Iglesia Adventista Central de Umán Uno.

Iglesia Adventista Central de Umán Uno. Llevamos la palabra de Dios hasta el Último Rincón de la Tierra

Recuerda venir a adorar a nuestro creador, con alabanzas el día de hoy.
24/05/2026

Recuerda venir a adorar a nuestro creador, con alabanzas el día de hoy.

Este 24 de Mayo a las 7:30 pm. En la Iglesia Central de Umán uno. Tendremos un concierto, Te invitamos para alabar juntos a nuestro DIOS.

23/05/2026

Bello es alabar a nuestro Dios.

Culto divino, sábado 23 de Mayo.
23/05/2026

Culto divino, sábado 23 de Mayo.

Devocional y repaso escuela sabática. Lección. No.8 “ La Fe” «La fe es la certeza de lo que esperamos, la convicción de ...
23/05/2026

Devocional y repaso escuela sabática. Lección. No.8 “ La Fe” «La fe es la certeza de lo que esperamos, la convicción de lo que no vemos» (Heb. 11: 1)

¡Feliz sábado.! Te esperamos con los brazos abiertos en la casa de nuestro Dios. Iniciamos 8:30 am con el devocional, po...
23/05/2026

¡Feliz sábado.! Te esperamos con los brazos abiertos en la casa de nuestro Dios. Iniciamos 8:30 am con el devocional, posteriormente ejercicio de canto y repaso de escuela sabática. Y a las 11 am iniciamos el culto divino.

“LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO NO SERÁ COMO LA PRIMERA VEZ QUE VINOLa segunda venida de Cristo no será como la primera vez...
23/05/2026

“LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO NO SERÁ COMO LA PRIMERA VEZ QUE VINO

La segunda venida de Cristo no será como la primera vez que vino, porque la primera vez caminó entre hombres pecadores, soportó rechazo, fue perseguido, escupido, golpeado y crucificado por la misma humanidad que vino a salvar; pero cuando vuelva otra vez ya no vendrá como el cordero llevado al matadero, ahora vendrá como Rey, con autoridad, con gloria y con juicio sobre toda la tierra. La primera vez muchos no entendieron quién era. Lo vieron como hijo de carpintero, como un hombre sencillo caminando por caminos polvorientos, comiendo con pecadores y hablando del reino de Dios. Muchos se burlaron de Él, otros lo despreciaron y otros pensaron que podían callarlo clavándolo en una cruz. Pero la segunda vez no habrá hombre que pueda levantar la mano contra Él, porque la Biblia enseña que todo ojo le verá y toda rodilla se doblará delante de su presencia. Filipenses 2:10-11 dice que en el nombre de Jesús se doblará toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor.

La humanidad se ha acostumbrado a escuchar sobre la segunda venida como si fuera una historia lejana o una enseñanza para meter miedo, pero la Escritura habla de ella como una realidad que partirá el tiempo humano. Hechos 1:11 dice: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. No habla de otro Cristo ni de una fuerza invisible perdida en el universo; habla del mismo Jesús que resucitó, del mismo que venció la muerte y del mismo que prometió regresar. El problema es que mucha gente quiere un Cristo que bendiga, ayude y perdone, pero no quieren pensar en el Cristo que también vendrá a juzgar. Quieren la misericordia, pero rechazan la obediencia. Quieren consuelo, pero no quieren dejar el pecado. Y por eso el corazón de muchos se ha enfriado, porque viven como si jamás fueran a rendir cuentas delante de Dios.

La primera vez Cristo vino a buscar y salvar lo que se había perdido. Se acercó al enfermo, al rechazado, al cansado, al pecador arrepentido. Lloró con los que sufrían, tuvo misericordia y enseñó el camino de la vida eterna. Pero cuando vuelva, la tierra ya habrá escuchado suficiente. El evangelio habrá sido predicado, la verdad habrá sido anunciada y el hombre ya no tendrá excusa para decir que nunca escuchó de Cristo. Mateo 24:30 dice que aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra. Ese lamento será de quienes vivieron creyendo que podían seguir ignorando a Dios sin consecuencia alguna. Hoy muchos viven atrapados en el orgullo, entretenidos con el mundo, confiados en el dinero, en el placer, en la tecnología o en sus propias fuerzas, pensando que todo seguirá igual; pero el día de Cristo llegará y nadie podrá detenerlo.

