05/04/2026
Ayer, Viernes Santo, recordamos el momento más doloroso y al mismo tiempo más lleno de amor de toda la historia: la crucifixión de nuestro Señor Jesucristo.
Después de ser juzgado, flagelado y coronado de espinas, Jesús cargó su pesada cruz hasta el Calvario. Allí, clavado entre dos ladrones, sufrió y entregó su vida por cada uno de nosotros.
En medio del mayor sufrimiento, perdonó a quienes lo crucificaban y, con su último aliento, pronunció: “Todo está consumado”.
Este día tan sagrado nos muestra el amor más grande que existe: Dios entregando a su Hijo para salvarnos del pecado y abrirnos las puertas del cielo.
Ayer, en Viernes Santo, nos detenemos a contemplar la cruz y nos preguntamos con sinceridad:
¿Entiendo realmente cuánto me amó Jesús?
¿Estoy dispuesto a cargar mi propia cruz y seguirlo con fidelidad?
Que el sacrificio de Jesús en la cruz nos mueva a vivir con más gratitud, más amor y más entrega hacia Dios y hacia los demás.
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”