25/05/2026
Del mensaje del domingo…
La Biblia nos llama “servidores” y “colaboradores”, edificio de Dios. (1 Corintios 3:5,9).
Al paso del tiempo muchos creyentes han adoptado una actitud de “clientes” o “espectadores”, y esto ha causado que quienes asisten a la iglesia, sean miembros o visitantes, lo hagan con un pensamiento equivocado.
¡Cuántos hay que sueñan con una iglesia viva, ardiente, llena de poder, donde el Espíritu sople como viento impetuoso! Quieren pertenecer a ella. Quieren sentarse en sus sillas, cantar sus himnos, disfrutar de sus predicaciones y recibir sus bendiciones. ¡Pero ay! ¡Cuán pocos están dispuestos a sudar, a clavar, a cargar piedras y a clamar en oración hasta que esa iglesia sea edificada!
No hablo de un edificio de ladrillos, sino del templo vivo que es el Cuerpo de Cristo. Pablo lo sabía bien. Él no plantaba iglesias para que los creyentes fueran espectadores cómodos, sino obreros apasionados.
Piénsalo, todos quieren llegar a una iglesia que tenga todo lo que buscan y más, llena de amor, servicial, generosa, unida, de excelencia, etc. Pero pocos se preguntan ¿cuánto estoy yo haciendo para que eso se logre? Y en la comodidad que vivimos es más fácil salir y buscar algún lugar que tenga lo que quiero.
¿Eres de los que solo asisten? ¿Vienes, te sientas, te vas y dejas que otros carguen con el peso? ¡Despierta!
- Queremos una iglesia servicial… pero nos negamos a servir.
-Queremos una iglesia que nos cuide… pero nos cuesta dejarnos corregir, enseñe y formar.
- Queremos una iglesia unida… pero sembramos división.
-Queremos una iglesia generosa… pero nos duele dar a Dios y honrarlo con lo que Él nos da.
-Queremos una iglesia de oración… pero no apartamos tiempo para orar.
-Queremos una iglesia con excelencia… pero la excelencia requiere preparación y compromiso.
-Queremos una iglesia amorosa… pero no queremos amar como Dios nos ama.
La pregunta no es solo: ¿Qué iglesia quiero?, sino: ¿Qué iglesia estoy ayudando a construir?
¡Sé lo que quieres ver en tu iglesia! No esperes o pienses a que alguien más lo haga, somos siervos de Dios, ¡ensúciate las manos!