14/04/2026
MOISÉS LE DIJO A DIOS: "NO SÉ HABLAR, ENVÍA A OTRO"… Y DIOS LE RESPONDIÓ ESTO
La zarza ardía sin consumirse. Moisés, de pie, descalzo, temblando. Acababa de escuchar la voz más imponente del universo: "Ve a Faraón, saca a mi pueblo de Egipto". Y Moisés, el que había matado a un egipcio, el que había huido al desierto, el que pasó 40 años cuidando ovejas… respondió: "¿Quién soy yo para ir?".
Dios le dijo: "Ve, que yo estaré contigo". Pero Moisés insistió: "Dirán que no me has aparecido". Dios le dio señales: la vara que se vuelve serpiente, la mano leprosa que se sana. Pero Moisés volvió a objetar: "No sé hablar bien, soy torpe de lengua".
Entonces Dios se enojó (sí, la Biblia dice que Su ira se encendió contra Moisés). Pero no lo abandonó. Le dijo: "¿Acaso no soy Yo el que hace la boca del hombre? Ve, y tu hermano Aarón hablará por ti".
Moisés fue. Dudó. Objetó. Puso excusas. Y aún así, Dios lo usó para partir el Mar Rojo, para recibir los Diez Mandamientos, para liberar a un millón de personas.
¿La lección? Dios no llama a los capacitados. Capacita a los llamados. Moisés no era orador, era pastor de ovejas. Pero Dios convirtió su bastón en cetro, su lengua trabada en voz profética, su desierto en tierra prometida.
Si hoy sientes que no sirves, que otros hablan mejor, saben más, tienen más fe… recuerda a Moisés. Su "no puedo" se convirtió en "Dios puede". Y el que empezó temblando frente a una zarza, terminó hablando cara a cara con el Creador.
No le digas a Dios lo grande que es tu problema. Dile a tu problema lo grande que es tu Dios. Y anda, que Él va contigo. Amén.
Tomado de Horizontes Eternos