01/08/2026
Centenario del último día del culto público en México e Inició de la Guerra Cristera en México
(31 de julio de 1926)
El 31 de julio de 1926 marcó un hito histórico en México cuando, tras la entrada en vigor de la Ley Calles, el Episcopado suspendió el culto público, interrumpiendo por primera vez en cuatro siglos la celebración de misas y sacramentos. En un ambiente lleno de dolor y lágrimas, los fieles acudieron a las últimas celebraciones para recibir la bendición antes de que los templos fueran cerrados e intervenidos por las autoridades. Los sacerdotes retiraron a Jesús Sacramentado de los sagrarios para evitar su profanación, dejando los altares desiertos y las iglesias en penumbra. Sin embargo, la devoción no se extinguió; la fe migró a las casas, convirtiendo a los hogares en pequeños santuarios donde la oración y el rosario familiar mantuvieron viva la tradición católica durante los años de persecución.
Hace 100 años, a causa de la persecución religiosa impulsada por el gobierno callista, los Obispos Mexicanos, con la aprobación de S.S. Pio XI, se vieron obligados a suspender el culto público en todo el país.
Estupor, desconsuelo, dolor, incertidumbre, surgieron en el corazón de los devotos mexicanos, privados de los Santos Sacramentos. Podemos decir, que fue el inicio formal de una página dolorosa en la historia del país.
El 31 de Julio de 1926 era la fecha señalada para la entrada en vigor de la llamada "Ley Calles". Ley injusta y arbitraria que vulneraba los derechos del pueblo mexicano, católico casi en su totalidad.
Dicha ley fue propuesta por el presidente de México, Plutarco Elías Calles y prohibía el culto público. Así, el gobierno de Calles permitía que sólo se podía celebrar Misa una vez a la semana, decidía cuantos sacerdotes debían de servir en cada templo, mismos que tenían que registrarse en una especie de censo y debían de ser mexicanos por nacimiento para poder así realizar sus actividades de culto religioso. Todos los sacerdotes extranjeros fueron expulsados del país mientras que miles de creyentes fueron encarcelados y ejecutados a lo largo y ancho del país.
Ante la “Ley Calles”, los católicos reunieron cerca de dos millones de firmas para pedir su abolición, pero fueron ignorados. Entonces los laicos realizaron un boicot económico nacional. También surgieron tres instituciones: La Unión Popular, la Liga Defensora de la Libertad, ambas fundadas por laicos; y la Asociación Católica de la Juventud Mexicana.
Como respuesta, el episcopado mexicano decretó la suspensión del culto público.
Cuando llegó el 31 de julio de 1926, México parecía estar de luto, la tristeza invadía los corazones de los católicos, que el día anterior abarrotaron los templos.
La gente acudió en masa a recibir quizá por última vez los santos sacramentos; bautizos, bodas, confesiones. Conforme pasaba el tiempo, la tristeza aumentaba, y cuando se anunció la última Misa, la mayor parte de los fieles ya no pudo contener el llanto. En todas partes, los que vieron estos hechos, han dado cuenta del fervor con que aquellos fieles escucharon esas misas que creían que podrían ser las últimas.
Con estas medidas, se desencadenenaría la llamada guerra Cristera. Movimiento levantado por laicos en defensa de su Fe.
Además de las prohibiciones, el gobierno intentó la creación de una Iglesia que nada tuviera que ver con el Vaticano, para así crear la Iglesia Católica Mexicana.
El papel de las mujeres fue fundamental para el movimiento pues eran las encargadas de recaudar dinero, ofrecer refugio y cuidar a los heridos y enfermos.
Durante la Guerra Cristera, el ejército católico se consagró a Cristo Rey y por ello fueron llamados “Los Cristos Reyes” o “Cristeros”. “¡Viva Cristo Rey!” era el grito de resistencia y la jaculatoria de los mártires.
El 21 de junio de 1929, ya finalizado el mandato de Plutarco Elías Calles, la Iglesia católica y el gobierno interino de Emilio Portes Gil, llegaron a acuerdos que finalmente pusieron fin al respaldo armado de la Iglesia a los cristeros.
El gobierno permitió que las Iglesias continuaran su labor espiritual. Para el 27 de junio de 1929 los servicios religiosos en las iglesias se reanudaron.
El 30 de julio de 1926, las autoridades eclesiásticas de la Basílica de Guadalupe retiraron del altar mayor la imagen original de la Virgen y reemplazáronla con una copia fiel pintada al óleo ex profeso.
En efecto, ante la inminencia de la entrada en vigor de la “Ley Calles” y la consecuente decisión del Episcopado mexicano de suspender el culto público, el entonces abad de la Basílica de Guadalupe, Mons. Feliciano Cortés y Mora, junto con el Cabildo Colegial, acordaron ocultar temporalmente la sagrada tilma del Tepeyac para salvaguardarla de una profanación o de otro atentado, como el ocurrido el 14 de noviembre de 1921.
De acuerdo con un oficio de la Secretaría de Gobernación remitido a la otrora Presidencia Municipal de Guadalupe Hidalgo, la autoridad federal tenía ya conocimiento de una posible sustracción de imágenes religiosas del complejo mariano:
“Al C. Presidente Municipal.
Guadalupe Hidalgo, D. F.
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Tiene conocimiento esta Secretaría de que el clero católico encargado de la Basílica de esa población, pretende sacar de la misma Basílica diversas imágenes y objetos, bajo el pretexto de que, en caso de quedarse en la repetida Basílica, serán destruidos.
