31/05/2022
“Las palabras vuelan, los ejemplos arrastran”
Se cuenta la historia de una madre que cansada de que su hijo comiera mucho dulce fue a ver a Mahatma Gandhi y le pidió que le dijera al niño que no comiera azúcar. Gandhi, después de una pausa le pidió a la madre que volviera con el niño pasadas dos semanas.
Dos semanas después, la mujer volvió con el hijo a visitar a Gandhi. Al verlos, Gandhi miró bien profundo en los ojos del muchacho y le dijo: “No comas azúcar”. La madre, agradecida pero perpleja, le preguntó a Gandhi por qué le había hecho esperar dos semanas para decirle solo eso. Gandhi le contestó: “Hace dos semanas, yo también estaba comiendo azúcar. “
Sea o no cierta la anécdota, nos sirve como reflexión para preguntarnos sobre el poder de las palabras y cómo éstas pueden llegar a influir, si bien éstas deben estar sustentadas por un comportamiento acorde con el mensaje si queremos ser sinceros y coherentes con nosotros mismos y los demás.
La coherencia entre lo dicho y lo hecho, entre la palabra y su plasmación en el hecho, convierte a la acción en la materialización del mensaje y en el refuerzo convincente.
Queridos hermanos en Cristo ¿Estamos siendo verdaderamente ejemplo para nuestros hijos, esposa (o), padres, hermanos, empleados, estudiantes, compañeros de trabajo, asociados, seguidores, y otros a nuestro alrededor?
Las personas que solo hablan podrán convencer a otros por un tiempo pero luego sus hechos apagaran su palabrería.
Las palabras realmente tienen su fortaleza en el ejemplo del que habla. No hay ejemplo, no hay fortaleza.
Hablamos mas fuertemente con nuestros hechos que con nuestra boca.
¿Quieres ser buen padre, esposo y líder? Entonces garantiza tus palabras con tu ejemplo.
Mateo 5:16…su conducta debe ser como una luz que ilumine y muestre cómo se obedece a Dios.