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1. ¿Qué es la Cuaresma? 🧎‍♂️ La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a l...
17/02/2021

1. ¿Qué es la Cuaresma? 🧎‍♂️

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.

40 días

La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.

En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.

La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

2. ¿Cómo vivir la Cuaresma? 🧎‍♂️

Durante este tiempo especial de purificación, contamos con una serie de medios concretos que la Iglesia nos propone y que nos ayudan a vivir la dinámica cuaresmal.

Ante todo, la vida de oración, condición indispensable para el encuentro con Dios. En la oración, si el creyente ingresa en el diálogo íntimo con el Señor, deja que la gracia divina penetre su corazón y, a semejanza de Santa María, se abre la oración del Espíritu cooperando a ella con su respuesta libre y generosa (ver Lc 1,38).

Asimismo, también debemos intensificar la escucha y la meditación atenta a la Palabra de Dios, la asistencia frecuente al Sacramento de la Reconciliación y la Eucaristía, lo mismo la práctica del ayuno, según las posibilidades de cada uno.

La mortificación y la renuncia en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, también constituyen un medio concreto para vivir el espíritu de Cuaresma. No se trata tanto de crear ocasiones extraordinarias, sino más bien, de saber ofrecer aquellas circunstancias cotidianas que nos son molestas, de aceptar con humildad, gozo y alegría, los distintos contratiempos que se nos presentan a diario. De la misma manera, el saber renunciar a ciertas cosas legítimas nos ayuda a vivir el desapego y desprendimiento.

De entre las distintas prácticas cuaresmales que nos propone la Iglesia, Ia vivencia de Ia caridad ocupa un lugar especial. Así nos lo recuerda San León Magno: "Estos días cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de Ia caridad; si deseamos Ilegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un interés especialisimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en si a las demás y cubre multitud de pecados".

Esta vivencia de la caridad debemos vivirla de manera especial con aquél a quien tenemos más cerca, en el ambiente concreto en el que nos movemos. Así, vamos construyendo en el otro "el bien más precioso y efectivo, que es el de Ia coherencia con la propia vocación cristiana" (Juan Pablo II).

Cómo vivir la Cuaresma

1. Arrepintiéndome de mis pecados y confesándome

Pensar en qué he ofendido a Dios, Nuestro Señor, si me duele haberlo ofendido, si realmente estoy arrepentido. Éste es un muy buen momento del año para llevar a cabo una confesión preparada y de corazón. Revisa los mandamientos de Dios y de la Iglesia para poder hacer una buena confesión. Ayúdate de un libro para estructurar tu confesión. Busca el tiempo para llevarla a cabo.

2. Luchando por cambiar

Analiza tu conducta para conocer en qué estás fallando. Hazte propósitos para cumplir día con día y revisa en la noche si lo lograste. Recuerda no ponerte demasiados porque te va a ser muy difícil cumplirlos todos. Hay que subir las escaleras de un escalón en un escalón, no se puede subir toda de un brinco. Conoce cuál es tu defecto dominante y haz un plan para luchar contra éste. Tu plan debe ser realista, práctico y concreto para poderlo cumplir.

3. Haciendo sacrificios

La palabra sacrificio viene del latín sacrum-facere, que significa "hacer sagrado". Entonces, hacer un sacrificio es hacer una cosa sagrada, es decir, ofrecerla a Dios por amor. Hacer sacrificio es ofrecer a Dios, porque lo amas, cosas que te cuestan trabajo. Por ejemplo, ser amable con el vecino que no te simpatiza o ayudar a otro en su trabajo. A cada uno de nosotros hay algo que nos cuesta trabajo hacer en la vida de todos los días. Si esto se lo ofrecemos a Dios por amor, estamos haciendo sacrificio.

4. Haciendo oración

Aprovecha estos días para orar, para platicar con Dios, para decirle que lo quieres y que quieres estar con Él. Te puedes ayudar de un buen libro de meditación para Cuaresma. Puedes leer en la Biblia pasajes relacionados con la Cuaresma.

3. ¿Cómo vivían los primeros cristianos la Cuaresma? 🧎‍♂️

¿Cómo y cuándo empieza a vivirse la Cuaresma? ¿Por qué 40 días?
¿Por qué la penitencia y el ayuno? ¿Por qué la imposición de la ceniza?

