11/07/2026
El hogar cristiano es una institución divina. Desde el principio, Dios fue quien unió al hombre y a la mujer (Adam y Eva), estableciendo el matrimonio como el fundamento de la familia y como un reflejo de Su perfecto propósito para la humanidad (Gn. 2:24).
El matrimonio cristiano no se sostiene únicamente por el amor humano, sino por el compromiso con Jesucristo. Cuando Él ocupa el centro del hogar, el esposo aprende a amar con entrega, la esposa responde con respeto y ambos caminan en unidad, edificando una familia que glorifica el nombre del Señor Jesús. No es la ausencia de pruebas lo que fortalece un matrimonio, sino la presencia de Dios en medio de ellas.
Como Iglesia del Dios Vivo, creemos que la familia es el primer espacio donde se vive el Evangelio. Es en el hogar donde se enseñan los principios de la Palabra de Dios, donde se aprende a orar, a perdonar, a servir y a amar a Jesús. Por ello, fortalecer el matrimonio es fortalecer también a la Iglesia, pues familias espiritualmente sanas forman congregaciones firmes, unidas y comprometidas con la obra de Dios.
El apóstol Pablo comparó la relación entre Cristo y Su Iglesia con la del esposo y la esposa (Ef. 5:22-33). Ese modelo apostólico nos recuerda que el matrimonio cristiano debe reflejar sacrificio, fidelidad, respeto, pureza y amor. Cada hogar está llamado a ser un testimonio vivo del poder transformador del Evangelio, mostrando que, aun en medio de los desafíos, Dios sigue siendo el fundamento sobre el cual vale la pena edificar.
En este Mes de la Familia, renovemos nuestro compromiso con el sacramento matrimonial. Oremos por los matrimonios de nuestra Iglesia, animemos a quienes atraviesan tiempos difíciles y procuremos que nuestros hogares sean lugares donde Cristo sea honrado cada día. La familia sigue siendo uno de los instrumentos más valiosos que Dios ha establecido para preservar la fe, transmitir los valores de Su reino y preparar nuevas generaciones que le sirvan con fidelidad.
«Sí Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican: Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guarda» (Sal. 127:1).
Que el Señor fortalezca cada matrimonio cristiano, que conceda sabiduría a los esposos para caminar en unidad y haga de cada hogar un testimonio de Su glorioso amor, de Su gracia y de Su poder. Cuando Cristo gobierna el hogar, la familia florece y la Iglesia permanece firme para seguir anunciando el glorioso evangelio de Jesucristo.
📷 En imagen: Matrimonio Delgado Islas, Honorables siervos de Dios.
Somos de «El Buen Pastor».