28/04/2024
Según contó, en alguna ocasión su hermano, Ángel Infante: "Se encontraba Pedro trabajando en un gran cine de Caracas, Venezuela, cuando después de su actuación se le acercaron muy tímidas dos muchachas humildemente vestidas para hacerle una invitación a Pedro para que almorzara en la casa de ellas. Pedro aceptó fijando la fecha y la hora en que iría. El día acordado fuimos y cuál fue nuestra sorpresa al encontrarnos que el número y la calle coincidían con una mansión muy elegante, en pleno barrio residencial. Creímos que nos habían tomado el pelo, pero para cerciorarse tocó el timbre y las dos muchachas que lo habían invitado aparecieron. Hicieron la aclaración que ellas solo eran las sirvientas y que, como sus patrones habían salido de viaje, pensaron que él podría aceptarles la invitación para que almorzara con ellas en la cocina.
Como en película, a la hora en que nos encontrábamos disfrutando del almuerzo, tocaron el timbre de la calle y unos momentos después entraron los dueños de la casa. Las muchachas muy avergonzadas, dieron toda clase de disculpas y después presentaron a Pedro. La reacción de los dueños fue de alegría, porque también ellos sentían simpatía y admiración por mi hermano. Felicitaron a las sirvientas por haberlo invitado, pero las regañaron por haberlo pasado a la cocina y les ordenaron que prepararan la mesa con todo lo mejor que hubiera en la casa. Pedro, con toda atención les detuvo y les dijo: “Señores, agradezco infinito todas sus atenciones, pero esta vez he sido invitado por estas señoritas y si ustedes me estiman como su amigo, les ruego me acompañen a comer, pero que sea aquí en la cocina. Lo juro, ese día los dueños de la mansión comieron en la cocina junto con sus empleadas y Pedro”.