27/08/2026
Los santos Ángeles miran con especial interés a las almas en el Purgatorio. Muchos de ellos son guardianes de esas almas y esperan el momento de su liberación ara llevarlas al Paraíso, finalmente. Otros han sido por devotos que los invocaban con fe en vida. Otros son coros enteros, que también eran invocados por los devotos ahora retenidos. San Miguel, como Príncipe del Purgatorio y Nuestra Señora como Regente, en cumplimiento con el querido oficio atribuido a él por la Iglesia en la Misa de Difuntos, considera un homenaje para sí mismo, toda obra en favor de las Benditas Almas y si es verdad que un corazón celoso es siempre prueba de uno agradecido, el magnífico espíritu nos recompensará un día en su propio estilo principesco y puede ser, dentro de los límites de esta jurisdicción.
El luto es duro y siempre aparece algún objeto o recuerdo que nos hace evocar tal o cual ser querido. Es posible hacer ese dolor muy fructífero si hacemos buenas obras en su beneficio. Eso también contribuye a ir dando buen carril al propio sufrimiento por la pérdida. “Recuérdame frente a Dios” fue el pedido de Santa Mónica a su hijo. Ese puede ser el pedido de nuestros queridos ausentes. Es que el único recuerdo que les beneficia es el que se hace frente a Dios. Por eso el Padre Pío aconsejaba “Si se hace presente la querida memoria de un difunto, encomiéndalo sin demora, al Señor”. Rézale, entonces y encomiéndaselos ya que Él puede liberarlos sólo con una palabra. Oye sus ruegos desde el más allá: “Oh tú, con quien pasamos tantos momentos, en aquellos años que pasaron tan rápidamente, cuando estábamos juntos y compartíamos alegrías y tristezas y nos declarábamos nuestro cariño y amor, nos olvidas, sólo porque no nos ves, justo ahora que más necesitamos tus oraciones”. El Señor bendecirá tu caridad y, en retorno te otorgará gracias y bendiciones. Al interceder por ellas, también trabajamos por nosotros ya que tarde o temprano, un día llegará en que nuestros compañeros, amigos y familiares llorará sobre nuestra tumba, entonces el Señor, recordará tus plegarias.
Santa Brigita de Suecia tuvo una visión del Purgatorio y se observaba el alma de los justos purificada de la más mínima mancha, como el hierro en el horno. Nos cuenta que escuchó la voz de un ángel pidiendo la bendición de Dios. Sobre aquellos cristianos caritativos que se preocupan por liberar almas del Purgatorio. Cuando se oyó la voz, subió un gemido piadoso de gran multitud de almas. Suplicaban al Juez Eterno que olvidara sus muchos pecados, que aplicara los méritos de Su Sagrada Pasión y que los admitiera en Su presencia. De repente una luz misteriosa se abrió paso en la oscura prisión. Era el anuncio de su pronta liberación y las Pobres almas saludaban con gritos de alegría. Pero ellas no olvidarán sus benefactores, por el contrario, piden al Santísimo Redentor que les recompense cien veces a una, la caridad de aquellos que rezaron por ellas.
Extraído de “30 Days for the Holy Souls- Stories about Purgatory and what they Reveal “ Compiled from Traditional sources by an ursuline Nun of Sligo, Ireland-