Rabáh RCCG

Rabáh RCCG ¡Bienvenidos hermanos y hermanas en Cristo Jesús!

Bendiciones hermanos!!
09/07/2017

Bendiciones hermanos!!

Dios te lo prometió, y se va a cumplir. Cuando peor se ven las cosas, es cuando más cerca está el cumplimiento de la promesa de Dios, porque la promesa de Dios solo puede cumplirse, cuando tú no puedes hacer nada para cumplir la promesa de Dios, porque no fuiste tú quien prometió, sino que fue Dios quien prometió que lo iba a hacer en tu vida y, cuando ya tú dices: No hay más nada que pueda hacer, solo me queda creer; prepárate, porque la promesa está más cerca de cumplirse de lo que tú jamás habías pensado.

Si hoy dices: Ya no hay más nada que yo pueda hacer; entonces dale gloria a Dios, porque ahora te puedes quitar del camino, y dejar que Dios haga lo que él dijo que él iba a hacer en tu vida. ¡Dios no es como nosotros! No dice mentira alguna ni cambia de parecer. Dios cumple lo que promete. Números 23:19
Cruz Velez Angie

29/06/2017

LA MUJER QUE UNGIÓ LOS PIES DE JESÚS

Luego se volvió hacia la mujer y le dijo a Simón: —¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para los pies, pero ella me ha bañado los pies en lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. Tú no me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con aceite, pero ella me ungió los pies con perfume.

LUCAS 7:44-46

La escena es una fiesta en casa de Simón el fariseo. Todas las personas apropiadas debieron de haber estado allí: amigos y conocidos que se enorgullecían de su santa manera de vivir, y quizá hasta unos pocos hombres de fe realmente importantes. Pero un huésped no invitado se abrió camino hasta allí, llevando un frasco de perfume. Se acercó hasta Jesús y, con el llanto del arrepentimiento, comenzó a ungir sus pies, primero con sus lágrimas, y después con el perfume.

Simón, que pensaba que Jesús era solamente un profeta, inmediatamente comenzó a cuestionar sus afirmaciones. Después de todo, si Jesús tuviera la sabiduría de Dios, ¿no podría saber lo que todos en Galilea ya sabían: que esa mujer era una terrible pecadora? Pero antes de que el fariseo pudiera hablar, Jesús confrontó sus pensamientos relatando una historia de dos hombres. Ambos tenía una deuda con un prestamista; uno debía quinientos denarios, el salario de unos quinientos días, mientras que el otro debía solamente cincuenta. Jesús preguntó: ¿Cuál de los dos le amaría más cuando el prestamista les perdonó la deuda?

El hombre religioso, un estudiante capaz aunque dudoso del punto que Jesús estaba estableciendo, respondió enseguida que suponía que sería el que tenía una mayor deuda.

Jesús hizo girar la atención de Simón hacia la mujer pecadora. Con amor reprendió a Simón por no haber proporcionado las costumbres de hospitalidad a un huésped: agua para limpiar sus
polvorientos pies. Pero ese fallo había abierto el camino para esa pecadora arrepentida, quien lavó los pies de Jesús con sus lágrimas y los ungió con el perfume. Y ella no se había detenido con esas señales de amor, sino que también besó sus pies. Debido a que le habían sido perdonados muchos pecados, Jesús le dijo al orgulloso religioso, ella amaba mucho. La clara implicación era que, ya que los pecados de Simón eran tan pocos (al menos eso pensaba él), él amaba poco.

Volviéndose a la mujer, Jesús dijo: “Tus pecados quedan perdonados” (Lucas 7:48), causando inmediatos susurros entre los honorables huéspedes. ¿Quién era ese hombre que afirmaba perdonar pecados? Ellos sabían que sólo Dios podía hacer eso; y se preguntaban qué estaba Jesús reclamando para sí mismo.

Para completar la lección, Jesús le dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz” (Lucas 7:50).

La Escritura no dice concretamente qué pecados cometió esta mujer. Pero muchos eruditos han llegado a la conclusión de que ella era pr******ta. ¡Qué final produjo ella para una fiesta muy correcta! Los invitados probablemente hablasen de ello durante días, si no semanas, y se preguntarían sobre Jesús, el hombre que la perdonó.

Para Jesús, estaba claro: no es cuánta cantidad de fe puedas aportar a una relación con Él, es cuánto perdón recibes cuando pones tus pecados a sus pies.

Lo que fue cierto para esta mujer pecadora es también cierto para nosotras. ¿Estamos nosotras, como Simón, sentadas orgullosamente sobre nuestra fe, pensando en que nuestras buenas obras conducen a la salvación? Si es así, ¡cuidado! Nuestras buenas obras son como trapos de inmundicia para nuestro perfecto Señor (ver Isaías 64:6). Nunca nos llevarán al cielo.

