26/05/2026
Entre el fuego de Pentecostés y el verde del Tiempo Ordinario, la Iglesia vive una transición profundamente hermosa.
El 24 de mayo celebramos Pentecostés: el Espíritu Santo desciende sobre los apóstoles, nace públicamente la Iglesia y concluye el Tiempo Pascual.
El 25 de mayo, la Iglesia contempla a María como Madre de la Iglesia, permaneciendo junto a los discípulos como madre, guía y presencia fiel en medio de la comunidad naciente.
Y el 26 de mayo, regresamos al Tiempo Ordinario… pero ya no somos los mismos. Porque quien ha recibido al Espíritu Santo, vuelve a la vida cotidiana transformado por Dios.
La liturgia no cambia solamente de color; también nos recuerda que la vida cristiana tiene momentos de fuego, silencio, espera y camino. Y después de cada Pentecostés, comienza una nueva misión.
Pentecostés
María, Madre de la Iglesia
Regreso al Tiempo Ordinario
“Después del fuego de Pentecostés, la Iglesia vuelve al camino cotidiano… pero ya transformada por el Espíritu Santo.”