La celebración de la Pascua del Señor, constituye, sin duda, la fiesta primordial del año litúrgico. De aquí que, cuando en el siglo II, la Iglesia comenzó a celebrar anualmente el misterio pascual de Cristo, advirtió la necesidad de una preparación adecuada, por medio de la oración y del ayuno, según el modo prescrito por el Señor. Surgió así la piadosa costumbre del ayuno Infra-pascual del viernes y sábado santos, como preparación al Domingo de Resurrección.

Los primeros pasos

Paso a paso, mediante un proceso de sedimentación, este período de preparación pascual fue consolidándose hasta llegar a constituir la realidad litúrgica que hoy conocemos como Tiempo de Cuaresma. Influyeron también, sin duda, las exigencias del catecumenado y la disciplina penitencial para la reconciliación de los penitentes.

La primitiva celebración de la Pascua del Señor conoció la praxis de un ayuno preparatorio el viernes y sábado previos a dicha conmemoración.

A esta práctica podría aludir la Traditio Apostolica, documento de comienzos del siglo III, cuando exige que los candidatos al bautismo ayunen el viernes y transcurran la noche del sábado en vela. Por otra parte, en el siglo III, la Iglesia de Alejandría, de hondas y mutuas relaciones con la sede romana, vivía una semana de ayuno previo a las fiestas pascuales.

En el siglo IV se consolida la estructura cuaresmal de cuarenta días

De todos modos, como en otros ámbitos de la vida de la Iglesia, habrá que esperar hasta el siglo IV para encontrar los primeros atisbos de una estructura orgánica de este tiempo litúrgico. Sin embargo, mientras en esta época aparece ya consolidada en casi todas las Iglesias la institución de la cuaresma de cuarenta días, el período de preparación pascual se circunscribía en Roma a tres semanas de ayuno diario, excepto sábados y domingos. Este ayuno pre-pascual de tres semanas se mantuvo poco tiempo en vigor, pues a finales del siglo IV, la Urbe conocía ya la estructura cuaresmal de cuarenta días.

El período cuaresmal de seis semanas de duración nació probablemente vinculado a la práctica penitencial: los penitentes comenzaban su preparación más intensa el sexto domingo antes de Pascua y vivían un ayuno prolongado hasta el día de la reconciliación, que acaecía durante la asamblea eucarística del Jueves Santo. Como este período de penitencia duraba cuarenta días, recibió el nombre de Quadragesima o cuaresma.

Durante el primer estadio de organización cuaresmal se celebraban tan sólo las reuniones eucarísticas dominicales, si bien entre semana existían asambleas no eucarísticas: los miércoles y viernes.

Pero a finales del siglo VI las reuniones del lunes, miércoles y viernes celebraban ya la eucaristía. Más tarde, se añadieron nuevas asambleas eucarísticas los martes y sábados. Por último, el proceso se cerró bajo el pontificado de Gregorio II (715-731), con la asignación de un formulario eucarístico para los jueves de cuaresma.

¿Por qué la ceniza?

Hacia finales del siglo V, el miércoles y viernes previos al primer domingo de cuaresma comenzaron a celebrarse como si formaran parte del período penitencial, probablemente como medio de compensar los domingos y días en los que se rompía el ayuno.

Dicho miércoles, los penitentes, por la imposición de la ceniza, ingresaban en el orden que regulaba la penitencia canónica.

Cuando la institución penitencial desapareció, el rito se extendió a toda la comunidad cristiana: este es el origen del Miércoles de Ceniza o «Feria IV anerum».

El proceso de alargamiento del período penitencial continuó de forma irremediable. Esta anticipación del ayuno cuaresmal no es una práctica exclusivamente romana: se encuentra también en Oriente, y en diversas regiones de Occidente.

Probablemente se trata de una praxis originada en la ascesis monástica y más tarde propagada entre la comunidad cristiana, aunque resulte difícil conocer sus características.

¿Por qué cuarenta días?

El significado teológico de la Cuaresma es muy rico. Su estructura de cuarentena conlleva un enfoque doctrinal peculiar.

En efecto, cuando el ayuno se limitaba a dos días —o una semana a lo sumo—, esta praxis litúrgica podía justificarse simplemente por la tristeza de la Iglesia ante la ausencia del Esposo, o por el cli¬ma de ansiosa espera; mientras que el ayuno cuares¬mal supone desde el principio unas connotaciones propias, impuestas por el significado simbólico del número cuarenta.

