HISTORIA
En el año 2006 un grupo de personas asistimos a varios retiros espirituales con sacerdotes católicos de diferentes diócesis y la gracia de Dios hizo que nuestra fe se avivara y comenzamos a fortalecer el tesoro que es el de pertenecer a la Iglesia Católica, la Única y Santa. Comenzamos a apreciar los sacramentos, a vivir la Palabra, a tener la necesidad de perdonar y pedir perdón. Coinci
dimos en que nos gustaría y sentíamos realmente la inquietud de orar por los sacerdotes, ayudarlos, defenderlos, comprenderlos pues sin ellos, nos dimos cuenta que no habría sacramentos principalmente la Eucaristía, de la cual nos sentíamos profundamente atraídos. El 29 de febrero del año 2008 nos presentamos ante el Sr. Obispo Don Javier Navarro Rodríguez con un documento en mano donde le expresamos nuestro deseo e inquietud de conformar un apostolado al servicio de la Iglesia Diocesana. El 25 de marzo del 2009, el Sr. Obispo confirmó que dicho apostolado era del agrado del Señor Jesús, pues sus sacerdotes son la porción más amada de su corazón, refiriéndonos a la Parroquia de “Nuestra Señora del Perpetuo Socorro” bajo la asesoría espiritual del Sr. Cura Manuel Navarro Temores. Actualmente contamos con más de 30 socios adultos, jóvenes y nuestro mayor tesoro los niños. También contamos con un ministerio de música ya que nuestro grupo se distingue por alabar al santísimo sacramento con cantos de adoración y alabanza. Todo bajo la asesoría espiritual del Sr. Cura Víctor Manuel Rincón Torres, nuestro pastor, y la coordinación de la Señora Rosalba Díaz Flores. POR QUÉ PEQUEÑOS JUANES
Pequeños Juanes, porque Juan recibe de Jesús la encomienda de cuidar a María y así atendiéndola, gozó de la cercanía y atenciones de la Madre. Y nosotros hemos de llevar a María a nuestra casa, como madre y reina de nuestra familia, de nuestra vida y de nuestra voluntad. Pequeños Juanes, porque Juan es el discípulo que recostando su cabeza en el pecho de Jesús escucha, contempla, y vibra en comunión de amor con el sacratísimo corazón del Amado. Juan es el discípulo del Evangelio del Amor y nosotros, por su gran misericordia, queremos experimentar ese amor en un encuentro íntimo y personal, y testimoniarlo con nuestras obras en la vida cotidiana, pues sabemos que “el que ama a Dios y no ama a sus hermanos es un mentiroso”. Somos Pequeños Juanes, porque no solo queremos reposar en el corazón de Jesús, a la escucha de sus confidencias más íntimas, sino también le ofrecemos nuestro pobre corazón, para que Él descanse en nosotros, por medio de la oración y el servicio, el ayuno, la penitencia y la entrega de nuestra propia voluntad.