19/07/2026
Domingo 19 Julio
Escuela Dominical
Tema: La Gracia de ser Hijos de Dios y el peligro de perder la sensibilidad espiritual por el engaño del pecado.
Como hijos de Dios gozamos de un hermoso privilegio, un privilegio que ni aun los ángeles tienen de ser llamados: HIJOS DE DIOS, por lo tanto, es de vital importancia comprender y valorar esta grande bendición que hemos alcanzado, un privilegio que no es por obras, tampoco por riquezas materiales, ni por una belleza material, NO, esta bendición la hemos alcanzado por Gracia de Dios.
En cada uno de nosotros debe de existir un cuidado: "No perder la sensibilidad de un hijo de Dios"
¿Y qué es la sensibilidad? La sensibilidad del hijo de Dios no debemos definirla como una emoción pasajera o el hecho de llorar con facilidad, no, la sensibilidad del hijo de Dios va mas allá, es algo más profundo que una simple emoción, es la capacidad que conserva el corazón para percibir la voz de Dios, responder a ella y dejarse transformar por su gracia.
La sensibilidad espiritual es la condición de un corazón que no ha perdido la capacidad de ser conmovido por el amor de Dios, corregido por su palabra y guiado por el Espíritu Santo.
Un corazón sensible es aquel que todavía se estremece cuando Dios le habla; que aun siente dolor por el pecado, que tiene gratitud a Dios por su gracia y deseo de agradar a su Padre Celestial.
Un corazón sensible tiene 4 capacidades muy importantes:
-Se conmueve al recordar la Gracia de Dios. No considera normal o común el haber sido llamado hijo de Dios.
-Se duele cuando peca. No justifica su pecado, ni endurece su conciencia.
-Escucha la corrección. No se ofende cuando es exhortado por medio de la Palabra de Dios.
-Responde con obediencia. No solo oye, sino que cambia su manera de vivir.
En contraste, un corazón endurecido deja de experimentar esas mismas cuatro capacidades:
-Ya no le conmueve la gracia de Dios.
-Ya no le duele ofender o pecar contra Dios.
-Ya no acepta la corrección.
-Ya no cambia, aunque escuche la verdad.
Por eso debe de existir en nosotros un sumo cuidado por no perder esa sensibilidad espiritual y que nuestro corazón se haga duro.
Hebreos 3:12 Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; 13 antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.
Esa sensibilidad se pierde por el pecado, porque:
El pecado engaña.
El engaño endurece al corazón.
El corazón endurecido pierde esa sensibilidad espiritual.
El hermano o hermana deja de responder a Dios como lo hacía antes.
Carta Apostólica:
Pero hay otra forma en la cual el pecado existe. Es una forma velada a los ojos del hombre, pero que, al fin, como dice el texto, no pueden permanecer ocultas.
Sin embargo, es muy peligrosa, pues ahí encontramos envidia, celos, odio, amargura, egoísmo, soberbia, necedad, malicia, rencor. Todos estos pecados aparentemente no se ven.
Y el hombre logra, en ocasiones, esconder estos sentimientos más que los otros que mencioné antes, y que son verdaderamente escandalosos.
Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García, Los Ángeles, Cal. a 15 de octubre de 2023
Examinemos nuestro corazón y busquemos que no haya soberbia, orgullo, envidias, celos, irás, busquemos su gracia con humildad y sinceridad.
Carta Apostólica:
Y entonces el alma comienza a hablar, porque no solo le pesa lo exterior, no solo le avergüenza lo que se ve.
Muchas veces lo que más le duele es lo que nadie mira: las manchas del corazón, los pensamientos que le acusaron, las palabras que no debió decir, los momentos en que falló, las ocasiones en que fue débil, las veces que prometió ser mejor y volvió a caer, las heridas que causó, las ofensas que cometió, los descuidos espirituales, la frialdad, la indiferencia, la falta de oración, la falta de gratitud, la falta de amor.
Y si por fuera te sientes desaliñado, si por fuera tu ropa no tiene la menor dignidad para sentarse a la mesa del Hijo de Dios, ¿Cómo estará el alma por dentro? El alma sí sabe que ha pecado; el alma sí comprende que ha ofendido a Dios, que no puede presentarse delante de Él con argumentos, con excusas, con apariencias o con justificaciones.
El alma sabe que Dios lo vio todo: vio lo que hiciste, vio lo que pensaste, vio lo que callaste, vio lo que escondiste. Vio tus lágrimas sinceras, pero también vio tus resistencias, tus esfuerzos, debilidades y oraciones. También vio tus distracciones, tu deseo de servirle, pero también vio cuántas veces te venció la carne.
Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García, Nueva York, N.Y. a 05 de Julio de 2026.