UNIÓN Femenil Esther

UNIÓN Femenil Esther Somos un grupo de mujeres servidoras de Cristo que defendemos las verdades del Evangelio de la Gracia. Primera Iglesia Bautista Central de Tizimín.

La gracia de Señor nos permite cumplir 48 años como agrupación femenil. Nuestro anhelo es seguir sirviéndole en la maner...
15/12/2019

La gracia de Señor nos permite cumplir 48 años como agrupación femenil. Nuestro anhelo es seguir sirviéndole en la manera que es bíblicamente correcta, enseñándonos unas a otras en las funciones que nos corresponde como mujeres cristianas: ser esposas, madres, suegras, hijas, amigas y hermanas como "aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos"
(1 Pedro 3:5), ataviadas "con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad" (1 Timoteo 2:10).
La gloria sea para el Señor ahora y en todos los años que en su buena voluntad nos permita seguir trabajando.

"Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada"
Tito 2:3-5

UNA MADRE CRISTIANA 💐         El niño debe obedecer, es el orden de Dios: "Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, po...
10/05/2019

UNA MADRE CRISTIANA 💐

El niño debe obedecer, es el orden de Dios: "Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor." (Colosenses 3:20). La madre debe, pues, enseñar la obediencia a sus hijos no solo para su propia satisfacción, sino también porque ello agrada al Señor, y debe hacerlo lo más pronto posible, acostumbrándoles a obedecer desde sus más tiernos años.

Tan pronto como la Voluntad propia del niño aparece y se afirma, la madre debe intervenir. Tal vez sea una obra penosa y dolorosa para su corazón de madre, pero de seguro que llevará frutos benditos si ella sabe persistir. Si el niño obtiene lo que desea a fuer­za de gritos, no tarda en darse cuenta de que éste es el medio de obtener lo que, de otra manera, su madre no le hubiese dado o con­sentido. Si ella cede, es como si obedeciera al niño, y esto es mucho más grave y culpable de lo que se suele creer: es una desobediencia hacia Dios, que como todas las desobediencias le traerá tristes consecuencias.

Si una madre no somete y sujeta a sus hijos ¿qué dolor será para ella cuando estas criaturas la atormenten a cual más, en lugar de ser para ella un motivo de gozo y alegría? Éste la importuna por una cosa, aquél por otra: bien saben ellos que armando ruido y gritando acabarán por obtener lo que desean. La pobre madre se considera muy infeliz y la tarea le parece superior a sus fuerzas.

No obstante, ¿sería tan difícil hacer que obedezcan aquellos ni­ños? ¿Acaso amarán menos a su madre, obrando ésta con energía y afecto a la vez?

Quisiera también llamar la atención de las madres cristianas so­bre otro punto importante: El niño cree todo lo que le dice su madre. Sabe que ella le ama y piensa también, con innata inocen­cia, que ella lo puede todo. Manifiesta, pues, en ella una confianza sin reservas. Por eso dijo el Señor: "si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos..." (Mateo 18:3).

No parece posible que pueda haber madres tan inconscientes co­mo para engañar la credulidad de aquellos pequeños seres que Dios le ha confiado. Las hay, sin embargo, que, en lugar de tener la su­ficiente energía para obligarles a obedecer, les engañan y a veces les amenazan con cosas que de ninguna manera ni en ningún caso lle­varían a cabo. El resultado de esto es que los niños no saben si deben creer lo que dice su madre; ella pierda la confianza de sus hijos, y por lo tanto, su autoridad - en un camino en el cual - ya que emplea la mentira y el engaño, no puede tener la aprobación de Dios, ni su bendita ayuda, que tan necesaria es.

Es, pues, de suma importancia que la madre cristiana comprenda cuán graves y peligrosos son estos engaños. Nada tiene de extraño que un niño se acostumbre a mentir, si ha oído varias veces en boca de su madre lo que se llama «mentiras inocentes» que, en realidad no lo son, pues nunca es inocente la mentira, no lo olvidemos. "El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño." (1 Pedro 3:10).

Si el niño ama y honra a su madre, no le costará tanto obedecer, mayormente si se le acostumbró a someterse desde el principio. Sin duda, habrá momentos difíciles, pues no dejará de manifestarse la mala naturaleza que todos poseemos al nacer y que va desarrollán­dose a lo largo de nuestra vida. Pero el niño sabe que su madre no cederá en ningún caso, si fue dominado y castigado por cada intento de desobediencia, no entablará oposición o lucha alguna, sabiendo que será castigado cuantas veces intente resistir: "No le niegues al muchacho la corrección; pues si le castigas con la vara, no morirá…y librarás su alma del in****no." (Proverbios 23: 13-14; VM).