Pero si, como esta mujer, acudimos a Jesús conscientes de lo horroroso de nuestros pecados, pidiéndole que nos perdone, nuestras vidas son hechas nuevas de una manera que Simón, el orgulloso fariseo, puede que nunca haya conocido.

¿Quién somos nosotras en esta historia? ¿Simón y sus invitados? ¿O la mujer perdonada?

28/06/2017

Reconociendo mi 50%.

Mujer, amiga y esposa que orás; aprovechá este tiempo de soledad para que el Señor te muestre cuáles fueron las puertas abiertas, los descuidos y las fallas que provocaron llegar a esta situación en la que te encontrás hoy.
Y para evaluar qué lugar ocupó Jesucristo en tu vida y el lugar que Dios tuvo en tu matrimonio y hogar antes de la separación.
Salí de esa postura de que vuelva o lo traiga como sea; si eso le pediste a Dios, no va a suceder, porque Nuestro Padre no pone parches ni tapa agujeros, Él hace todas las cosas nuevas y lo llena todo!
Reconocer nuestra parte, siendo sinceras y dejándo de culpar al otro (él tendrá que dar cuentas de sus actos ante Dios) provocan que los cielos se abran a nuestro favor.
El comienzo de la restauración o reconstrucción de tu matrimonio y hogar, es un corazón humillado y reconocedor.

"El sacrificio que Él desea es un espíritu quebrantado; tú no rechazarás un corazón arrepentido y hecho pedazos, oh Dios"
salmos 51:17

Oramos por cada matrimonio y familia
Creemos que acá hay familias y matrimonios con propósitos.
Dios te bendiga.
Marisa y Juan.

No seamos  como la esposa de job seamos como job dios les bendice
27/06/2017

No seamos como la esposa de job seamos como job dios les bendice

LA ESPOSA DE JOB

Su esposa le reprochó: ¿Todavía mantienes firme tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete!

JOB 2:9

La pareja de Job no era exactamente “la esposa que apoya”. La crueldad de esas palabras la ha marcado para siempre como una mujer despiadada que no podía soportar el sufrimiento de su esposo ni confiar en que Dios sacaría algo bueno de ello.

Pero no nos unamos a la señora de Job en su insensibilidad. Delante de ella estaba un hombre que sufría en todo su cuerpo; hasta su aliento apestaba. Su futuro, juntamente con el de él, parecía haber aterrizado en un pozo negro. Ella había perdido a todos sus hijos y su esperanza de seguridad futura. La riqueza de su esposo parecía perdida para ellos. La tristeza agobiaba su alma por entero.

Ya que la muerte repentina se consideraba un castigo por maldecir a Dios, la esposa de Job le alentó a que blasfemara y pusiera fin al dolor rápidamente. Al buscar ella una salida rápida, Satanás utilizó al familiar más íntimo de Job para tentarlo. Afortunadamente, aun en su dolor, Job entendió que seguir el consejo de ella solamente empeoraría las cosas. Él decidió que su vida estaba firmemente en las manos de Dios, y que la dejaría ahí. Job no intentaría manipular a Dios.

Cuando el sufrimiento de Job termina, Dios le bendice de nuevo, haciéndole dos veces más rico que antes. El Señor hasta da a Job diez hijos más (ver Job 42:13). ¡Qué propio de Dios hacer pasar a un corazón de la tristeza a la alegría, mediante la confianza en Él!

Ya que la esposa de Job no vuelve a ser mencionada directamente, algunos han supuesto que los hijos después de la prueba de Job serían de otra esposa. Pero si la primera esposa de Job seguía estando con él, puede que su corazón se llenase de gozo por la recuperación de su esposo. Y Dios pudo haberla bendecido también, con la emoción de aquellas nuevas vidas.

De la esposa de Job aprendemos qué no hacer espiritualmente. Las pruebas y los problemas, ya sean irritantes o abrumadores, llegan para todos. De grandes pruebas, sin embargo, puede crecer una fe aún mayor; si no cedemos a la desesperación de la señora de Job.Mira la maravillosa experiencia que Job tuvo finalmente con Dios. Aunque su sufrimiento y los incesantes disparates de sus amigos ocupan la mayor parte del libro que lleva su nombre, al final Job entendió las inestimables profundidades de la grandeza de Dios.A medida que confiamos profundamente en el Señor, sigamos los pasos de Job. Aferrándonos al Señor descubrimos que nada puede separarnos de Él. Agarrándonos a nuestra integridad descubrimos, por el contrario, a Dios.

Bendiciones hermanos
25/06/2017

Bendiciones hermanos

SARA

Yo la bendeciré, y por medio de ella te daré un hijo. Tanto la bendeciré, que será madre de naciones, y de ella surgirán reyes de pueblos.

GÉNESIS 17:16

Dios prometió levantar una gran nación de una pareja que aún no tenía hijos, y prometió darles toda la tierra de Canaán como posesión para siempre. Por loco que eso pueda haber sonado, el esposo, Abram, y su esposa, Sarai, creyeron a Dios y, con su séquito, partieron para Canaán, la tierra prometida de Dios.