La segunda venida de Cristo también revela que esta tierra no seguirá gobernada para siempre por la injusticia humana. Hoy parece que muchas veces el mal avanza sin freno, que el pecado se celebra y que los que buscan a Dios son vistos como exagerados o atrasados. Pero la Escritura enseña que Cristo volverá a poner orden donde el hombre llenó todo de corrupción. 2 Timoteo 4:1 dice que Él juzgará a vivos y mu***os en su manifestación y en su reino. Eso significa que no habrá mentira escondida, ni pecado oculto, ni doble vida que permanezca cubierta delante de sus ojos. El hombre puede engañar personas, aparentar santidad, fingir bondad y ocultar intenciones, pero delante de Cristo todo quedará descubierto.

Muchos creen que todavía tienen tiempo de sobra para arrepentirse. Piensan que primero van a disfrutar el mundo y después buscarán a Dios, que primero vivirán a su manera y luego se preocuparán por el alma. Pero Jesús habló claramente diciendo que su venida sorprenderá a muchos como ladrón en la noche. No porque Cristo actúe con engaño, sino porque el corazón humano vive distraído. La gente se acostumbra tanto a esta vida que deja de pensar en la eternidad. Así pasó en tiempos de Noé. Comían, trabajaban, hacían planes, se casaban y seguían viviendo normalmente mientras ignoraban la advertencia del juicio que venía. Y cuando cayó la lluvia ya era demasiado tarde. Hoy pasa algo parecido. El mundo sigue avanzando mientras millones viven sin pensar que un día estarán delante de Dios.

Cuando Cristo vuelva, los primeros que resucitarán serán los mu***os en Él. 1 Tesalonicenses 4:16 declara: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los mu***os en Cristo resucitarán primero”. Esa palabra trae esperanza para quienes murieron creyendo, para quienes permanecieron firmes en medio de pruebas, persecuciones y sufrimientos. La muerte no tendrá la última palabra sobre aquellos que pertenecen a Cristo. Por eso el creyente no vive solamente mirando esta vida terrenal; vive esperando la promesa del Señor. Mientras el mundo teme perder todo aquí abajo, el hijo de Dios entiende que existe una eternidad mucho más grande que cualquier cosa material.

Pero también hay una advertencia seria en este tema. No todos estarán preparados para la venida de Cristo. Jesús habló de vírgenes prudentes y de vírgenes insensatas, habló de siervos vigilantes y de otros que se confiaron demasiado. Hay personas que dicen creer, pero viven dormidas espiritualmente. Hablan de Dios, pero ya no oran. Escuchan predicaciones, pero no obedecen. Conocen versículos, pero siguen alimentando el pecado. Y el peligro de acostumbrarse al evangelio sin rendirse verdaderamente es que el corazón deja de temblar delante de Dios. La segunda venida no será un espectáculo para entretener curiosos; será el día donde quedará claro quién realmente caminó con Cristo y quién solo jugó con las cosas espirituales.

Cristo no regresará para volver a ser humillado. No volverá para que lo juzgue Pilato, ni para que los hombres decidan qué hacer con Él. Esta vez será Él quien juzgue a las naciones. Apocalipsis lo muestra viniendo con poder, gloria y autoridad. Y aunque muchos hoy se burlen de esa verdad, llegará el momento donde toda boca será cerrada. El hombre que pasó años diciendo que no necesitaba a Dios entenderá demasiado tarde que la vida no era eterna aquí abajo. El que se rio del evangelio verá que aquello que despreciaba era la única salida para salvar el alma.

La segunda venida de Cristo importa porque obliga al hombre a despertar. Obliga a mirar la vida más allá del dinero, del trabajo, de las preocupaciones diarias y de los placeres temporales. Obliga a preguntarse cómo está el corazón delante de Dios. Porque no bastará decir “yo escuchaba predicaciones” o “yo sabía de Cristo”. Lo importante será si hubo obediencia, arrepentimiento y fe verdadera. Mucha gente cree que seguir a Cristo es una opción más entre muchas cosas de la vida, pero el día que Él vuelva quedará claro que era el único camino de salvación.

