11/01/2026
CARTA DE UNA OVEJA QUE HIRIÓ A SU PASTOR.
Pastor,
No escribo estas líneas para señalar errores ajenos, sino para confesar los míos.
Con el tiempo he entendido que no todo silencio fue desprecio, ni toda distancia fue abandono. Muchas cosas las interpreté desde mi herida, no desde la verdad.
Fallé cuando hablé más de lo que oré.
Fallé cuando permití que la decepción me guiara más que la honra.
Fallé cuando me alejé sin decir lo que realmente pasaba en mi corazón.
Hoy reconozco que no supe esperar, no supe confiar, y no supe amar con la madurez que usted me enseñó desde el púlpito. Exigí del pastor lo que a veces ni yo mismo podía dar: comprensión perfecta, respuesta inmediata, fortaleza sin cansancio.
Sé que usted también es humano.
Que carga responsabilidades que yo no veía.
Que muchas noches ora en silencio por ovejas que nunca sabrán cuánto le costaron.
Si alguna vez mi actitud le dolió, le pido perdón.
No fue rebeldía lo que me movió, fue debilidad.
No fue falta de amor, fue falta de crecimiento.
Aun así, quiero que sepa algo con claridad: nunca dejé de verlo como mi pastor.
Nunca olvidé su enseñanza, su ejemplo, su pasión por Dios. Muchas de las verdades que hoy me sostienen las aprendí bajo su cuidado.
Tal vez hoy no camino donde antes caminaba, pero sigo siendo fruto de lo que usted sembró. Y si Dios me concede madurez y sanidad, anhelo que algún día pueda volver a caminar con un corazón más limpio, menos exigente y más agradecido a su lado.
Gracias por no rendirse cuando muchos fallamos.
Gracias por seguir pastoreando aun con heridas.
Y gracias, pastor, por permanecer fiel al llamado aunque las ovejas a veces no supimos serlo.
Con respeto,
con humildad,
y con gratitud sincera. 🤍