05/06/2026
En la Biblia encontramos con frecuencia la figura del profeta, pero también advertencias muy claras contra la adivinación. Aunque algunas personas los confunden porque ambos parecen hablar de cosas ocultas o futuras, en realidad existe una diferencia profunda entre ellos.
El profeta es una persona llamada por Dios para transmitir su mensaje al pueblo. Su misión no consiste en adivinar el futuro para satisfacer la curiosidad de las personas, sino en anunciar la voluntad de Dios, llamar a la conversión, corregir los errores del pueblo y fortalecer la esperanza. Los profetas hablan en nombre de Dios y ponen su confianza en Él. Por eso encontramos en la Sagrada Escritura grandes profetas como Isaías, Jeremías, Ezequiel, Elías y, de manera especial, San Juan Bautista.
Por otro lado, el adivino busca obtener información oculta por medios ajenos a Dios. La adivinación pretende conocer el futuro, descubrir secretos o ejercer algún tipo de control sobre acontecimientos que pertenecen únicamente a Dios. Por esta razón, la Sagrada Escritura condena prácticas como la astrología, los horóscopos, el tarot, la consulta de espíritus y otras formas de adivinación, ya que desvían la confianza que debemos poner en el Señor.
La Iglesia enseña que el cristiano no está llamado a vivir pendiente de conocer el futuro, sino a confiar en la Providencia de Dios. Nuestra seguridad no se encuentra en cartas, signos o predicciones, sino en Cristo, que guía nuestra historia con amor y sabiduría.
Por eso, mientras el profeta escucha a Dios para anunciar la verdad, el adivino busca respuestas fuera de Él. El profeta conduce a las personas hacia Dios; la adivinación, en cambio, corre el riesgo de alejarlas de la confianza filial que debemos tener en nuestro Padre celestial.
Como dice la Escritura:
“No sea hallado en medio de ti quien practique la adivinación, la hechicería o la magia.” (Deuteronomio 18,10)
Pidamos al Señor la gracia de escuchar su voz, confiar en su voluntad y recordar que nuestro futuro está en sus manos. No necesitamos conocer el mañana cuando caminamos de la mano de Dios.