Estos versículos nos enseñan cuán importante es - a los ojos de Dios - el castigo impuesto al niño; los padres no deben evitar el castigo merecido, perseverando en esta primera y necesaria educa­ción, que tendrá consecuencias para la vida entera de sus hijos: "Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él." (Proverbios 22:6).

Pero si los padres obran según Dios al castigar a sus hijos, es también de suma importancia que lo hagan con discernimiento. Debe ser tan doloroso el imponer un castigo, como recibirlo. La madre lo hará siempre con calma; si se siente irritada más vale que apli­que el castigo más tarde, indicándole a su hijo en qué consistirá. De este modo resultará eficaz; mientras que, si la madre - en su impaciencia e irritación - castiga o azota, no logrará el resultado deseado: "Padres, no provoquéis a vuestros hijos, no sea que se desalienten." (Colosenses 3:21 - VM).

Otro deber de la madre cristiana es enseñar a sus hijos que se acuerden de su Creador desde su niñez: "Acuérdate pues de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan aquellos días aciagos, y se acerquen aquellos años; de los cuales dirás: ¡No tengo ya complacencia en ellos!" (Eclesiastés 12:1). La madre les enseñará a orar; no rezando, repitiendo oraciones o súplicas de memoria. Según las necesidades, recordará con ellos lo que haya pasado en el día, confesará a Dios las faltas y desobediencias, le bendecirá por sus tiernos y numerosos cuidados. Si no acostumbra a sus niños a orar con ella desde sus primeros años, en voz alta, la madre se priva, probablemente para siempre, de este gozo.

En cambio, ¡cuán precioso es para los padres hallar en su hijo, en su hija, íntimos amigos con quienes pueden doblar las rodillas ante Dios, para que, así reunidos, cada uno pueda libremente y se­gún las necesidades que sienta, presentar súplicas y la adoración de sus corazones a Aquel que es el manantial de toda bendición: nuestro misericordioso Dios y Padre!

LOS BENEFICIOS DE UN MINISTERIO DE MUJERES.Por Catherine Scheraldi de Núñez - 23 mayo, 2018No necesitamos ser un genio p...
15/04/2019

LOS BENEFICIOS DE UN MINISTERIO DE MUJERES.
Por Catherine Scheraldi de Núñez - 23 mayo, 2018

No necesitamos ser un genio para darnos cuenta que los hombres y las mujeres son diferentes y, por ende, tienen diferentes formas de pensar, diferentes capacidades y diferentes necesidades. Dios creó a la primera mujer con el propósito de ser ayuda idónea (Gn. 2:18), por lo que nuestra naturaleza es ayudar y complementar a aquellos alrededor nuestro.

Tener este rol implica que necesitamos tener relaciones, no solo con otros hombres sino con otras mujeres y como tenemos diferentes personalidades, habilidades y dones podemos complementarnos las unas a las otras. El problema radica en que vivimos en un mundo caído donde la cosmovisión esta basada en una mentira; adicional a esto tenemos corazones engañosos y mentes entenebrecidas por el pecado, por lo que necesitamos aprender el rol bíblico que nos fue dado (Tit. 2:3-5).

Como el propósito de Dios es formarnos a la imagen de Su Hijo (Ro. 8:29), y nos ha mandado a transformar nuestra forma de pensar (Ro. 12:2), tenemos que buscar el verdadero conocimiento, conforme a esta imagen (Col. 3:10) con el propósito de hacer las buenas obras que Dios ha preparado de antemano para que andemos en ellas (Ef. 2:10).

El ministerio de mujeres en la iglesia local:

El ministerio para las mujeres es una de las áreas donde aprendemos a realizar esto. Nuestros estudios bíblicos, nos enseñan las verdades bíblicas, y la relación con otras mujeres nos enseña cómo aplicar estas verdades a nuestras vidas (Col. 1:9-12). Al aprender cómo amar nuestros esposos y familias, nuestros matrimonios y hogares serán fortalecidos (Dt. 6:4-7) y nuestro testimonio al mundo mejorado. Estudiar juntas con otras mujeres nos ayuda no solamente a aprender y aplicar las verdades sino también a compartir con otras que han pasado por situaciones similares y recibir de ellas lo que han aprendido de sus victorias y hasta de los errores que han cometido (1 Jn. 3:16) para que cada una de nosotras podamos caminar como es digno del Señor (Col. 1:10). Tener personas que oran con nosotras, que nos animan y nos estimulan para seguir en el camino que Dios ha trazado para nosotras (Gá. 6:2) es vital para que el Espíritu Santo nos ilumine y nos dirija en nuestro caminar (He. 10:24). De esta forma las relaciones entre hermanas en la fe se profundizan, y naturalmente se convierten en relaciones de mentoreo y grupos de apoyo las unas alas otras (1 P. 4:8-10).

