones, así, el diablo se quedará en silencio y el cielo se llenará de un canto que agrada al Señor.

Comparte esta reflexión será de bendición para muchos ❤️🙏📖👐

Porque Él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal;Me ocultará en lo reservado de su morada;Sobre una roca me po...
14/08/2025

Porque Él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal;
Me ocultará en lo reservado de su morada;
Sobre una roca me pondrá en alto.
Salmos 27:5

14/08/2025

La adoración no es primeramente un acto externo, sino una respuesta interna al conocimiento que tenemos de Dios, cuando la visión que tenemos de Él es pequeña, nuestra adoración será pequeña, cuando nuestra percepción de Su majestad es superficial, nuestra respuesta será superficial.

En Isaías 6, el profeta relata cómo, al ver al Señor “alto y sublime” y oír a los serafines proclamar “Santo, santo, santo”, su reacción inmediata fue humillarse, reconocer su pecado y disponerse para la misión, la visión de la gloria de Dios lo llevó a la rendición total, lo mismo ocurre en Apocalipsis 4, donde los ancianos y seres vivientes, contemplando la hermosura del trono, no pueden dejar de postrarse y adorar día y noche.

Hoy, muchas veces adoramos con indiferencia porque hemos reducido a Dios a la medida de nuestras expectativas, nuestras experiencias o nuestras emociones, la falta de asombro no se debe a que Dios haya perdido Su gloria, sino a que nuestros ojos espirituales se han acostumbrado a la niebla de lo terrenal.

La solución no está en “forzarnos” a adorar más, sino en buscar ver más a Dios tal como Él es, cuanto más claros sean nuestros ojos para contemplar Su santidad, Su poder y Su amor infinito, más natural y abundante será nuestra adoración, nadie tiene que obligar al corazón que ha visto al Rey de reyes; ese corazón no puede hacer otra cosa que rendirse y exclamar: “¡Digno eres, Señor, de recibir la gloria, la honra y el poder!”

Así que si nuestra adoración es escasa, no es que falten canciones o palabras, sino que falta visión, necesitamos orar como Moisés: “Te ruego que me muestres tu gloria” (Éxodo 33:18). Cuando la gloria de Dios se vuelve real a nuestros ojos, la adoración se vuelve inevitable, abundante y eterna.

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