En primer lugar, no debe pasarse por alto que toda la tradición occidental inicia la Cuaresma con la lectura del evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto: el período cuaresmal constituye, pues, una experiencia de desierto, que al igual que en el caso del Señor, se prolonga durante cuarenta días.

En la Cuaresma, la Iglesia vive un combate espiritual intenso, como tiempo de ayuno y de prueba. Así lo manifiestan también los cuarenta años de peregrinación del pueblo de Israel por el Sinaí.

Otros simbolismos enriquecen el número cuarenta, como se advierte en el Antiguo y Nuevo Testamento. Así, la cuarentena evoca la idea de preparación: cuarenta días de Moisés y Elías previos al encuentro de Yahveh; cuarenta días empleados por Jonás para alcanzar la penitencia y el perdón; cuarenta días de ayuno de Jesús antes del comienzo de su ministerio público. La Cuaresma es un período de preparación para la celebración de las solemnidades pascuales: iniciación cristiana y reconciliación de los penitentes.

Por último, la tradición cristiana ha interpretado también el número cuarenta como expresión del tiempo de la vida presente, anticipo del mundo futuro. El Concilio Vaticano II(cfr. SC 109) ha señalado que la Cuaresma posee una doble dimensión, bautismal y penitencial, y ha subrayado su carácter de tiempo de preparación para la Pascua en un clima de atenta escucha a la Palabra de Dios y oración incesante.

El período cuaresmal concluye la mañana del Jueves Santo con la Misa crismal —Missa Chrismalis— que el obispo concelebra con sus presbíteros. Esta Misa manifiesta la comunión del obispo y sus presbíteros en el único e idéntico sacerdocio y ministerio de Cristo. Durante la celebración se bendicen, además, los santos óleos y se consagra el crisma.

El tiempo de Cuaresma se extiende desde el miércoles de Ceniza hasta la Misa de la cena del Señor exclusive. El miércoles de Ceniza es día de ayuno y abstinencia; los viernes de Cuaresma se observa la abstinencia de carne. El Viernes Santo también se viven el ayuno y la abstinencia.

Fuentes: www.aciprensa.com / primeroscrstianos.com

MIERCOLES DE CENIZA Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para t...
17/02/2021

MIERCOLES DE CENIZA

Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "metanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.

Tradición

En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno (ya que se excluyen los domingos). En el siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fué simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.

Significado simbólico de la Ceniza

La ceniza, del latín "cinis", es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al "polvo" de la tierra: "en verdad soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gén. 18,27. El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma (muchos lo entenderán mejor diciendo que es le que sigue al carnaval), realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Cf Mc1,15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Cf Gén 3,19): un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.

EN LAS NOTAS BUENAS DE HOY: La vida, obra y testimonio de una misionera entregada a Dios._______________________________...
14/08/2020

EN LAS NOTAS BUENAS DE HOY: La vida, obra y testimonio de una misionera entregada a Dios.
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La de Beatriz Galán Domingo es una vocación encarnada en la misión. A sus 36 años, esta misionera comboniana de Madrid lleva desde 2017 en Sri Lanka. Está allí tras dos años de postulantado en Granada, dos de noviciado en Ecuador y nueves meses en Escocia para pulir el inglés.

“La gente que me conoce –afirma– sabe que soy tranquila. Tanto que hasta los 28 años no dí el paso para responder a una vocación que se había ido fraguando en mí desde pequeña. En casa aprendí que el amor se demuestra con la entrega cotidiana. Descubrí la importancia del esfuerzo y del sacrificio, pero también de la gratuidad, la sencillez, la honradez y la fe en los seres humanos y en Dios. Mi abuela paterna me enseñó a rezar y a amar la Eucaristía”.

Raíz salesiana
“El resto –cuenta– se fraguó en una casa salesiana, entre clases, guitarra, baloncesto, Oratorio, Centro Juvenil y Grupo Misionero. Como adolescente alocada y joven comprometida después, fui descubriendo de la mano de la Auxiliadora a Jesús y su Evangelio”.