Este crecimiento personal y relacional nos ayuda a reconocer nuestros dones espirituales, con la finalidad de trabajar juntas aplicando nuestras habilidades y dones para el beneficio de la iglesia (Ro. 12:4-8). También produce estrategias para identificar y lograr llenar las necesidades de las otras hermanas y hasta para aquellas mujeres fuera de la iglesia.

Por el pecado en nuestro mundo, las personas están llenas de dolor y por ende las mujeres tienen muchas heridas que necesitan ser sanadas. A través de nuestro testimonio en medio de las tribulaciones, otras pueden distinguir que hay algo que ellas no tienen y por ende anhelar la fortaleza que Dios nos da en estos momentos (Mt. 5:14-16). Esto abre oportunidades de ayudar, consolar y compartir el evangelio con aquellas que no conocen al Señor (2 Co. 1:3-4).

En este proceso, las hermanas llegarán a ser todo lo que Dios quiere y lo que él está pidiendo de nosotras, aprendiendo a glorificarlo a él en todo lo que hacemos (1 Co. 10:31).

Que nuestra meta como cristianas y en el ministerio para las mujeres sea vivir Filipenses 2:1-4:

Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.

Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer, de la Iglesia Bautista Internacional y es conductora del programa radial "Mujer para la gloria de Dios".

Nuestra actividad de Acción de Gracias por un año más que el Señor nos concedió como Unión Femenil. 💐🎂
11/02/2019

Nuestra actividad de Acción de Gracias por un año más que el Señor nos concedió como Unión Femenil. 💐🎂

02/02/2019
¿QUÉ ES LA IRA DE DIOS?“Temed a aquel que, después de haber dado muerte, tiene poder de echar en el in****no. Sí, os dig...
16/01/2019

¿QUÉ ES LA IRA DE DIOS?

“Temed a aquel que, después de haber dado muerte, tiene poder de echar en el in****no. Sí, os digo: A éste temed”. (Luc. 12:5)

Es triste ver a tantos cristianos que parecen considerar la ira de Dios como algo que necesita excusas y justificación, o que, cuando menos, celebrarían que no existiese.

Hay algunos que, aunque no irían tan lejos como para admitir abiertamente que la consideran una mancha en el carácter Divino, están lejos de mirarla con deleite, no les agrada pensar en ella, y rara vez la oyen mencionar sin que se levante un resentimiento secreto hacia ella en sus corazones.

Incluso entre los de juicio más moderado, no son pocos los que imaginan que la severidad de la ira divina es demasiado aterradora para constituir un tema provechoso de meditación.

Otros admiten el engaño de que la ira de Dios no es compatible con su bondad, y por esto tratan de desterrarla del pensamiento.

Sí, muchos huyen de la visión de la ira de Dios como si se les obligara a mirar una mancha del divino carácter, o una falta de la autoridad divina.

Pero, ¿qué dicen las escrituras?

Al leerlas, nos damos cuenta de que Dios no ha tratado de ocultar la realidad de su ira. Él no se avergüenza de proclamar que la venganza y el furor le pertenecen.

Su propia demanda es: “Ved ahora que yo, soy yo, y no hay dioses conmigo; yo hago morir, y yo hago vivir, yo hiero, y yo curo; y no hay quien pueda librar de mi mano, y diré: Vivo yo para siempre, si afilare mi reluciente espada, y mi mano arrebatare el juicio yo volveré la venganza a mis enemigos, y daré el pago a los que me aborrecen” (Deut. 32:39-41).

Una mirada a la concordancia nos revelará que, hay más referencias al enojo, el furor, y la ira de Dios que a su amor y benevolencia.

Él odia todo pecado, porque es santo; y porque lo odia, su furor se enciende contra el pecador (Sal. 7:11).

La ira de Dios constituye una perfección divina tan importante como su fidelidad, poder o misericordia.

Ha de ser así, por cuanto en el carácter de Dios no hay defecto alguno, ni la más leve tacha; ¡Sin embargo, habría si careciera de “ira”!

