08/06/2026
ADVOCACION A LA VIRGEN NIÑA o DIVINA INFANTITA
1. HISTORIA de la veneración a la Divina Infantita
Imagen Venerada en la Parroquia San Pedro Apóstol Tejupilco, México
En dicho Convento residían las religiosas de la Orden de la Inmaculada Concepción. Cuenta la historia que en el Convento de la Inmaculada Concepción de San José de Gracia, ubicado en la Cd. de México, vivió una religiosa llamada Magdalena de San José, quien nació en México el día 22 de julio de 1790.
La religiosa ejerció toda su vida al oficio de campanera en su comunidad, y sobre salía por su humildad, amor al prójimo y por una entrañable devoción a la Santisima Virgen María.
Este fue el interrogante que le corrió por dentro a la madre Magdalena de San José, mientras relizaba sus oraciones ante el pesebre del Niño Jesús en el Convento de San José, en la capital mexicana, allá por el año 1840. Ese día se conmemoraba el día de los Santos Reyes. Así comenzó la Historia de la Virgen Niña María infantita.
Y mientras se formulaba la pregunta y pensaba posibles respuestas a su interrogante tuvo una aparición, una niña vestida como reina, acostada sobre unas nubes blancas, era la Santísima Virgen María recién nacida.
Magdalena, sumamente conmovida por lo que estaba sucediendo, no podía gesticular y antes que dijera algo, la Niña le dice:
"Concederé todas las Gracias que me pidan, a las personas que me honren en mi infancia, pues es una devoción muy olvidada".
A partir de ese momento, Magdalena sintió un gran deseo de dar a conocer a la Virgen Recién Nacida. Lo primero que hizo es ir de prisa a comunicárselo a la madre Superiora, la madre Guadalupe de San Lorenzo.
Después de que le cuenta todo lo sucedido, Magdalena le pidió permiso para hacer una imagen de la Virgen Recién Nacida, tal cual ella había visto y además le expresó su impetuoso deseo de que todo el mundo supiera las palabras que la Virgen le había expresado.
Ante fervientes deseos y súplicas de Magdalena, la Superiora, no le hizo mucho caso ya que ella necesitaba probar si todo aquello era realidad, ella razonaba y decía que si era verdad y todo lo sucedido era del agrado de Dios, la Virgen Niña volvería a insistir en el caso.
De hecho así fue, una mañana la Madre Magdalena se encontraba haciendo sus tareas de limpieza en el Sagrario y se encontró la cabecita de un ángel que se había roto y que antes había sido colateral de la Custodia de la sacristía.
Con felicidad en su rostro le llevó aquella pieza a la abadesa con la intención de volver a insistir en pedir permiso para hacer la imagen de la Divina Niña Infantita, utilizando la cabecita del ángel. Al cabo de tanto ruego la Madre le dio el permiso y de inmediato llamaron a su escultor.
La Madre Magdalena le explicó al artesano cómo era la imagen que se le había aparecido para que la hiciera lo más parecido posible. La imagen quedó muy bella y del tamaño realmente de una niña recién nacida.
Una vez confeccionada la imagen la bendijeron, y sin perder tiempo la Madre Magdalena llena de entusiasmo y alegría comenzó a fomentar el culto a la Divina Infantita, dio a conocer a todos lo que había acontecido cuando ella se encontraba haciendo oración.
El pueblo mientras iba conociendo a María Niña, más se iba extendiendo el culto y la gracia, empezaron a llegar favores extraordinarios que las personas iban alcanzando. Comenzaba a nacer un cariño y ternura especial hacia la Madre pequeña de Jesús.
No todo fue felicidad, ya que pronto las autoridades de la Iglesia Católica, prohibieron este culto hasta comprobar su autenticidad.
Ante esto la Madre Magdalena nunca bajó los brazos, y en su eterno amor para con la Divina Niña, acude a su familia y les pide una ayuda económica con el objetivo de viajar a Roma para encontrarse con el Papa Gregorio XVI.
En este encuentro, Magdalena le expuso a su Santidad todo lo que había acontecido sobre la aparición y lo que la Virgen le había referido, además la monja agregó a su relato todos los favores que los fieles habían recibido por la intercesión de la Virgen Niña en este misterio de su Natividad.
