04/12/2025
"Y EN LA IGLESIA ¡CUÁNTO LAICO COMPROMETIDO LLENO DE SÍ MISMO! En la lucha espiritual no te equivoques de enemigo, ¿cómo podrás ganar la batalla espiritual así? ¿Cómo sanar de una enfermedad que no reconoces tener y solo la ves en los otros? Todos estamos enfermos de amor propio, pero solo lleva ventaja y sanará aquel que lo reconozca. Solo alcanzará la paz el que practique la humildad. Nunca podrás construir un mundo de amor sin ser primero tú humilde y sin negarte a ti mismo.
Pero no sabemos ni siquiera qué es eso, y creemos que la cizaña son solo los otros, los que roban, matan, abortan; pero también nosotros ensuciamos la Iglesia con nuestra frialdad, con nuestra indiferencia, con nuestro egoísmo no reconocido, incluso con nuestra tristeza (los infelices causan infelicidad). Y aunque tú digas no meterte con nadie, tu indiferencia tiene ya partículas de odio, simplemente porque no es amor. Al escribir este libro desearía solo hablar de luz, dar solo palabras de aliento, sé que las almas están cansadas, y que los buenos quieren mucho y pueden poco, pero el amor no es ciego, y que para sanar antes debemos ser sacudidos.
¡Y cuánto laico comprometido lleno de sí mismo! ¡Cuánto abuso del yo y del “a mí”. ¡Cuántos rezos mecánicos! ¡Cuánto miedo a mostrar nuestra fe fuera del templo! Curas que callan los temas que les resten prestigio, homilías superficiales, pero también por ahí, discretas, y raras, almas con verdadera devoción, con calidez y humildad que se ve y se percibe.
No importa si has hecho cosas malas, si eres lujurioso, homosexual, asesino, o tienes poca fe. No importa si puedes mucho o poco, no importa qué tanto has sido herido, ¡arrójate como un niño en los brazos de Dios! ¡Arrójate en los brazos de tu Padre! Alma herida, no huyas de Dios, Él te espera. Al entrar en la Iglesia no esperes ver perfección en nosotros, la Iglesia no es un museo de santos, es un hospital de pecadores. Quisiéramos ver en ella pura gente angelical, pero en general no somos así. No somos malos, estamos heridos, vivimos en una lucha entre la luz y las tinieblas, entre el desaliento y la esperanza. Somos nobles, pero la mayoría solo tenemos la primera conversión, no la segunda, que es la que en verdad cambia el mundo". (Fragmento de mi libro María y un llamado a la Iglesia, Héctor Rosas Ortiz, de venta en amazon