La indiferencia al pecado es una falta moral, y el que no lo odia es un leproso moral.

¿Cómo podría Él, que es la suma de todas las excelencias, mirar con igual satisfacción la virtud y el vicio, la sabiduría y la locura? ¿Cómo podría Él, que se deleita sólo en lo que es puro y amable, dejar de despreciar lo que es impuro y vil?

La naturaleza misma de Dios que hace del in****no una necesidad tan real, un requisito tan imperativo y eterno como es el cielo.

No solamente no hay en Dios imperfección alguna, sino que no hay perfección que sea menos “perfecta” que otra.

La ira de Dios es su eterno aborrecimiento de toda injusticia. Es el desagrado e indignación de la rectitud divina ante el mal. Es la santidad de Dios puesta en acción contra el pecado. Es la causa motriz de la sentencia justa que pronuncia contra los que actúan mal.

Dios se enoja contra el pecado porque es una rebelión contra su autoridad, un ultraje cometido contra su soberanía inviolable.

Los que se sublevan contra el gobierno de Dios aprenderán que Dios es el Señor. Se les hará conocer la grandeza de su Majestad que ellos desprecian, y lo terrible que es esa ira que se les anunció y que ellos repudiaron.

No es que la ira de Dios sea una venganza maligna, que hiera por herir, o un medio para devolver una injuria recibida. No; Dios vindicará su dominio como Gobernador del universo, pero nunca será vengativo.

Que la ira divina es una de sus perfecciones de Dios es evidente, no sólo por las consideraciones presentadas hasta el momento, sino, lo que es más importante, porque así lo establecen las afirmaciones categóricas de su propia Palabra. “Porque manifiesta es la ira de Dios desde el cielo” (Rom. 1:18).

Se manifestó cuando fue pronunciada la primera sentencia de muerte, cuando la tierra fue maldita y el hombre echado del paraíso terrenal; y, después, por castigos ejemplares tales como el Diluvio y la destrucción de las ciudades de la llanura (Sodoma y Gomorra) con fuego del cielo, y especialmente, por el reinado de la muerte en todo el mundo.

Se manifestó, también, en la maldición de la Ley para cada transgresión, y fue dada a entender en la institución del sacrificio.

En el capítulo 8 de Romanos, el apóstol llama la atención de los cristianos al hecho de que la creación entera está sujeta a vanidad, y gime y está de parto.

La misma creación que declara que hay un Dios, y publica su gloria, proclama también que es el Enemigo del pecado y el Vengador de los crímenes de los hombres.

Pero, sobre todo, la ira de Dios fue revelada desde el cielo cuando su Hijo vino para manifestar el carácter Divino, y cuando esa ira fue presentada en sus sufrimientos y muerte de un modo más terrible que en todas las señales que había dado anteriormente de su enojo por el pecado.

Además, el castigo futuro y eterno de los impíos se declara ahora en unos términos más solemnes y explícitos que nunca.

Bajo la nueva dispensación, hay dos revelaciones celestiales; una es de ira, la otra es de gracia.

Por otra parte, que la ira de Dios es una perfección divina queda demostrado claramente en lo que dice el Salmo 95:11: “Por tanto juré en mi furor”.

Hay dos motivos por los que Dios “jura”, al hacer una promesa (Gén. 22:16), y al anunciar un castigo (Deut. 1:34).

En el primer caso, Dios juró en favor de sus hijos; en el segundo, para atemorizar a los impíos.

Un juramento es una confirmación solemne (Heb. 6:16). En Gén. 22:16, Dios dijo: “Por mi mismo he jurado”. En el Sal. 89:35, declaró: “Una vez he jurado por mi Santidad.” Mientras que, en el Sal. 95:11, afirmó “Juré en mi furor”.

Así el gran Jehová apela a su furor, o ira, como una perfección igual a su Santidad; ¡él jura tanto por la una como por la otra! Pero aún hay más: como que en Cristo “había toda la plenitud de la divinidad corporalmente” (Col. 2:9), y ya que en él lucen gloriosamente todas las perfecciones divinas (Juan 1:18), es por ello que leemos de “la ira del Cordero” (Apoc. 6:16).

La ira de Dios es una perfección del carácter divino sobre la que necesitamos meditar con frecuencia.

En primer lugar, para que nuestros corazones sean debidamente inculcados del odio que Dios siente hacia el pecado.