Pero el gran “vuelco” vital le llegó “tras una experiencia misionera de verano en el Alto de Bolivia”. Concretamente, “fue en la casa de Isabel Mamani, una mujer joven con una historia llena de abandono, sufrimiento, abusos y violencia. ‘Hermanita, ¿usted cree que Diosito podrá perdonarme?’. Su pregunta me hizo darme cuenta de que la misericordia de Dios, que había experimentado tan fuertemente en mi vida, no podía quedarse solo para mí. Hay mucha gente en este mundo que necesita experimentar que Dios, pase lo que pase, nunca deja de amar y de perdonar; que no castiga, acompaña y que desea que todos sus hijos podamos tener vida, y vida en abundancia”.

El testimonio de una misionera
Decidida a dar el paso, “lo demás fue rodado. Una comboniana vino al colegio donde trabajaba. Me apasionó escucharla hablar de África, del protagonismo de los pueblos en su propia evangelización y desarrollo, de san Daniel Comboni, de un compromiso radical y para siempre por Jesús y por la humanidad… Tras dos años de discernimiento, en octubre de 2012, entré con las misioneras combonianas”.

Sobre Sri Lanka, Galán reconoce que es “una misión fuera del mapa”. Algo que ni mucho menos le importa: “En el tiempo de formación sentí siempre una llamada especial a vivir en minoría, con un testimonio evangélico basado más en hechos que en palabras. Tras profesar, me destinaron a Egipto, pero, antes de que pudiera pisar la tierra de los faraones, cambiaron los planes y terminé en Sri Lanka. La misión más joven, la única en ‘Asia-Asia’ (tenemos misiones en Israel, Palestina, los Emiratos y Turquía) y en un país cingalés y budista, pero en medio de la minoría tamil, cristiana e hindú. Y aquí llegué, a esta pequeña isla del Índico que ni siquiera aparece en el pequeño mapa del mundo que las combonianas llevamos grabado en el reverso de la cuz de nuestra consagración, el único signo externo que nos distingue como miembros del Instituto”.

Todo es nuevo
Muestra de que allí todo es nuevo, es que, “aunque la familia comboniana es amplia (padres, hermanos, laicos, seculares, amigos y bienhechores), en Sri Lanka, de momento, solo estamos las hermanas. Llegamos aquí en 2012 a petición del obispo de Kandy para trabajar con el pueblo tamil que vive en las plantaciones de té”.

En la comunidad son cinco hermanas, todo un crisol representativo de la diversidad en la humanidad y en la propia Iglesia: “Ania, polaca; Libanos, eritrea; Patricia, guatemateca; Amira, egipcia; y yo. Vivir en esta pequeña ONU es tan bello como desafiante. La sencillez, el diálogo fluido, la oración y la prioridad de la misión nos ayudan cuando surgen dificultades. El mero hecho de vivir juntas armoniosamente y compartir todo lo que tenemos es ya testimonio para este pueblo que ha sufrido durante casi 30 años una cruenta guerra civil”.

Comprometidas en la educación
También lo novedoso forma parte de su día a día: “Aunque no es habitual entre las combonianas, las cinco nos dedicamos a la enseñanza, tanto en la escuela como en la catequesis. En Sri Lanka, el profesorado es escaso y poco cualificado. La mayoría de los planteles educativos están formados por docentes que solo han terminado el instituto. Aprenden practicando, muchos de ellos con pasión y verdadera dedicación, pero carecen de recursos pedagógicos y acusan un limitado conocimiento general”.

Además, el reto es acuciante, pues “nuestro distrito es el segundo más bajo a nivel educativo de todo el país”. De tal modo que “el lema de san Daniel Comboni, ‘salvar África con África’, se ha encarnado también en esta misión. Trabajar por la educación de estos niños y jóvenes pasa por creer en ellos y en que es posible romper los círculos de pobreza y desigualdad en los que viven. Conlleva dotarles de las herramientas necesarias para que sean agentes de mejora, tanto a nivel personal como comunitario”.

Enraizados en la cultura tamil
Por ello, tienen claro que su apuesta por “una educación de calidad” ha de ser “bilingüe, en inglés y tamil, valorando sus raíces y dándoles la herramienta lingüística para acceder a la universidad”. Sin olvidar que también debe ser “de cualidad; es decir, centrada en los alumnos, favoreciendo la autonomía, la cooperación, la responsabilidad, sin castigo físico (muy extendido en el país) y cimentada en el diálogo interreligioso”. En cuanto al colegio, “es un centro católico dirigido por un sacerdote diocesano. La mitad del alumnado y la mitad del claustro es hindú. La otra mitad la formamos cristianos de distintas denominaciones”.

