23/08/2026
“Lea es una de las mujeres más importantes del libro de Génesis. Su historia habla de rechazo, comparación, dolor, maternidad y, sobre todo, de cómo Dios ve a quien se siente menospreciado.
Lea era hija de Labán, hermana mayor de Raquel y primera esposa de Jacob. Jacob, sin embargo, estaba enamorado de Raquel. Había trabajado siete años para casarse con ella, pero Labán lo engañó y le entregó primero a Lea. Después Jacob también se casó con Raquel y la amó más que a Lea (Génesis 29:16-30).
La Biblia no esconde el dolor de Lea:
“Y vio Jehová que Lea era menospreciada…”
— Génesis 29:31
Dios vio aquello que quizá los demás no veían: el corazón herido de una mujer que deseaba ser amada. Mientras Raquel era estéril en ese momento, Dios permitió que Lea tuviera hijos.
Lea tuvo a Rubén, Simeón, Leví y Judá. Los nombres que puso a sus primeros hijos muestran cuánto anhelaba el amor de Jacob. Cuando nació Rubén, pensó que ahora su marido la amaría. Con Simeón reconoció que Dios había oído que era menospreciada. Con Leví volvió a esperar que Jacob se uniera más a ella.
Pero con su cuarto hijo ocurre algo muy significativo. Lea lo llamó Judá y dijo:
“Esta vez alabaré a Jehová.”
— Génesis 29:35
Hay un cambio en sus palabras. Ya no está diciendo: “Ahora mi marido me amará”. Esta vez su mirada se dirige hacia Dios.
Y precisamente de Judá, el hijo que nació cuando Lea decidió alabar a Dios, vendría siglos después la línea del rey David y, finalmente, Jesucristo (Mateo 1).
Lea también tuvo después a Isacar, Zabulón y una hija llamada Dina. Además, su sierva Zilpa tuvo a Gad y Aser dentro de la familia de Jacob.
La historia de Lea deja una enseñanza hermosa: ser menospreciada por una persona no significa ser menospreciada por Dios. Jacob pudo preferir a Raquel, pero Dios vio a Lea, escuchó su dolor y le dio un lugar extraordinario dentro de la historia bíblica.
Lea pasó gran parte de su vida buscando que alguien la escogiera, pero su historia demuestra que Dios ya la había visto y escogido para un propósito que ella probablemente ni siquiera alcanzaba a imaginar.
Y hay un detalle final muy significativo: cuando Lea murió, fue sepultada en la cueva de Macpela, donde estaban Abraham y Sara, y donde posteriormente también sería sepultado Jacob (Génesis 49:29-32).
Reflexión para la mujer:
No midas tu valor por quién te prefiere, quién te rechaza o quién parece recibir lo que tú deseas. Lea se sintió segunda ante los ojos de un hombre, pero nunca fue invisible ante los ojos de Dios. A veces, mientras lloras por no ser escogida por alguien, Dios está escribiendo a través de ti una historia mucho más grande de la que puedes ver.”