07/05/2026
Otro día más. Son las 7:00 AM y mi alarma acaba de sonar. Tengo un pequeño negocio de relojes deportivos y, además, trabajo en la gestión de estantes para una marca muy conocida. Hoy tengo una lista de 10 tareas pendientes como mínimo, llamadas a proveedores, organizar un planograma que no pude terminar ayer y responder mensajes de algunos clientes entre otras cosas.
Para colmo no me terminé el café el día de ayer y nomás lo dejé aquí y se llenó de hormigas - Que descuidado me estoy haciendo.
Mientras sostengo esta taza de café, experimento lo que llaman "Fricción Cognitiva". Una parte de mi cerebro me dice: "Puedes dejar lo del planograma para mañana, total, nadie se va a dar cuenta de una caja mal colocada. Otra parte me recuerda que si no lo hago hoy, el desorden se acumulará.
Pero bueno, mientras pienso, al final mejor decido que hacer después, pero ahorita tengo cosas que hacer antes de entrar a trabajar.
Son las 5:00 pm y termino mi día laboral, al final de cuentas deje que la "mano negligente" actuará sobre el día de hoy. Hice lo más mínimo necesario. No revisé el inventario a fondo, contesté los mensajes con respuestas automáticas sin empatía humana alguna y dejé que los detalles se escaparan mientras solo me decía "es solo por hoy".
Ya pasó una semana después de que aquel mal hábito se convirtiera en una mala rutina. He observado que mis ventas bajaron un poco, inclusive un cliente el día de ayer se quejó por un precio mal colocado, al final tuve que respetarlo y salí perdiendo una gran cantidad de dinero. Ese error lo podía haber prevenido, pero lo más loco es que aunque no he trabajado lo necesario, aún así me siento agotado. Creo que se me olvidó que la ciencia dice que la negligencia no ahorra energía; al contrario, genera un estrés crónico porque el cerebro sabe que hay tareas pendientes.
Ya pasó un mes y mi vida es un caos, pero para mí suerte o bendición el día de hoy me visitaron unos hermanos de una iglesia a la que asistía, y me hablaron de colosenses 3:24, y entonces entendí que mi falla no era un problema de "flojera", sino de miopía espiritual. Todo este tiempo estuve trabajando para "los hombres" (el jefe que no lo ve, el cliente que se queja, el algoritmo de ventas), entonces todo estaba funcionando perfecto. Como sentía que ellos no valoraron mi esfuerzo, mi cerebro activó el modo de "ahorro de energía" y al final perdí demasiado.
Pero bueno, entendí la lección y gracias señor toque entendí que
Desde ahora todo lo haré como si fuera para el señor.