22/07/2026
Hay desiertos que no vienen a destruirnos, sino a mostrarnos lo que llevamos dentro.
Cuando todo está bien, es fácil pensar que tenemos paciencia, que somos humildes o que dependemos de Dios. Pero cuando llega el silencio, cuando las puertas no se abren y el camino se hace largo, el corazón termina hablando.
El desierto no inventa nada en nosotros. Solo deja al descubierto lo que ya estaba ahí.
Dios permitió que Israel pasara por el desierto para probarlo, humillarlo y revelar lo que había en su corazón. Y muchas veces, Él también usa nuestras temporadas difíciles para enseñarnos, corregirnos y acercarnos más a Él.
Si hoy estás atravesando un momento duro, quizá no solo debas preguntarte: “¿Cuándo va a terminar esto?”
También vale la pena preguntarse:
¿Qué quiere mostrarme Dios de mi propio corazón en medio de este proceso?
“Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.”
— Deuteronomio 8:2