El mundo entero verá a Cristo regresar, pero no todos lo verán de la misma manera. Para unos será esperanza cumplida; para otros será terror. Los que vivieron esperando su venida levantarán la cabeza con gozo. Los que rechazaron el llamado de Dios desearán esconderse. Y ahí se cumplirá lo que dice Apocalipsis 1:7: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá”. No será un evento escondido, ni un rumor, ni una imaginación humana. Será el día donde el Rey de gloria volverá y toda la tierra entenderá que Jesucristo siempre fue Señor, aunque muchos hayan pasado su vida ignorándolo.”

Cierre de campañas de grupos pequeños.
23/05/2026

Cierre de campañas de grupos pequeños.

Este 24 de Mayo a las 7:30 pm. En la Iglesia Central de Umán uno. Tendremos un concierto, Te invitamos para alabar junto...
22/05/2026

Este 24 de Mayo a las 7:30 pm. En la Iglesia Central de Umán uno. Tendremos un concierto, Te invitamos para alabar juntos a nuestro DIOS.

Inician las campañas de barrio de grupos pequeños. De esta última semana.
19/05/2026

Inician las campañas de barrio de grupos pequeños. De esta última semana.

“¿POR QUÉ JESÚS NO APEDREÓ A LA MUJER ADÚLTERA?Que la paz del Señor esté con todos ustedes. Hoy quiero hablarles de una ...
18/05/2026

“¿POR QUÉ JESÚS NO APEDREÓ A LA MUJER ADÚLTERA?

Que la paz del Señor esté con todos ustedes. Hoy quiero hablarles de una de las historias más fuertes y más humanas de todo el evangelio. Una historia que mucha gente ha leído, pero que no todos han entendido realmente. Porque cuando uno llega a Juan capítulo 8 y ve que traen delante de Jesús a una mujer sorprendida en adulterio, inmediatamente aparece una pregunta: ¿por qué Cristo no permitió que la apedrearan si la ley lo mandaba? ¿Por qué Jesús no tomó una piedra? ¿Por qué defendió a aquella mujer si ella sí había pecado? Y ahí es donde este pasaje empieza a revelar algo profundo sobre el corazón humano, sobre la religión endurecida y sobre la misericordia de Dios.

La Biblia dice que los escribas y los fariseos trajeron a una mujer sorprendida en adulterio y la pusieron en medio. Imagínese ese momento. Aquella mujer fue arrastrada delante de todos, expuesta públicamente, señalada por hombres que ya habían decidido lo que merecía. Nadie la llevó para restaurarla. Nadie estaba pensando en ayudarla a levantarse. La llevaron para humillarla y también para usarla como una trampa contra Jesús. Por eso le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres; tú, pues, ¿qué dices?” (Juan 8:4-5). Aquellos hombres pensaban que habían atrapado a Cristo. Si Jesús decía que no la apedrearan, podían acusarlo de ir contra la ley. Y si decía que la mataran, entonces ya no podrían señalarlo como alguien lleno de misericordia. Ellos no buscaban justicia; buscaban destruir.

Y aquí hay algo que pesa mucho cuando uno lee este pasaje. Aquellos hombres conocían la ley, pero no conocían el corazón de Dios. Porque sí, el adulterio era pecado. Cristo nunca dijo que aquella mujer era inocente. Pero aquellos religiosos se sentían limpios mientras cargaban piedras listas para destruir la vida de alguien más. Eso pasa todavía hoy. Hay personas que se vuelven expertas en señalar pecados ajenos mientras esconden perfectamente los propios. Les duele más la caída del otro que su propia condición delante de Dios. Son rápidos para condenar, pero lentos para tener misericordia. Y lo más duro es que muchas veces usan la misma Biblia para atacar, no para restaurar.

Entonces la Escritura dice que Jesús se inclinó hacia el suelo y escribía con el dedo en la tierra. Y mientras aquellos hombres seguían insistiendo, Cristo se levantó y dijo unas palabras que atravesaron el orgullo de todos los que estaban ahí: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra” (Juan 8:7). En ese momento todo cambió. Porque ya no se trataba solamente de la mujer; ahora cada hombre tenía que mirarse a sí mismo antes de levantar la mano. Y eso sigue confrontando hoy. Es fácil hablar de los errores ajenos cuando uno nunca se examina delante de Dios. Es fácil señalar adulterio, mentira, vicios o pecados visibles mientras el corazón sigue lleno de orgullo, rencor, hipocresía o doble vida. Por eso Romanos 3:23 dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Todos necesitan misericordia. Todos necesitan perdón.