Después de haber estado allí un tiempo, llegó una hambruna, y Abram y Sarai se fueron a Egipto. Temiendo que los egipcios lo matasen para conseguir a su hermosa esposa, Abram pidió a Sarai que le permitiese llamarla su hermana. Eso era parcialmente verdad —ella era hija de su padre con otra mujer—, pero Abram no mencionó que ella era también su esposa.

Después de notar la sorprendente belleza de Sarai, Faraón la llevó a su palacio. Como respuesta, Dios afligió al gobernador egipcio y a su casa con enfermedades. Cuando Faraón descubrió el motivo, llamó a Abram y le expulsó junto con su esposa de Egipto.

Abram regresó a Canaán, donde Dios de nuevo le prometió tierra, que sería heredada por muchos descendientes. Pero Sarai, que tenía al menos sesenta y cinco años, aún no había tenido ni un sólo hijo.

A medida que pasaba el tiempo, Abram comenzó a preguntarse: “¿Pero dónde está este niño, Señor?” ¿Sería un sirviente quien se convertiría en su heredero? Dios prometió otra vez un hijo e hizo un pacto con Abram.

No es difícil imaginar las dudas que llenaban los pensamientos de la pareja. Pasaba el tiempo. Sus mejores años para la reproducción habían pasado, y no había ningún hijo a la vista. Por tanto, Sarai decidió generar un hijo por medio de su esclava, Hagar. El bebé sería considerado de Sarai, y quizá la promesa de Dios se cumpliría. Muy mal que ella no consultase a Dios antes de hacer esa elección, porque estaba llevando una gran angustia a su vida familiar.

Cuando Hagar se quedó embarazada, Sarai debió de haber comprendido que ella misma era la culpable de la incapacidad de ella y Abram para tener hijos. Las partes reproductoras de Abram estaban claramente funcionando. Cuando Hagar concibió, despreció a su señora. A cambio, Sarai trató a la sirvienta tan mal que Hagar huyó. Solamente la intervención de Dios le hizo regresar al campamento.

Después del nacimiento de Ismael, el hijo de Hagar, Dios confirmó su pacto con Abram y le puso por nombre Abraham. Sarai sería llamada Sara. Una vez más, Dios prometió que Sara tendría un hijo, y que sería la línea del pacto. Un año antes del nacimiento, tres misteriosos hombres aparecieron y prometieron a Abraham que Sara tendría un hijo. Sara, escuchando desde su tienda, se rió de la idea.

Antes de que naciera su hijo Isaac, Abraham demostró que no había aprendido ni una sola lección. Regresó al Neguev y dijo otra vez que Sara era sólo su hermana. Y de nuevo, un rey —esta vez de Gerar—la tomó. Pero Dios protegió a su pueblo, acercándose en un sueño para advertir a Abimélec de su mal sin intención. Por tanto, Sara fue enviada de nuevo a su esposo, junto con muchos regalos, para cubrir la ofensa.

Finalmente, en su ancianidad, Sara y Abraham tuvieron a Isaac. Pero Hagar y su hijo se pusieron celosos, así que Sara demandó que se fuesen. Dios le dijo a Abraham que siguiera el deseo de su esposa. La línea que Él había prometido era de Isaac, no de Ismael, aunque también él se convertiría en una gran nación.

Entonces llegó una gran prueba de fe. Dios ordenó a Abraham que sacrificase a este hijo de la promesa. La Escritura no menciona a Sara cuando relata este acontecimiento. Quizá ella no lo descubriera hasta después del hecho, cuando su hijo estaba a salvo. Pero podemos fácilmente imaginar sus emociones en la situación: el temor, la duda, y las preguntas fueron sustituidos por la certeza de la salvación de Dios.

Sara vivió hasta los 127 años de edad. Cuando murió, Abraham pidió a los heteos un sepulcro para ella, y ellos le ofrecieron el mejor que había disponible. Él compró un lugar escogido cerca de Mamre para su tan amada esposa.Ella no era perfecta, pero su Dios sí lo era. Aun después de que Sara cometiera un trágico error de juicio y tratara de tener un hijo de la manera equivocada, Dios confirmó sus promesas. Y Él la elogia en 1 Pedro 3:6, así que podemos suponer que ella era una mujer de verdadera fe, quien, bajo un estrés real, tuvo un fracaso moral.Al igual que Sara, no tenemos que ser perfectas para que Dios nos ame. Él ha escogido hacer eso, y no cambiará.

26/03/2017
Todo depende de Dios
20/03/2017

Todo depende de Dios

18/03/2017

Dios es más glorificado en ti, cuando tú estás más satisfecho en Él

10/03/2017

Dirección

Calle Pocitos
Veracruz
91757

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Rabáh RCCG publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir