26/05/2026
"VELAD, PORQUE NO SABES LA HORA"
Lectura: Evangelio de Mateo 25:1-13
En este pasaje encontramos una parábola muy conocida que el Señor Jesucristo habló a sus discípulos: la parábola de las diez vírgenes. Y aunque muchos la han escuchado, sigue siendo una palabra muy importante para nosotros hoy, porque habla acerca de estar preparados para la venida del Señor.
Dice la palabra que el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco eran insensatas. Las prudentes tomaron aceite en sus vasijas juntamente con sus lámparas, pero las insensatas solamente llevaron sus lámparas y no tomaron aceite suficiente para esperar.
Y aquí debemos detenernos a pensar cada uno de nosotros: ¿Cómo está nuestra vida delante de Dios?, ¿estamos velando realmente o estamos distraídos con las cosas de este mundo?.
Vivimos en tiempos donde hay muchas distracciones, muchos deleites pasajeros y muchas cosas que apartan el corazón del hombre de Dios. Muchas personas piensan solamente en esta vida: en el dinero, en el trabajo, en los placeres, en las preocupaciones diarias, y dejan a un lado el buscar al Señor. Pero Cristo nos llama a estar preparados.
Aquellas vírgenes tenían algo en común: todas estaban esperando al esposo. Pero la diferencia estaba en que unas se prepararon y otras no.
Así también sucede hoy. Hay personas que escuchan la palabra de Dios, van a la iglesia, conocen acerca de Cristo, pero nunca han entregado verdaderamente su vida al Señor. Y cuando venga el momento de encontrarse con Él, se darán cuenta de que no estaban preparadas.
Dice la palabra que mientras el esposo tardaba, todas cabecearon y se durmieron. Pero a la medianoche se oyó un clamor: “¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!”
Entonces aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan”. Pero las prudentes respondieron que no, para que no faltara para ellas también, y les dijeron que fueran a comprar para sí mismas.
Esto nos enseña algo muy importante. La salvación es personal. Nadie puede darle salvación a otro hombre. Un creyente no puede pasarle su fe a otra persona, ni un padre puede salvar a sus hijos, ni un esposo a su esposa. Cada uno necesita venir personalmente delante de Cristo.
Muchas personas descansan en la religión, en las tradiciones o en las obras humanas pensando que así podrán acercarse a Dios. Pero la palabra nos enseña que solamente Jesucristo salva.
No somos salvos por nuestros propios méritos. Cristo hizo la obra perfecta en la cruz del Calvario para que nosotros podamos acercarnos a Dios. Él pagó el precio por el pecador. Por eso el hombre debe arrepentirse y creer verdaderamente en el Señor mientras todavía hay oportunidad.
Aquellas vírgenes insensatas quisieron buscar aceite cuando ya era tarde. Fueron a comprar, pero mientras iban, llegó el esposo. Y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y la puerta fue cerrada. ¡Qué momento tan fuerte será ese!.
Después vinieron también las otras vírgenes diciendo: “¡Señor, Señor, ábrenos!” Pero él respondió: “De cierto os digo, que no os conozco”.
Esto nos hace recordar también los días de Noé. Mientras Noé predicaba, muchos seguramente no creían y seguían ocupados solamente en las cosas de esta vida. Pero llegó el día en que Noé entró en el arca y Dios mismo cerró la puerta. Y después ya no hubo oportunidad para los que quedaron fuera. Así será también cuando Cristo venga.
La venida del Señor será repentina, en un abrir y cerrar de ojos. Muchos estarán descuidados espiritualmente, entretenidos con el mundo y sin pensar en su salvación. Y cuando quieran buscar al Señor, el tiempo se habrá terminado.
Por eso esta parábola no es solamente una historia. Es una advertencia para nosotros hoy. Debemos preguntarnos: ¿Estamos viviendo como las vírgenes prudentes o como las insensatas?. Las prudentes perseveraron esperando al esposo. Aunque parecía tardar, siguieron preparadas. Su esperanza estaba puesta en su llegada. Pero las insensatas se descuidaron. No estuvieron preparadas para aquel momento tan importante.
Y hoy sucede lo mismo. Hay personas que escuchan acerca de Cristo pero no quieren obedecer al Señor. Otros creen más en el mundo que en la palabra de Dios. Algunos piensan que todavía tienen mucho tiempo para arrepentirse, pero nadie sabe cuándo será llamado delante de Dios.
El Señor es paciente y misericordioso. Si Cristo aún no ha venido es porque Dios todavía está dando oportunidad para que muchos procedan al arrepentimiento y sean salvos. Él no quiere que las almas se pierdan, sino que vengan al conocimiento de la verdad. Pero también llegará el día en que la puerta será cerrada.
* Hoy todavía hay oportunidad de buscar al Señor.
* Hoy todavía podemos venir a Cristo y pedir misericordia.
* Hoy todavía podemos poner nuestra mirada en Dios y no en este mundo pasajero.
Ojalá que cada uno de nosotros pueda considerar esta palabra y examinar su corazón delante de Dios. Porque cuando el Señor venga, ya no habrá tiempo para prepararse.
Que Dios nos ayude a velar, a permanecer firmes y a estar preparados para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Amén.