La Biblia dice que comenzaron a salir uno por uno, empezando desde los más viejos hasta los últimos. Las piedras fueron cayendo al suelo porque la conciencia empezó a hablar. Y aquí aparece una de las partes más impresionantes del relato: el único hombre que realmente podía condenarla era Jesús. Él sí estaba limpio. Él sí nunca pecó. Él sí tenía autoridad moral para ejecutar juicio perfecto. Pero no levantó ninguna piedra. Cuando todos se fueron, Cristo quedó solo con aquella mujer y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?” Ella respondió: “Ninguno, Señor”. Entonces Jesús dijo las palabras que han dado esperanza a millones de personas quebradas: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:10-11).

Y aquí está lo que muchos no entienden. Jesús no justificó el pecado de aquella mujer. No dijo que el adulterio estaba bien. No cambió la verdad para hacer sentir cómoda a la gente. Pero tampoco vino para destruirla. Cristo vino para rescatar lo que estaba perdido. Vino para darle una oportunidad de levantarse. Porque el evangelio no consiste en aplastar al pecador, sino en llamarlo al arrepentimiento y mostrarle que todavía hay esperanza en Dios. “Ni yo te condeno” muestra la misericordia de Cristo, pero “vete y no peques más” muestra que el perdón verdadero también llama a una vida diferente. La gracia no es permiso para seguir igual. La gracia es la oportunidad de comenzar de nuevo.

Eso es lo que hace diferente a Jesús de la religión endurecida. La religión muchas veces disfruta exponer, señalar y avergonzar. Cristo confronta, sí, pero también restaura. Él no ignora el pecado, pero tampoco reduce a una persona a su peor caída. Mientras todos veían una mujer marcada por su error, Jesús vio una vida que todavía podía ser transformada. Y eso sigue pasando hoy. Hay personas que creen que ya no tienen remedio, que Dios ya no puede levantarlas, que el pasado ya definió completamente su vida. Pero Juan capítulo 8 demuestra que la misericordia de Cristo sigue siendo más grande que la vergüenza humana.

También este pasaje confronta al que vive señalando a otros. Porque muchos cargan piedras invisibles en el corazón. Piedras de juicio, de desprecio, de condenación. Critican pecados visibles mientras esconden pecados privados. Hablan de la caída de otros como si ellos nunca hubieran necesitado misericordia. Pero cuando alguien realmente entiende lo que Dios le ha perdonado, deja de sentirse dueño de piedras. Empieza a mirar a otros con verdad, sí, pero también con humildad.

Y algo más fuerte todavía: Jesús no dejó a aquella mujer tirada en el suelo de la vergüenza. Le habló de futuro. Le mostró que podía levantarse y caminar diferente. Porque cuando Cristo perdona, también transforma. Segunda de Corintios 5:17 dice: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron”. El Señor no solamente limpia el pasado; también da fuerza para vivir de otra manera.

Por eso Juan 8:3-11 no es solamente la historia de una mujer sorprendida en adulterio. Es el retrato de lo que pasa cuando el pecado humano se encuentra con la misericordia de Dios. Es la historia de hombres religiosos que querían destruir y de un Salvador que vino a rescatar. Es la prueba de que Cristo no aprueba el pecado, pero tampoco rechaza al que llega arrepentido delante de Él.

Y aquí queda la pregunta que cada persona debe hacerse delante de Dios: ¿con quién te pareces más? ¿Con los hombres que cargaban piedras para condenar o con la mujer que necesitaba misericordia? Porque tarde o temprano todos terminamos necesitando escuchar esas palabras que solo Cristo puede decirle al alma quebrada: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más.”

Te hacemos una cordial invitación, para ti y tu apreciable familia e invitados. Para que asistan a la campaña pública. D...
17/05/2026

Te hacemos una cordial invitación, para ti y tu apreciable familia e invitados. Para que asistan a la campaña pública. Del 24 al 29 de Mayo. Cristo les está esperando.

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