20/04/2026
En el camino a Emaús, los discípulos caminan con el corazón lleno de tristeza, confundidos porque sus expectativas no se cumplieron. Habían puesto su esperanza en un Mesías triunfante, pero la cruz les parecía el final de todo. Y, sin embargo, es precisamente en ese momento de desilusión donde Jesús se hace presente,aunque ellos no lo reconocen.
El Evangelio nos revela algo profundo: Jesús camina a nuestro lado incluso cuando no lo percibimos. Jesús entra, comparte la mesa, parte el pan… y entonces sus ojos se abren. Lo reconocen no en lo espectacular, sino en lo cotidiano, en la cercanía, en la Eucaristía.
Este pasaje nos recuerda que la fe no siempre comienza con certezas, sino con un camino. Hoy, como aquellos discípulos, estamos llamados a hacer tres cosas, caminar incluso con dudas, invitar a Jesús a quedarse en nuestra vida, y reconocerlo en el pan partido, en la Palabra, y en cada momento donde Él se hace presente.