Católicos por amor

Católicos por amor Yo no creo en Dios por que lo veo, creo en Dios porque lo siento. Dios es la verdad, el camino y la vida ��
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05/06/2026
05/06/2026

Coronilla a la Divina Misericordia - Padre Humberto Zúñiga

La humildad es una de las virtudes más hermosas del cristianismo, pero muchas veces se confunde con pensar mal de uno mi...
05/06/2026

La humildad es una de las virtudes más hermosas del cristianismo, pero muchas veces se confunde con pensar mal de uno mismo o sentirse inferior a los demás.

Jesús nunca enseñó que debamos despreciarnos. Al contrario, nos recordó constantemente cuánto valemos para Dios. La verdadera humildad no consiste en negar nuestros talentos, sino en reconocer que todo lo bueno que tenemos es un regalo recibido de Él.

La baja autoestima nos lleva a creer que no valemos nada, a compararnos constantemente y a vivir rechazándonos. La humildad, en cambio, nos permite aceptar nuestros dones y también nuestros límites, sin orgullo ni desprecio por nosotros mismos.

Por eso Jesús nos invita:

«Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.» (Mateo 11,29)

El Sagrado Corazón de Jesús nos enseña que la humildad no es pensar menos de nosotros, sino mirar nuestra vida con verdad y gratitud.

Dios no te pide que te menosprecies. Te pide que recuerdes quién eres en Él.

En la Biblia encontramos con frecuencia la figura del profeta, pero también advertencias muy claras contra la adivinació...
05/06/2026

En la Biblia encontramos con frecuencia la figura del profeta, pero también advertencias muy claras contra la adivinación. Aunque algunas personas los confunden porque ambos parecen hablar de cosas ocultas o futuras, en realidad existe una diferencia profunda entre ellos.

El profeta es una persona llamada por Dios para transmitir su mensaje al pueblo. Su misión no consiste en adivinar el futuro para satisfacer la curiosidad de las personas, sino en anunciar la voluntad de Dios, llamar a la conversión, corregir los errores del pueblo y fortalecer la esperanza. Los profetas hablan en nombre de Dios y ponen su confianza en Él. Por eso encontramos en la Sagrada Escritura grandes profetas como Isaías, Jeremías, Ezequiel, Elías y, de manera especial, San Juan Bautista.

Por otro lado, el adivino busca obtener información oculta por medios ajenos a Dios. La adivinación pretende conocer el futuro, descubrir secretos o ejercer algún tipo de control sobre acontecimientos que pertenecen únicamente a Dios. Por esta razón, la Sagrada Escritura condena prácticas como la astrología, los horóscopos, el tarot, la consulta de espíritus y otras formas de adivinación, ya que desvían la confianza que debemos poner en el Señor.

La Iglesia enseña que el cristiano no está llamado a vivir pendiente de conocer el futuro, sino a confiar en la Providencia de Dios. Nuestra seguridad no se encuentra en cartas, signos o predicciones, sino en Cristo, que guía nuestra historia con amor y sabiduría.

Por eso, mientras el profeta escucha a Dios para anunciar la verdad, el adivino busca respuestas fuera de Él. El profeta conduce a las personas hacia Dios; la adivinación, en cambio, corre el riesgo de alejarlas de la confianza filial que debemos tener en nuestro Padre celestial.

Como dice la Escritura:

“No sea hallado en medio de ti quien practique la adivinación, la hechicería o la magia.” (Deuteronomio 18,10)

Pidamos al Señor la gracia de escuchar su voz, confiar en su voluntad y recordar que nuestro futuro está en sus manos. No necesitamos conocer el mañana cuando caminamos de la mano de Dios.

Muchas veces escuchamos hablar de la Santa Misa y de la Celebración de la Palabra como si fueran lo mismo. Ambas son mom...
05/06/2026

Muchas veces escuchamos hablar de la Santa Misa y de la Celebración de la Palabra como si fueran lo mismo. Ambas son momentos de encuentro con Dios, ambas incluyen la proclamación de la Sagrada Escritura y ambas ayudan a fortalecer la fe de los fieles. Sin embargo, la Iglesia nos enseña que no tienen el mismo significado ni la misma finalidad.

La Santa Misa es el centro de la vida cristiana. En ella no solo escuchamos la Palabra de Dios, sino que también participamos en la Liturgia Eucarística, donde el sacerdote, actuando en la persona de Cristo, consagra el pan y el vino para que se conviertan verdaderamente en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Por eso la Eucaristía es llamada “fuente y culmen de toda la vida cristiana”.

Por otro lado, la Celebración de la Palabra se realiza cuando no es posible contar con un sacerdote para celebrar la Misa. Puede ser presidida por un diácono o por un laico autorizado y tiene como finalidad reunir a la comunidad para escuchar, meditar y responder a la Palabra de Dios. En algunas ocasiones también puede distribuirse la Sagrada Comunión con hostias que fueron consagradas previamente en una Misa, pero nunca hay consagración durante esta celebración.

