02/07/2026
Una fuerte e inquietante tormenta de rayos, truenos y lluvia torrencial estalló de forma imprevista en Ecône, Suiza, marcando de manera dramática el preciso instante en que comulgaban los cuatro nuevos obispos ordenados ilícitamente por la Fraternidad San Pío X, desatando un profundo desconcierto entre los miles de fieles presentes.
La larguísima ceremonia de consagración episcopal, que se extendió por espacio de seis horas, estuvo marcada por una contradicción teológica que ha encendido las alarmas en el mundo católico: los candidatos proclamaron solemnemente de rodillas su fidelidad y obediencia ciega al Papa León XIV, mientras en el mismo acto consumaban una desobediencia directa contra su expresa voluntad.
El momento cumbre de la tensión litúrgica ocurrió cuando los nuevos obispos tomaron la comunión, signo supremo de unidad y comunión con la Iglesia universal. En ese segundo, el cielo amanecido claro se tornó oscuro, los truenos retumbaron con violencia y un diluvio ensordecedor obligó a suspender temporalmente la distribución de la Eucaristía a los fieles debido al barro y al viento.
Ante la mirada atónita de los asistentes, las ráfagas de viento apagaron por completo los cirios del altar lateral donde los ordenados realizaban sus ritos. Al no existir un permiso oficial del Vaticano, el secretario de la comunidad tuvo que leer un texto justificativo argumentando que la Santa Sede vive circunstancias excepcionales y declarando que las p***s de excomunión carecen de valor legal.
La gravedad canónica del hecho es absoluta. De acuerdo con el Derecho Canónico de la Iglesia Católica, tanto los obispos consagrantes, Monseñor Alfonso de Galarreta y Monseñor Bernard Fellay, como los cuatro nuevos consagrados, quedan automáticamente excomulgados por participar en una ordenación sin el indispensable mandato pontificio.
Muchos de los presentes en la explanada suiza no pudieron evitar interpretar el estallido climatológico como una señal de advertencia divina ante un acto que rompe la unidad de la túnica de Cristo. La IglesiaUniversal mira con dolor este nuevo desgarro, recordando que no se puede edificar la defensa de la Tradición destruyendo el pilar de la obediencia al Sucesor de Pedro.