04/04/2026
Hoy contemplamos un misterio que muchas veces no comprendemos del todo:
Cristo no solo murió… también descendió a los infiernos.
No hablamos del lugar de condenación,
sino del lugar de los mu***os,
donde las almas justas esperaban la promesa de Dios.
Ahí, en el silencio más profundo,
donde parecía que todo había terminado,
Cristo llegó.
No como derrotado,
sino como Salvador.
Descendió para anunciar la victoria,
para romper las cadenas de la muerte,
y para abrir, por fin, las puertas del Cielo.
Porque incluso en la oscuridad más grande,
Dios nunca deja de actuar.
Y lo más hermoso es esto:
no hay abismo tan profundo,
ni noche tan oscura,
donde Cristo no quiera entrar
para rescatar.