08/02/2021
A propósito del super bowl 😊
“Mi mayor salto de fe fue acudir al sacramento de la Confesión, eso realmente me cambió, cuando salí ese día del confesionario realmente me sentí diferente, me sentí como yo, como auténticamente Harrison en todas las áreas de mi vida”.
El jugador católico que participa en el Super Bowl 2021, pateador de los Kansas Chiefs, asiste cada semana a la Misa en latín.
Harrison Butker tiene 24 años. Nació en Decatur, Georgia, está casado con Isabelle Butker y tiene un hijo de apenas un año llamado James Augustine. Es uno de los cinco pateadores mejor pagados en la NFL, los Chiefs lo firmaron en septiembre de 2017 y por sus habilidades se convirtió en su pateador titular.
Criado católico, alejado de la fe
El pateador dio una entrevista a EWTN en 2019, en pleno ascenso de su carrera habló sobre cómo fue criado católico, sin embargo, con el paso de su adolescencia comenzó a alejarse de la iglesia.
Aseguró que mientras creció sintió un profundo vacío en ocasiones. “A veces interpretas una diferente persona para diferentes públicos, había un Harrison para el equipo de futbol, un Harrison para las cámaras, uno para tus padres, otro para los fines de semana, era una persona fragmentada. Me gustaba el futbol, pero no había nada más que me apasionara”, comentó en la entrevista.
Cuando ingresó a la universidad Georgia Tech, donde destacó como jugador de futbol americano, dos personas fueron básicas en su regreso a la religión, un compañero, también jugador, de nombre Grant y el Padre Joshua Allen, capellán del campus.
Conocerlos lo llevó a tener interés en confesarse y después de ello quiso acercarse más a la Iglesia.
“Mi mayor salto de fe fue acudir al sacramento de la Confesión, eso realmente me cambió, cuando salí ese día del confesionario realmente me sentí diferente, me sentí como yo, como auténticamente Harrison en todas las áreas de mi vida”.
Su ayuda en la Misa en latín
Tras haber firmado con los Chiefs y ya en Kansas, Harrison Butker buscó una parroquia a la que pudiera asistir a Misa cotidianamente y le interesó, principalmente, la Misa en latín. Así, comenzó a participar en la parroquia de Santa María y en San Miguel en Leawood, Kansas.
“Me di cuenta de que es muy difícil para los sacerdotes tener tiempo para enseñar y coordinar servidores del altar. Era necesario tener niños y jóvenes para servir, así que me ofrecí voluntario. Ahora trabajo para coordinarlos, los muchachos se están enterando de la Misa y la tradición y realmente les está gustando”, declaró en una entrevista publicada en el sitio Adoremus.
Desde entonces, cada lunes sirve en el altar como parte de la Misa en latín, se ha forjado un lugar en la comunidad y ahora tiene una fuerte amistad con el padre Shawn Tunink, el vicario parroquial de San Miguel.