Nosotros siempre nos inclinamos a considerar trivialmente el pecado, a excusarlo, y a consentir su fealdad.

Pero cuanto más estudiemos y meditemos la aversión de Dios hacia el mismo, y su terrible venganza sobre él, más fácilmente nos daremos cuenta de su enormidad.

En segundo lugar, para engendrar en nuestros corazones un temor verdadero a Dios. “Retengamos la gracia por la cual sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor” (Heb. 12:28,29).

No podemos servirle “agradándole” a menos que tengamos “reverencia” a su Majestad sublime, y “temor” a su justo furor; y la mejor manera de producirlo en nosotros es recordando a menudo que “nuestro Dios es fuego consumidor”.

En tercer lugar, para elevar nuestras almas en ferviente alabanza por habernos librado “de la ira que ha de venir” (1Tes. 1:10).

Nuestra rapidez o nuestra desgana en meditar sobre la ira de Dios es un medio eficaz para ver cual es nuestra verdadera posición delante de Él. Si no nos gozamos verdaderamente en Dios por lo que es en sí mismo y por todas las perfecciones que habitan eternamente en Él, ¿cómo puede, pues, morar en nosotros el amor de Dios?

Cada uno de nosotros necesita orar y estar en guardia para no hacerse una imagen de Dios según sus propias ideas e inclinaciones malas. El Señor, en la antigüedad, se quejó de que “pensabas que de cierto sería yo como tú” (Sal. 50:21).

Si no alabamos “la memoria de su Santidad” (Sal. 97:12), si no nos regocijamos al saber que, en un cercano día, Dios desplegará gloriosamente su ira al vengarse de todos los que ahora se oponen a Él, eso es una prueba positiva de que todavía estamos en nuestros pecados, en el camino que conduce al fuego eterno.

“Alabad, gentes (gentiles), a su pueblo, porque el vengará la sangre de sus siervos, y volverá la venganza a sus enemigos” (Deut. 32:34). Y, de nuevo: “Oí como la gran voz de una enorme multitud en el cielo, que decía: “¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios. Porque sus juicios son verdaderos y justos; pues él ha juzgado a la gran ra**ra que corrompió la tierra con su inmoralidad, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella. Y por segunda vez dijeron: “¡Aleluya!” (Apoc. 19:1-3).

Grande será el gozo de los santos en aquel día cuando el Señor vindicará su Majestad, ejercerá su poderoso dominio, magnificará su justicia, y derrotará a los rebeldes orgullosos que se han atrevido a desafiarle.

“Si mirares a los pecados, ¿quién oh, Señor, podrá mantenerse?” (Sal. 130:3). Haremos bien en hacernos esta pregunta, porque está escrito que “no se levantarán los malos en el juicio” (Sal. 1:5).

¡Qué agitada y angustiada estaba el alma de Cristo bajo el peso de las iniquidades de los suyos que Dios le imputaba al morir! Su agonía cruel, su sudor de sangre, su gran clamor y súplica (Heb. 5:7), su reiterado ruego “si es posible, pase de mi este vaso”, su último grito aterrador “Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has desamparado?”,

Todo ello muestra que terrible era el temor que sentía por lo que significa el que Dios “mire a los pecados”. ¡Bien pueden clamar los pobres pecadores: “Señor ¿quién podrá mantenerse?”, cuando el mismo hijo de Dios tembló así bajo el peso de su ira!, Si ustedes no se han “afianzado de la esperanza” que es en Cristo, el único salvador, “¿Qué harán en la espesura del Jordán?” (Jer. 12:5).

El gran Dios, pudiendo destruir a todos sus enemigos con una palabra de su boca, es indulgente con ellos y provee a sus necesidades.

No es extraño de Él, que hace bien a los ingratos y malvados, nos mande bendecir a los que nos maldicen. Pero no piensen los pecadores, que escaparán; el molino de Dios va despacio, pero muele muy fino; cuanto más admirable, sea ahora su paciencia y benignidad, más terrible e insostenible será el furor que su bondad profanada causará.

No hay nada tan suave como el mar, sin embargo, cuando es sacudido por la tempestad nada puede rugir tan violentamente.

No hay nada tan dulce como la paciencia y la bondad de Dios, ni nada tan terrible como su ira cuando se enciende”. Así que, “huyamos” hacia Cristo; “huye de la ira que vendrá” (Mat. 3:7) antes que sea demasiado tarde.

