10/08/2026
Caminando en Poder
Cuando Dios habla, delega poder. Pero toda palabra de Dios tiene una contraparte, una antítesis que se le parece pero que busca llevarnos al resultado opuesto. Cuando Dios dijo “escoge la vida” (Deuteronomio 30:19), ya sabía que había una muerte esperando del otro lado de esa decisión. El enemigo no inventa una opción nueva, toma esa misma antítesis y la disfraza para colarse por ahí. Pero la verdad de Dios no negocia con su contraparte: la enfrenta, la derrota y la absorbe bajo su autoridad.
Como el hijo pródigo, no solo fuimos perdonados: fuimos restaurados. El Padre no nos dejó como siervos, nos llamó hijos. Nos colocó el anillo de autoridad, la capacidad de hablar y movernos como si Él mismo lo estuviera haciendo (Lucas 15:22).
Pero el perdón de pecado no es lo mismo que el poder. Hay muchos perdonados que aún viven enfermos, atados, víctimas de sus circunstancias, porque no han contendido por la restauración.
David y Gedeón no se conformaron con ser redimidos: buscaron el poder de Dios. Y nosotros, como hijos, tampoco debemos conformarnos. El poder es la capacidad de influir sobre nuestro territorio, de sostener lo que Dios nos ha entregado, de gobernar con dominio.
Primero redimidos. Luego restaurados. Y ahora, llamados a gobernar con poder y dominio