Prevengo a usted que bajo su más estrecha responsabilidad, de conformidad con la Circular No. 104 de esta Secretaría, dé las órdenes necesarias para impedir el que las expresadas imágenes, o cualquiera mueble u objeto del culto, sean sacadas del lugar en que actualmente se encuentran en la Basílica, y al efecto ya se ha pedido a la Inspección General de Policía que se ministre la fuerza necesaria para evitar tales actos.
Debe usted también hacer saber al público que la Basílica continuará abierta y al cuidado del Encargado de la misa o de la Junta de Vecinos que nombre usted conforme a la Circular No. 103 de esta propia Secretaría, y que este Encargado o Junta de Vecinos, serán los responsables de la conservación de todos los objetos de culto.
Sírvase usted contestar de enterado avisando también medidas que dicte sobre el particular.
Atentamente.
SUFRAGIO EFECTIVO. NO REELECCION.– México, D. F., Julio 30 de 1926.
EL SECRETARIO.
A. Tejeda.”
Durante la noche del 29 al 30 de julio, en el más estricto y completo sigilo, con ayuda de un grupo de obreros que venía realizando trabajos en el presbiterio de la Basílica, se procedió a desmontar del altar mayor el cuadro que resguardaba a la Guadalupana. Una vez abierto el marco de oro y plata, el original se sustrajo con sumo cuidado y enseguida se colocó una copia fiel previamente encargada al pintor poblano Rafael Aguirre Moctezuma. Antes de cerrar el marco y montarlo de nueva cuenta en el altar mayor, se sugirió ahumar el cristal para opacar la pintura y así impedir que fuera reconocida como una réplica. Todo esto se realizó bajo la supervisión del abad de la Basílica y ante Notario Público.
Entre oraciones, lágrimas y la premura que exigían las circunstancias, el ayate de Juan Diego fue llevado a la Sala Abacial donde lo envolvieron en telas de seda que luego se lacraron para confirmar su autenticidad. Para darle mayor protección, lo ciñeron con una jerga gruesa quedando perfectamente empaquetado. Finalmente, se colocó en el doble fondo de un antiguo ropero chino que había en la Basílica, al que se le desclavó la tabla superior para poder introducirlo.
Dado que el recinto religioso se encontraban vigilado por las fuerzas del orden, el abad ordenó abrir un boquete en el muro colindante con el convento de las Madres Sacramentarias para poder sacar el ropero y colocarlo cuanto antes en un desvencijado camión de mudanzas, cargado con camas y colchones de los infantes del coro de la Basílica, que terminaría trasladándolo a la casa del Ing. Luis Felipe Murguía Terroba –persona de las más absoluta confianza tanto del abad como del arzobispo de México– ubicada en la calle de Meave #4 del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Ahí permaneció celosamente resguardado desde el 30 de julio de 1926 al 15 de julio de 1927, toda vez que, al consolidarse la famosa zona de tolerancia de la calle Cuauhtemotzin –en el actual barrio de la Merced– para segregar y concentrar los burdeles y casas de asignación, la Familia Murguía decidió reubicarlo a la “Antigua Casa de Murguía”, un inmueble construido en 1896 para alojar una librería de su propiedad, situada en la actual calle 16 de Septiembre del Centro Histórico.
Durante los casi tres años que la Virgen de Guadalupe estuvo oculta, la Familia Murguía mantuvo siempre una lámpara encendida junto al ropero en señal de su devoción filial. Por su parte, al abad de la Basílica asistía cada sábado a celebrar la misa de forma clandestina.
Tras la firma de los llamados “Arreglos” entre el gobierno de México y la Iglesia Católica, el 21 de junio de 1929, se iniciaron los preparativos para retornar la bendita imagen a su Basílica. De acuerdo con el acta notarial de fecha 28 de junio de ese año, su reinstalación en el altar mayor quedó completada en punto de las 23:30 horas, habiéndose efectuado con la mayor secrecía posible y ante la presencia de un grupo reducido de personas, entre los que se encontraban el abad Feliciano Cortés, dos canónigos del Cabildo de Guadalupe, el Ing. Luis Felipe Murguía y tres testigos.
Poco tiempo después, el Cabildo Colegial, a propuesta del abad de la Basílica, aceptó obsequiar a la Familia Murguía la “Gemela guadalupana” –como se le conoce actualmente– en agradecimiento a su devoción y determinación con las que ejecutaron tan arriesgada empresa. Desde entonces, la copia realizada por el maestro Rafael Aguirre se encuentra en manos de los descendientes del Ing. Luis Felipe Murguía Terroba.
En 2018, tras concluirse las obras de construcción de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús dentro de las instalaciones de la Universidad del Futbol y las Ciencias del Deporte (UFD), y por disposición de la propia Familia Murguía, la “Gemela guadalupana” ocupa un lugar cercano al presbiterio donde es posible apreciarla y venerarla.
CHRISTUS VINCIT!
CHRISTUS REGNAT!
CHRISTUS IMPERAT!
VIVAT CHRISTUS REX!
Oremos pornuestros gobernantes:
Dios todopoderoso y eterno, en cuyas manos están los corazones de los hombres y los derechos de las naciones, asiste con bondad a nuestros gobernantes para que, con tu protección, afiancen en todas partes la prosperidad de los pueblos, la paz duradera y la libertad religiosa.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
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