Es necesario que pensemos que esta exhortación no va dirigido a alguna otra persona. ¡Va dirigida a nosotros! No nos contentemos con pensar que ya nos hemos entregado a Cristo. ¡Asegurémonos de ello! Pidamos al Señor que escudriñe nuestro corazón y que lo revele.

Autor: Arthur W. Pink.

Enero, 10DIGNOS EJEMPLOS PARA EL MUNDOJohn Mac Arthur."Permanezca el amor fraternal” (Hebreos 13:1).- Para ser un testim...
10/01/2019

Enero, 10
DIGNOS EJEMPLOS PARA EL MUNDO
John Mac Arthur.

"Permanezca el amor fraternal” (Hebreos 13:1).
- Para ser un testimonio para el mundo, los cristianos necesitan vivir lo que profesan.-
El predicador del siglo XIX, Alexander Maclaren, dijo una vez: “El mundo toma su noción de Dios principalmente de aquellos que dicen que pertenecen a la familia de Dios. Nos leen mucho más de lo que leen la Biblia. Nos ven; solo oyen hablar de Jesucristo ”. Una doctrina bíblica sólida, un fundamento tan importante como es, es inadecuada por sí misma para influir en el mundo hacia el evangelio de Cristo.
Los cristianos de hoy pueden aprender mucho de los primeros cristianos, cuyas vidas fueron una reprimenda para las sociedades inmorales y paganas que los rodeaban. A los incrédulos en esas culturas les resultaba extremadamente difícil encontrar faltas en los cristianos, porque cuanto más los observaban, más veían a los creyentes vivir los altos estándares morales que profesaba la iglesia.
Los cristianos en esos días obedecían las instrucciones de Pedro: "Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos" (1 Pedro 2:15). También prestaron atención al consejo de Pablo a Tito: "Presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros” (Tito 2:7-8).
Jesús ordenó a sus discípulos originales y a nosotros: "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mateo 5:16). Por supuesto, Jesús tenía en mente buenas obras que eran genuinas y que provenían de una base de buena enseñanza. Estos versículos deberían recordarnos, por lo tanto, que la doctrina y la práctica deben ir de la mano. El autor de Hebreos cambia naturalmente de la doctrina y la exhortación general a las advertencias específicas del capítulo 13. El amor entre los creyentes es su punto de partida, y debe ser nuestro cuando buscamos tener un paseo digno de crédito y digno de crédito ante el mundo observador.
Sugerencias para la oración:
- Pídale a Dios que lo ayude a mantener un equilibrio bíblico entre la doctrina y la práctica. Ora para que Él corrija áreas específicas en las que has estado viviendo desequilibrado.
Para estudio adicional:
- Memoriza Santiago 1:25. Use una Biblia con buenas referencias cruzadas, y busque otros versículos que traten sobre “la ley de la libertad”.

DEDÍQUENSE A LA ORACIÓN"Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias". Colosenses 4:2Es interesante n...
02/01/2019

DEDÍQUENSE A LA ORACIÓN

"Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias". Colosenses 4:2

Es interesante notar la gran porción de la Palabra sagrada de Dios dedicada al tema de la oración, ya sea dándonos ejemplos a seguir, exigiendo obediencia a su verdad o declarando promesas relacionadas con ella. Apenas abrimos la Biblia, nos encontramos con: «Desde entonces se comenzó a invocar el nombre del SEÑOR» (Génesis 4:26), y justo antes de acabar el bendito libro, llega hasta nuestros oídos el «amén» (Apocalipsis 22:21) de una petición cargada de propósito. Los ejemplos son inagotables. En este libro encontramos a un Jacob que lucha (Génesis 32:22-32), a un Daniel que oraba tres veces al día (Daniel 6:10) y a un David que clamaba a su Dios con todo su corazón (Salmo 55:16; 86:12). Vemos a Elías en la montaña (1 Reyes 18:16-46) y a Pablo y a Silas en la cárcel (Hechos 16:16-40).
Encontramos infinidad de mandamientos e innumerables promesas.
¿Qué nos enseña esto, aparte de la sagrada importancia y la necesidad de la oración? Podemos estar seguros de que cualquier cosa que Dios haya destacado de forma prominente en su Palabra, es porque él anhela que sea llamativamente notoria en nuestra vida. Si Él dice tanto sobre la oración es porque sabe cuánto necesitamos de ella. Nuestras necesidades son tan profundas que no debemos cesar de orar hasta que estemos en el cielo.
¿Crees que no tienes necesidades?
Entonces me temo que no conoces tu verdadera pobreza.
¿No sientes el deseo ni la necesidad de hacerle peticiones a Dios?
Entonces que Dios, en su inmensa misericordia, exponga tus miserias porque ¡un alma sin oración es un alma sin Cristo!
La oración es el balbuceo entrecortado del niño que cree, el grito de guerra del creyente que lucha y el réquiem del santo agonizante que se duerme en los brazos de Jesús. Es el aire que respiramos, es la clave secreta, es el aliento, la fortaleza y el privilegio de todo cristiano. De modo que si eres un hijo de Dios, buscarás el rostro de tu Padre y vivirás en el amor de tu Padre. Ora pidiendo que en este año puedas ser santo, humilde, devoto y diligente; que puedas tener una comunión más cercana con Cristo y que ingreses con frecuencia al salón del banquete de su amor. Ora para que puedas ser un ejemplo y una bendición para los demás, y que puedas vivir más y más para la gloria de tu Señor. Que nuestro lema para este año sea: «Dedíquense a la oración».

