30/12/2021
Cuando los doctores me dijeron que tenían que operarme el corazón y después de explicarme el riesgo de lo que eso implicaba, no estaba tan sonriente como me veo en esta foto. Por supuesto que sentí angustia en el alma. Sin embargo, sabía que no me podía quedar allí, paralizado ante lo que estaba sintiendo. Le entregué mi situación al Señor y Él me regaló Su inexplicable paz.
Es muy común querer controlar nuestras circunstancias, cambiar alguna situación o evitarla por completo. Incluso, si lo examinamos un poco, podríamos decir que muchas de nuestras angustias son creadas por cosas que ni siquiera han sucedido.
La serenidad se encuentra cuando le entregamos a Dios el deseo de controlar nuestra vida. Aceptamos lo que estamos viviendo y tenemos la certeza de que, como Dios está en control, algo bueno resultará. Solo debemos confiar en Dios y Él obrará.
“Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman,[a] los que han sido llamados de acuerdo con su propósito”
Romanos 8:28