07/06/2026
LIBERTAD DE EXPRESIÓN
Democracia bajo asedio: El silencio que desangra a México
Por: Mtro. Salvador Coria / Periodista 07-junio-2026
hoy 7 de junio de 2026, celebramos en México el día de la libertad de expresión, por cierto, la libertad de expresión en México no es un derecho plenamente ejercido; es una SENTENCIA DE RIESGO LATENTE. En teoría, nuestra Constitución, en sus artículos 6º y 7, establece un blindaje sagrado: la manifestación de las ideas no puede ser objeto de inquisición y la libertad de difundir información es inviolable. Sin embargo, en la práctica, este pilar democrático se ha convertido en una fachada de papel frente a una realidad de plomo, leyes mordaza y una opacidad institucional asfixiante.
Establezcamos con claridad qué es la libertad de expresión. No es un privilegio gremial de los periodistas, sino el derecho de toda persona a investigar, recibir y difundir informaciones e ideas por cualquier medio. Es la "piedra angular" de la democracia, pues una sociedad que no está bien informada no es plenamente libre. Sus límites son claros y razonables: el respeto a la vida privada, la moral, la paz pública y la prohibición de discursos de odio que inciten a la violencia. Pero en México, estos límites se han pe******do para proteger al corrupto y castigar al denunciante.
El periodismo mexicano vive hoy bajo un asedio de tres capas: las balas, las leyes y la opacidad. Con 176 periodistas asesinados desde el año 2000 y una impunidad estructural del 90%, el mensaje de los poderes fácticos es demoledoramente nítido: matar a un periodista es fácil, barato y rara vez o nunca se castiga . Grupos Armados utilizan el terror para crear "zonas de silencio", pero no actúa solo en este ecosistema de censura con sus cómplices en el poder de los órdenes de gobierno.
Es indignante reconocer que el Estado mexicano es el principal agresor de la prensa, siendo responsable de más del 50% de los ataques documentados. Los poderes fácticos, tanto políticos como económicos, han sofisticado sus métodos. Ya no solo recurren a la violencia física; ahora utilizan el acoso judicial, convirtiendo el sistema de justicia en una herramienta de desgaste emocional y económico para silenciar investigaciones sobre corrupción. A esto se suma el uso perverso del presupuesto de PUBLICIDAD OFICIAL, como un bozal para premiar lealtades o castigar críticas, una forma de "censura legalizada" que corrompe la ética periodística con el infame "chayo".
Para detener esta hemorragia democrática y frenar la injerencia de las mafias y las élites capturadoras, se requieren acciones legislativas y ejecutivas inmediatas e impostergables:
1. Regulación Federal, Estatal y Municipal de la Publicidad Oficial: Es imperativo legislar para establecer criterios objetivos, transparentes y claros en la asignación de recursos públicos a los medios. El dinero del pueblo no debe servir para comprar silencios ni para financiar propaganda disfrazada de periodismo.
2. Despenalización Total de los Delitos contra el Honor: Se debe eliminar de todos los códigos penales estatales las figuras de difamación y calumnia. Estas controversias deben resolverse exclusivamente por la vía civil bajo el estándar de la "real malicia", evitando que el periodista enfrente la amenaza de la cárcel por informar sobre funcionarios públicos.
3. Fortalecimiento del Mecanismo de Protección: El mecanismo actual es tildado de burocrático e inoperante. Se requiere una reforma que garantice presupuestos suficientes y pase de un enfoque REACTIVO, a uno PREVENTIVO, atacando las causas del riesgo antes de que se conviertan en tragedia.
4. Autonomía y Garantía del Derecho a Saber: La desaparición de organismos autónomos de transparencia es un retroceso criminal. México necesita instituciones independientes que obliguen a las autoridades a rendir cuentas, eliminando las reservas arbitrarias por seguridad nacional o información privada que solo esconden corrupción en el desempeño gubernamental.
5. Combate a la Vigilancia Ilegal: Se debe prohibir y sancionar severamente el uso de tecnologías de espionaje contra voces críticas. Un Estado que espía a sus periodistas es un Estado que ha renunciado a la democracia.
Sin estas medidas, el periodismo seguirá siendo una labor de mártires y no de profesionales. La libertad de expresión se está desangrando en las regiones, donde la precariedad laboral y la colusión entre autoridades y delincuencia dejan a los reporteros en la absoluta soledad. Si permitimos que el silencio se institucionalice, no solo perderemos a los periodistas; perderemos la capacidad de llamarnos un país democrático. Es hora de elegir: o protegemos la verdad, o aceptamos el imperio de las sombras.