La Estrella y los Magos.“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén ...
13/12/2018

La Estrella y los Magos.

“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle… Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo”. Mateo 2: 1, 2, 9, 10.

Pero aquí hay una primera lección: si sucediera alguna vez que los hombres dejaran de predicar el Evangelio, Dios puede conducir a las almas a Su Hijo por medio de una estrella. ¡Ah!, no digamos únicamente por medio de una estrella, sino también por medio de una piedra, de un pájaro, de una hoja de hierba y de una gota de rocío. “Recuerden que la Omnipotencia cuenta con siervos en todas partes”.Por tanto, no te desanimes cuando te enteres de que un ministro ha dejado de predicar el Evangelio, o que otro está luchando contra la verdad vital de Dios. Su apostasía será para su propio perjuicio más bien que será un daño para Jesús y para Su iglesia; y, triste como pudiera ser ver que las lámparas del santuario están apagadas, Dios no depende de las luces humanas pues Él es la luz del Shekhiná de Su santa morada. Si las lenguas mortales rehúsan predicar Su palabra verán sus lugares remplazados por libros en los torrentes
caudalosos y sermones en las piedras. El rayo de luz clamará desde la pared y la madera le responderá. Cuando los principales sacerdotes y los escribas se apartan del camino, el Señor comisiona a las estrellas, y una vez más los cielos declaran de hecho la gloria de Dios, y el firmamento muestra la obra de Sus manos. Antes que carecer de predicadores del Dios encarnado, los montes y las colinas aprenderían elocuencia y prorrumpirían en testimonios. El mensaje de Jehová será dado a conocer hasta los últimos confines de la tierra.
Dios tendrá a Sus elegidos. Él hará que Cristo vea el fruto de la aflicción de Su alma y quede satisfecho. Su consejo permanecerá y
ejecutará Su voluntad. ¡Aleluya! Ahora bien, cuando el Señor usa a una estrella como Su ministro, ¿cuál es el encargo para su ministerio? Podemos aprender mediante esta pregunta qué tipo de ministerio quiere Dios que sea el nuestro si somos estrellas en Su diestra. Nosotros brillamos también como luces en el mundo; veamos cómo hacerlo.
Notamos, primero, que la predicación de las estrellas es integralmente acerca de Cristo. No sabemos cuál era el color de la estrella, ni la forma de la estrella, ni qué magnitud había alcanzado; esos elementos no son consignados, pero lo que sí está registrado es de mucha mayor importancia; los sabios dijeron: “Su estrella hemos visto”. Entonces la estrella que el Señor usará para conducir a los seres humanos a Jesús tiene que ser la propia estrella de Cristo. El ministro fiel, igual que esta estrella, le pertenece a Cristo; es un varón de Cristo en el sentido más enfático. Antes de que podamos esperar ser convertidos en una bendición, queridos amigos, nosotros mismos tenemos que ser bendecidos por el Señor. Si queremos ser la causa de que otros pertenezcan a Jesús, nosotros mismos tenemos que pertenecer enteramente a Jesús. Cada rayo de esa estrella brillaba para Jesús. Era Su estrella, constantemente y
exclusivamente y completamente. No brillaba para sí misma, sino solamente como Su estrella; como tal era conocida y así se hablaba
de ella: “Su estrella hemos visto”.Yo desearía que ustedes y yo, sin importar cuáles pudieran ser nuestras excentricidades o nuestras personalidades, no hagamos nunca algo tan grande de ellas como para atraer hacia ellas la atención de los hombres. Que la gente no se fije nunca en nuestros logros o en nuestras deficiencias, sino que observen siempre esta única cosa: que somos varones de Dios, que somos embajadores de Cristo, que somos siervos de Cristo, y que no intentamos brillar por nosotros mismos, o hacernos conspicuos, sino que trabajamos arduamente para brillar para Él, para que Su camino sea conocido en la tierra como también Su salud salvadora en todas las naciones.
Noten a continuación que la verdadera predicación de la estrella conduce a Cristo. La estrella era la propia estrella de Cristo, pero