Con el paso del tiempo, va fraguándose en su alma qué implica la vivencia cristiana en minoría: “Vivir la fe en un país donde tu confesión es minoritaria conlleva siempre una tensión. Una búsqueda de equilibrio entre el despojo de la comodidad que se vive en países tradicional y culturalmente cristianos y el riesgo de caer en el sectarismo o en el victimismo de quien se siente perseguido sin realmente estarlo. La Iglesia católica en Sri Lanka trata de vivir este equilibrio, y no es fácil. Sobre todo, después de los atentados del Domingo de Pascua de 2019, que pusieron en tela de juicio la aparente convivencia pacífica a nivel religioso que se vive en el país”.

Con todo, Galán tiene claro que la gran mayoría social basa su fe en la convivencia pacífica: “Los fieles de a pie, como el resto de los esrilanqueses, cimientan sus vidas en la fe. Especialmente en esta zona, donde muchas familias resisten a la corrupción del dios dinero, la oración, la vida sacramental y el amor fraterno son realidades tangibles. Uno de los desafíos que tenemos como misioneras es el de acompañar el proceso de ‘catolicidad’. Una Iglesia ya madura está llamada a abrirse a la realidad del mundo, a salir y a dar fruto. Estamos en camino”.

Da la comunión casa a casa
Además de las clases y de la catequesis, “los fines de semana salimos a visitar a las familias y a llevar la comunión a los enfermos. En mi recorrido por las plantaciones, visito primero a Prajishamma, una mujer encamada desde hace años. Es piel cuarteada y huesos. Su esposo, ya anciano, trabaja recogiendo té. Su casa es pequeña y oscura. Hay una vecina, una mujer joven con sus niños, que siempre se une a la oración. No sabe leer, pero sabe rezar y le da fuerza a mi titubeante tamil. Cada vez que pronuncio ‘Cristuvin udal’ (“el cuerpo de Cristo”), con la hostia en mis manos y el cuerpo sufriente de esta mujer postrado por años en esa cama, me parece que esas palabras son más verdad que nunca”.

“Después –prosigue–, voy a visitar a Rosamma, una anciana ciega y sorda que vive con su hija y sus nietas. La casa es pobre de solemnidad, pero estas matriarcas llevan la alegría en sus ojos. En los de las que ven y oyen y se mueren de risa cada vez que la sister blanca intenta leer el Evangelio en tamil. Y en los de Rosamma, que, sin ver ni oír, con sus manos acariciando las mías y sus palabras de alabanza, ‘Suami, Suami’ (“Señor, Señor”), reconoce la grandeza de quien realmente viene a visitarla portado por la ‘sister’ blanca”.

Rico en historia, legado cultural y valores
“El pueblo tamil –enfatiza Galán– es rico en historia, legado cultural y valores. Con sus raíces en el sur de la India, impregnado del sánscrito, las especias, el incienso y los mil dioses del panteón hindú. Los tamiles de la Provincia Central son descendientes de los esclavos traídos por los británicos para trabajar en las plantaciones de té. Más allá de la lengua y el origen indio, se parecen poco a los otros tamiles, los tigres del Norte y del Este, que protagonizaron sangrientos episodios durante la guerra. Son de carácter dócil, muchas veces hasta servil (legado de años de esclavitud). Religiosos por naturaleza, con la familia como pilar que sustenta la sociedad, amantes de la tradición, delicados en lo estético y abiertos al diálogo de la vida con otras confesiones religiosas”.

“La mayoría –concluye– vive de la industria del té, tan caro en otras partes del mundo y tan miserablemente pagado a este pueblo. Hay muchos momentos en los que desearía gritar como hizo Cristo: ‘A ti te digo, ¡levántate!’. En otros, intuyo que en el ritmo pausado, en la docilidad, en la aparente falta de eficiencia, en los rituales que acompañan la cotidianeidad y lo extraordinario y en la forma en que se relacionan, existe una verdad y una belleza que vagamente alcanzo a vislumbrar. El misterio de Dios se ha hecho carne también en este pueblo”.

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/2020/08/14/el-misterio-de-dios-ha-acampado-en-sri-lanka/

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