03/06/2026
𝕊𝕠𝕓𝕣𝕖 𝕖𝕝 𝔹𝕒𝕦𝕥𝕚𝕤𝕞𝕠 𝕖𝕟 𝕖𝕝 𝔼𝕤𝕡í𝕣𝕚𝕥𝕦
Entendamos primero ¿Qué es un Sacramento?
Un Sacramento puede entenderse como "𝘀𝗶𝗴𝗻𝗼𝘀 𝗲𝗳𝗶𝗰𝗮𝗰𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶𝗮", dicho de otro modo es "𝘂𝗻 𝘀𝗶𝗴𝗻𝗼 𝘃𝗶𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲, 𝗱𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗶𝗻𝘃𝗶𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲".
Los Sacramentos NO son sólo signos que representan algo, sino verdaderas realidades espirituales, dones del amor de Dios que se visualizan mediante gestos y palabras dentro de un rito y plegarias.
Los Sacramentos 𝗻𝗼𝘀 𝗿𝗲𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝘆 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗜𝗴𝗹𝗲𝘀𝗶𝗮. NO se trata de magia sino de la vivencia de realidades espirituales que nos anticipan el Reino de Dios.
La Santa Madre Iglesia nos da 7 Sacramentos: Bautismo, Confirmación, Penitencia, Eucaristía, Unción de enfermos, Matrimonio y Orden Sacerdotal.
Entonces, el Bautismo en el Espíritu del que habla la Renovación Carismática ¿Es otro Sacramento?. Y la respuesta es ¡No! Los Sacramentos son 7 y los vivimos en el seno de la Iglesia.
Entendamos que significa la palabra "Bautismo". Ésta proviene del griego que significa "sumergir". Como Sacramento recibe el nombre de "baño de regeneración y de renovación en el Espíritu Santo".
También debemos hablar del Sacramento de la "Confirmación". Éste es tan necesario junto al Bautismo y la Eucaristía para vivir la plenitud de la gracia. Nos da una fortaleza especial del Espíritu Santo y nos une más íntimamente a la Iglesia y su misión.
Por lo tanto, hemos de entender que el "Bautismo en el Espíritu" NO es otro Sacramento sino más bien adopta el titulo de "Bautismo" para hacer referencia a renovar ese sumergirse en el Espíritu Santo. Y hablamos del sacramento de la confirmación, porque busca renovar también la intimidad con el mismo Espíritu.
Es así que, cuando la Renovación Carismática habla del Bautismo en el Espíritu lo que pretende es 𝙪𝙣𝙖 𝙥𝙧𝙤𝙛𝙪𝙣𝙙𝙖 𝙚𝙭𝙥𝙚𝙧𝙞𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖 𝙚𝙨𝙥𝙞𝙧𝙞𝙩𝙪𝙖𝙡 𝙙𝙚𝙡 𝙖𝙢𝙤𝙧 𝙙𝙚 𝘿𝙞𝙤𝙨, 𝙚𝙡 𝙘𝙪á𝙡 𝙚𝙨 𝙫𝙚𝙧𝙩𝙞𝙙𝙤 𝙚𝙣 𝙚𝙡 𝙘𝙤𝙧𝙖𝙯ó𝙣 𝙙𝙚𝙡 𝙃𝙤𝙢𝙗𝙧𝙚 𝙥𝙤𝙧 𝙚𝙡 𝙀𝙨𝙥í𝙧𝙞𝙩𝙪 𝙎𝙖𝙣𝙩𝙤 𝙮 𝙧𝙚𝙘𝙞𝙗𝙞𝙙𝙤 𝙖 𝙩𝙧𝙖𝙫é𝙨 𝙙𝙚 𝙪𝙣𝙖 𝙚𝙣𝙩𝙧𝙚𝙜𝙖 𝙖𝙡 𝙨𝙚ñ𝙤𝙧í𝙤 𝙙𝙚 𝙅𝙚𝙨𝙪𝙘𝙧𝙞𝙨𝙩𝙤.
El Bautismo en el Espíritu Santo 𝗿𝗲𝗮𝘃𝗶𝘃𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝘀𝗮𝗰𝗿𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗯𝗮𝘂𝘁𝗶𝘀𝗺𝗼 𝘆 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗶𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶ó𝗻, 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗶𝘇𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶ó𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝘆 𝗹𝗮 𝗜𝗴𝗹𝗲𝘀𝗶𝗮, 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗼 𝗰𝘂á𝗹 𝗲𝗹 fiel 𝗲𝘀 𝗱𝗼𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝘀𝗽𝗶𝗿𝗶𝘁𝘂𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗹 𝘀𝗲𝗿𝘃𝗶𝗰𝗶𝗼 𝘆 𝗹𝗮 𝗺𝗶𝘀𝗶ó𝗻.
¡Ven Espíritu Santo! ¡Renueva tus maravillas como en aquel Pentecostés!