Por ello, aunque en ambas puede haber comunión, la diferencia esencial es que solo en la Santa Misa se realiza el Sacrificio Eucarístico y la consagración. La Celebración de la Palabra no pretende reemplazar la Misa, sino ayudar a que la comunidad permanezca unida en la oración, la escucha de la Palabra y la vida de fe cuando no hay un sacerdote disponible.

Comprender esta diferencia nos ayuda a valorar más profundamente el inmenso regalo de la Eucaristía y a reconocer que cada Misa es un encuentro único con Cristo, que se hace realmente presente para alimentarnos con su Cuerpo y su Sangre.

“No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4,4)

Latido del Corazón de Jesús — Día 5Hoy contemplamos una de las expresiones más hermosas del amor de Cristo: la compasión...
05/06/2026

Latido del Corazón de Jesús — Día 5

Hoy contemplamos una de las expresiones más hermosas del amor de Cristo: la compasión.

Jesús nunca fue indiferente al dolor humano. Se acercó a los enfermos, consoló a los afligidos, escuchó a los que sufrían y tendió su mano a quienes se sentían solos o abandonados. Su Corazón siempre estuvo atento a las necesidades de los demás.

La compasión va más allá de sentir lástima. Es dejarnos tocar por el sufrimiento del otro y responder con amor. Es escuchar, acompañar, comprender y estar presentes cuando alguien necesita apoyo.

En un mundo donde muchas veces pasamos de largo ante el dolor ajeno, Jesús nos invita a mirar con sus ojos y amar con su Corazón.

Que hoy aprendamos a ser instrumentos de consuelo para quienes atraviesan momentos difíciles y a reflejar la ternura de Dios en nuestras acciones.

Virtud del día: Compasión

“Al verla, el Señor se compadeció de ella.”
(Lucas 7,13)

Jesús, haz mi corazón compasivo como el tuyo.

En esta noche de Corpus Christi, damos gracias a Jesús por el inmenso regalo de quedarse con nosotros en la Eucaristía. ...
05/06/2026

En esta noche de Corpus Christi, damos gracias a Jesús por el inmenso regalo de quedarse con nosotros en la Eucaristía. Él no quiso permanecer distante, sino hacerse cercano en cada sagrario, esperando nuestros pasos, escuchando nuestras oraciones y acompañando nuestras alegrías y heridas.

Que esta fiesta nos recuerde que nunca estamos solos. El mismo Cristo que se entrega en el altar sigue velando por nosotros, fortaleciendo nuestra fe y sosteniendo nuestro corazón en los momentos de cansancio, incertidumbre o alegría.

Antes de descansar, pongamos nuestra vida en sus manos y dejemos que su presencia nos llene de paz. Que nuestro descanso sea una respuesta confiada al amor de Aquel que permanece con nosotros día y noche.

Jesús Eucaristía, quédate con nosotros y haz de nuestro corazón un lugar donde siempre seas amado.

“Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.” (Mateo 28,20)

Muchos jóvenes escuchan hablar de la JMJ, la JNJ o la JDJ, pero no siempre saben qué significan o cuál es la diferencia ...
05/06/2026

Muchos jóvenes escuchan hablar de la JMJ, la JNJ o la JDJ, pero no siempre saben qué significan o cuál es la diferencia entre ellas. Aunque tienen nombres distintos, las tres comparten el mismo objetivo: ayudar a los jóvenes a encontrarse con Cristo, fortalecer su fe y descubrir que forman parte de una Iglesia viva y universal.

La JDJ (Jornada Diocesana de la Juventud) se vive a nivel local, dentro de cada diócesis, reuniendo a jóvenes de parroquias, movimientos y comunidades cercanas. La JNJ (Jornada Nacional de la Juventud) da un paso más, convocando a jóvenes de todo un país para compartir la fe, la formación y la misión. Finalmente, la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) reúne a jóvenes de todo el mundo junto al Papa, recordándonos que la Iglesia es una gran familia que trasciende fronteras, idiomas y culturas.

Cada una tiene su propio alcance, pero todas forman parte de un mismo camino: pasar de la comunidad local a la experiencia nacional y, finalmente, a la comunión universal de la Iglesia. Son oportunidades para orar, formarse, servir y descubrir que Cristo sigue llamando a los jóvenes a ser protagonistas de la evangelización.

Como decía San Juan Pablo II, fundador de la Jornada Mundial de la Juventud, los jóvenes no son solamente el futuro de la Iglesia, sino también su presente. Por eso estas jornadas siguen siendo espacios privilegiados para escuchar la voz de Dios, fortalecer amistades que nacen de la fe y renovar el compromiso de seguir a Cristo en medio del mundo.

“Que nadie te menosprecie por ser joven.” (1 Timoteo 4,12)

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