también condujo a otros a Cristo. Lo hizo en gran medida porque se movía en esa dirección. Es algo triste cuando un predicador es como un poste de señales que indica el camino pero que nunca lo sigue personalmente. Así eran esos principales sacerdotes en Jerusalén; podían decir dónde había nacido Cristo, pero no fueron nunca a
adorarle; eran completamente indiferentes a Él y a Su nacimiento.
La estrella que conduce a Cristo tiene que estar yendo siempre a Cristo. Los hombres son mucho más atraídos por el ejemplo que cautivados por la exhortación. Sólo la piedad personal es reconocida por Dios para la producción de piedad en otros.
Ahora que nos hemos alegrado de alguna manera con la luz de la estrella, veamos si podemos EXTRAER SABIDURÍA DE LOS MAGOS. No se contentaron con admirar a la estrella y compararla con otras estrellas, ni con tomar notas en cuanto a la fecha exacta de su aparición, y cuántas veces titiló, y cuándo se movió, y todo eso, sino que pusieron en práctica la enseñanza de la estrella. Muchos son oyentes y son admiradores de los siervos de Dios, pero no son lo suficientemente sabios para hacer un uso adecuado y apropiado de
la predicación. Notan la peculiaridad del lenguaje del predicador, cuánto se parece a algún teólogo y cuánto difiere de otro teólogo; si tose con demasiada frecuencia o si su voz es demasiado gutural; si habla gritando o muy bajito; si no tiene un acento provincial, si no hay en él un lenguaje muy común que se aproxima a la vulgaridad; o, por otro lado, si no es demasiado florido en su dicción. Tonterías
como esas son las observaciones constantes de algunos seres humanos por cuyas almas laboramos. Ellos están pereciendo, y sin embargo, están jugando con esos asuntos tan insignificantes. Eso es todo para lo que van a la casa de Dios muchas personas: van para criticar de esa miserable manera. Incluso los he visto venir a este lugar con binoculares de ópera, como si vinieran aquí para inspeccionar a un actor que viviera y trabajara para divertir sus ratos de ocio. Tal es el deporte de los necios; pero estos varones eran hombres sabios, y por tanto, eran varones prácticos. No se volvieron observadores de las estrellas, y no se quedaron en el punto de admirar a la notable estrella, sino que dijeron: “¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos para adorarle”. Se dedicaron de inmediato a
encontrar al Rey recién nacido, de cuya venida era la señal la estrella.
¡Oh, mis queridos oyentes, cómo deseo que todos ustedes sean sabios de esta misma manera! Yo preferiría predicar el sermón más insulso que haya sido predicado jamás, que predicar el discurso más brillante que haya sido pronunciado alguna vez, si por medio de ese pobre sermón pudiera conducirlos muy lejos de mí para buscar al Señor Jesucristo. Esa es la única cosa que me preocupa. ¿No me darán gusto jamás preguntando por mi Señor y Maestro? Anhelo oírles decir: “¿De qué está hablando este varón? Habla de un Salvador; queremos tener a ese Salvador. ¿Acaso no es éste un buen día para que empiecen a encontrar a su Salvador? Algunos de ustedes han pospuesto esto por largo tiempo, ¿no sería bueno que empezaran de inmediato antes que este año agonizante hubiere visto su último día? Estos sabios parecieran haberse puesto en camino tan pronto como descubrieron a la estrella; no eran de los que tienen tiempo que desperdiciar en demoras innecesarias. “Allí está la estrella”, dijeron; “partimos bajo su guía. ¡No estamos satisfechos con una estrella; vamos a encontrar al Rey que es el dueño de la estrella!” Y así se dieron a la tarea de encontrar a Cristo de manera inmediata y resuelta. Por último, esos eran hombres sabios, –y yo les recomiendo su ejemplo- porque cuando vieron al niño ellos le adoraron. La suya no era una curiosidad satisfecha, sino una devoción cumplida. Nosotros debemos adorar también al Salvador o no seremos nunca salvados
por Él.

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