06/04/2026
CUIDADO DE LA OLLA… ¿QUÉ COMES?
2 Reyes 4:40
Hay hambre que no se quita con pan.
Hay vacíos del alma que la gente intenta llenar con cualquier cosa: contenido, entretenimiento, opiniones, tendencias, conversaciones, redes sociales, deseos desordenados y doctrinas mezcladas.
En 2 Reyes 4:40, los hijos de los profetas comieron del guisado y gritaron:
“¡Varón de Dios, hay muerte en esa olla!”
Porque no todo lo que alimenta… nutre.
Y no todo lo que entra a tu vida… viene de Dios.
Hay ollas que parecen inofensivas, pero están contaminadas.
Palabras que entretienen, pero envenenan.
Ambientes que emocionan, pero corrompen.
Relaciones que abrazan tu carne, pero ahogan tu espíritu.
Contenido que despierta tu mente, pero mata tu discernimiento.
El problema no siempre es que tienes hambre.
El problema es qué estás permitiendo entrar en tu olla.
Porque tarde o temprano, aquello de lo que te alimentas…
termina formando tu pensamiento,
tu carácter,
tu fe,
tu lenguaje,
y tu destino.
Hay personas comiendo amargura todos los días.
Otros se alimentan de pornografía, chisme, orgullo, resentimiento, incredulidad, comparación y vanidad.
Y luego se preguntan por qué ya no sienten pasión por Dios,
por qué se secó su oración,
por qué perdieron paz,
y por qué su alma se siente pesada.
No todo lo viral es sano.
No todo lo popular es limpio.
No todo lo que te gusta te conviene.
Y no todo lo que entra por los ojos, por los oídos o por el corazón… debe quedarse dentro de ti.
Tu alma también tiene una olla.
Y lo que echas en ella hoy, será lo que hervirá mañana.
Por eso, revisa tu mesa.
Revisa tu olla.
Revisa tu dieta espiritual.
Porque cuando el in****no no puede destruirte de golpe,
muchas veces intenta contaminarte poco a poco.
Pero la buena noticia es que Dios todavía purifica lo que parecía perdido.
Él todavía sana lo que fue contaminado.
Él todavía limpia la olla.
Él todavía restaura el apetito por lo santo.
Hoy es día de dejar de comer muerte disfrazada de placer.
Hoy es día de volver al pan limpio del cielo.
Hoy es día de discernir lo que estás consumiendo.
Porque si hay muerte en la olla… no se puede seguir comiendo como si nada.