27/01/2026
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Piensen en el silencio como un claustro interior. Así como los muros de un monasterio protegen el espacio sagrado de la vida contemplativa, el silencio guarda nuestro espíritu de la distracción y el bullicio exterior. En este "claustro interior", el alma se aquieta y comienza a percibir una voz que de otro modo sería inaudible: la voz suave y persistente de Jesús.
Nuestro Señor mismo nos dio el ejemplo. ¿No se retiraba Jesús a lugares solitarios para orar? En el desierto, en la montaña, en el huerto... en esos momentos de silencio y soledad profunda, Él dialogaba íntimamente con el Padre. No era un silencio vacío, sino un silencio lleno de oración, de escucha, de discernimiento. Era en el silencio donde su humanidad se unía perfectamente con su divinidad. ❤️🙏