El Santo Padre no sólo incorporó todo lo relatado por Magdalena, al punto que le agradó mucho lo narrado por la religiosa, sino que además la aprobó y hasta la llenó de indulgencias.
De regreso, Magdalena junto a las demás devotas del Convento comenzaron a imprimir oraciones, tríduos, novenas, todo en honor de la Divina Niña, y comenzaron a repartirse por todo el pueblo mexicano.
Comenzó a conmemorarse cada octavo día del mes como recuerdo especial a la Virgen Niña, y sobre todo se instaura la fiesta principal, la fiesta de la Natividad, el 8 de septiembre, el día de celebración y festejo a la Divina Infantita.
Los milagros que hizo Nuestro Señor por intermedio de su Reinita, fueron muchos. Entre ellos se destaca la curación de una niña que era ciega y que los médicos le habían pronosticado como imposible, esa niña pudo volver a ver y sin ningún tipo de secuela, fue una curación total.
Muchos pecadores volvieron al camino de la fe. Decenas de niños enfermos que se recuperaron milagrosamente al ser puestos bajo la protección de la Divina Niña, o "la pequeña Infantita", como la nombraban muchos de ellos. Todos los adultos, ancianos, y aquel que pedía con fe una gracia al Señor por la intercesión de su madrecita, la recibían.
La Madre Magdalena la llamó Divina Infantita, la profesa era sencilla y bondadosa y le hacía a cada momento demostraciones de amor a la Virgen con lo que confirmaba cuanto la quería. A tal punto que la ubicó en un cuarto adyacente al suyo y colocó un letrero que decía: Cuarto de la Divina Infantita.
Este cuarto comenzó a llenarse cada vez más con adornos de flores y velas que los devotos les hacían llegar en señal de agradecimientos.
Cuando todo el culto estaba en su esplendor y devoción, la Madre Magdalena estaba viviendo sus últimos días, ella ya había cumplido su principal misión. En el año 1859, a los 69 años, la Madre Magdalena de San José, cerró sus ojos en la vida de los mortales y los abrió para la Vida Eterna.
Una de sus últimas peticiones fue para la Madre Superiora y le rogó que se encargara de seguir promoviendo esta veneración.
Comenzaron a pasar los años y la abadesa no estaba tranquila pues no había seguido con aquel culto, con lo cual también estaba faltando a los pedidos de Magdalena y pensó en hacer otra imagen, esta vez, más pequeña y colocarla en una urna para enviarla casa por casa a los devotos, ya que en el convento se hacia cada vez más difícil continuar con los cultos, además no contaba con la colaboración necesaria y nadie se encargaba de continuar fomentando la devoción entre el pueblo mexicano.
La abadesa puso manos a la obra y le encargó al mismo escultor que hiciera otra Santa Niña Infanta pero en este caso, más pequeñita que la anterior. El escultor en ese momento estaba haciendo un Niño Jesús, y para evadir un poco de trabajo, se le ocurre transformarlo en una Niña Santita y salió tan fea que la Madre Guadalupe no quiso que la viera nadie, y quedó guardada en su armario por más de 20 años.
Fue necesario la llegada al convento, después de varios años, de una joven llamada María del Rosario Arrevillaga Escalada quien continuó con el culto a la Divina Niña.
A diferencia de la devoción al Niño Jesús, la devoción a la infancia de María es menos popular. Conocida en español como Virgen Niña o Divina Infantita y en italiano como Maria Bambina, sus dos centros de devoción son la ciudades de Milán (Italia) y México. En esta última ciudad se fundó en 1901 la Orden de las Esclavas de la Inmaculada Niña, o de la Divina Infantita, por el padre Federico Salvador Román, natural de Almería, y por la mejicana Mª del Rosario Arrevillada Escalada. Su carisma es el de revivir en la Iglesia el anonadamiento de Cristo a través de la imitación de María en el misterio de su infancia. Más información sobre la historia de esta devoción y sus fundadores en la página de las Esclavas de la Inmaculada Niña.