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Centro Evangélico Tepic Nay Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

"VELAD, PORQUE NO SABES LA HORA"Lectura: Evangelio de Mateo 25:1-13En este pasaje encontramos una parábola muy conocida ...
26/05/2026

"VELAD, PORQUE NO SABES LA HORA"

Lectura: Evangelio de Mateo 25:1-13
En este pasaje encontramos una parábola muy conocida que el Señor Jesucristo habló a sus discípulos: la parábola de las diez vírgenes. Y aunque muchos la han escuchado, sigue siendo una palabra muy importante para nosotros hoy, porque habla acerca de estar preparados para la venida del Señor.

Dice la palabra que el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco eran insensatas. Las prudentes tomaron aceite en sus vasijas juntamente con sus lámparas, pero las insensatas solamente llevaron sus lámparas y no tomaron aceite suficiente para esperar.

Y aquí debemos detenernos a pensar cada uno de nosotros: ¿Cómo está nuestra vida delante de Dios?, ¿estamos velando realmente o estamos distraídos con las cosas de este mundo?.

Vivimos en tiempos donde hay muchas distracciones, muchos deleites pasajeros y muchas cosas que apartan el corazón del hombre de Dios. Muchas personas piensan solamente en esta vida: en el dinero, en el trabajo, en los placeres, en las preocupaciones diarias, y dejan a un lado el buscar al Señor. Pero Cristo nos llama a estar preparados.

Aquellas vírgenes tenían algo en común: todas estaban esperando al esposo. Pero la diferencia estaba en que unas se prepararon y otras no.
Así también sucede hoy. Hay personas que escuchan la palabra de Dios, van a la iglesia, conocen acerca de Cristo, pero nunca han entregado verdaderamente su vida al Señor. Y cuando venga el momento de encontrarse con Él, se darán cuenta de que no estaban preparadas.

Dice la palabra que mientras el esposo tardaba, todas cabecearon y se durmieron. Pero a la medianoche se oyó un clamor: “¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!”
Entonces aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan”. Pero las prudentes respondieron que no, para que no faltara para ellas también, y les dijeron que fueran a comprar para sí mismas.

Esto nos enseña algo muy importante. La salvación es personal. Nadie puede darle salvación a otro hombre. Un creyente no puede pasarle su fe a otra persona, ni un padre puede salvar a sus hijos, ni un esposo a su esposa. Cada uno necesita venir personalmente delante de Cristo.
Muchas personas descansan en la religión, en las tradiciones o en las obras humanas pensando que así podrán acercarse a Dios. Pero la palabra nos enseña que solamente Jesucristo salva.
No somos salvos por nuestros propios méritos. Cristo hizo la obra perfecta en la cruz del Calvario para que nosotros podamos acercarnos a Dios. Él pagó el precio por el pecador. Por eso el hombre debe arrepentirse y creer verdaderamente en el Señor mientras todavía hay oportunidad.

Aquellas vírgenes insensatas quisieron buscar aceite cuando ya era tarde. Fueron a comprar, pero mientras iban, llegó el esposo. Y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y la puerta fue cerrada. ¡Qué momento tan fuerte será ese!.

Después vinieron también las otras vírgenes diciendo: “¡Señor, Señor, ábrenos!” Pero él respondió: “De cierto os digo, que no os conozco”.
Esto nos hace recordar también los días de Noé. Mientras Noé predicaba, muchos seguramente no creían y seguían ocupados solamente en las cosas de esta vida. Pero llegó el día en que Noé entró en el arca y Dios mismo cerró la puerta. Y después ya no hubo oportunidad para los que quedaron fuera. Así será también cuando Cristo venga.

La venida del Señor será repentina, en un abrir y cerrar de ojos. Muchos estarán descuidados espiritualmente, entretenidos con el mundo y sin pensar en su salvación. Y cuando quieran buscar al Señor, el tiempo se habrá terminado.
Por eso esta parábola no es solamente una historia. Es una advertencia para nosotros hoy. Debemos preguntarnos: ¿Estamos viviendo como las vírgenes prudentes o como las insensatas?. Las prudentes perseveraron esperando al esposo. Aunque parecía tardar, siguieron preparadas. Su esperanza estaba puesta en su llegada. Pero las insensatas se descuidaron. No estuvieron preparadas para aquel momento tan importante.

Y hoy sucede lo mismo. Hay personas que escuchan acerca de Cristo pero no quieren obedecer al Señor. Otros creen más en el mundo que en la palabra de Dios. Algunos piensan que todavía tienen mucho tiempo para arrepentirse, pero nadie sabe cuándo será llamado delante de Dios.

El Señor es paciente y misericordioso. Si Cristo aún no ha venido es porque Dios todavía está dando oportunidad para que muchos procedan al arrepentimiento y sean salvos. Él no quiere que las almas se pierdan, sino que vengan al conocimiento de la verdad. Pero también llegará el día en que la puerta será cerrada.

* Hoy todavía hay oportunidad de buscar al Señor.
* Hoy todavía podemos venir a Cristo y pedir misericordia.
* Hoy todavía podemos poner nuestra mirada en Dios y no en este mundo pasajero.

Ojalá que cada uno de nosotros pueda considerar esta palabra y examinar su corazón delante de Dios. Porque cuando el Señor venga, ya no habrá tiempo para prepararse.

Que Dios nos ayude a velar, a permanecer firmes y a estar preparados para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

EL DOLOR QUE CLAMA POR MISERICORDIA.El salmo 79 es una oración de lamento que tiene como propósito suplicar la ayuda y e...
19/05/2026

EL DOLOR QUE CLAMA POR MISERICORDIA.

El salmo 79 es una oración de lamento que tiene como propósito suplicar la ayuda y el perdón de Dios de manera comunitaria, es decir, la oración de toda una nación sumergida en el dolor.

El autor es Asaf. La postura antigua sugiere que el autor fue el Asaf contemporáneo del rey David quien escribió el salmo por revelación divina. Sin embargo, la postura actuale sostiene que fue escrito por “los hijos de Asaf" descendientes o miembros de su escuela musical, después de la destrucción de Jerusalén en el año 586 a.C., cuando Babilonia arrasó la ciudad y profanó el templo.

Versículos 1-4. La situación.
El salmo inicia con un dolor profundo, un gemido indecible (Rm 8:26), diciendo: Oh Dios.�Posterior el salmista informa a Dios lo que ha acontecido, desde la invasión de los Babilonios hasta el devastador resultado de su llegada; por supuesto que Dios no lo ignora, pero es un acto de oración y confesión al Omnisciente. La invasión fue tan violenta y catastrófica que se describe a la ciudad como un montón de escombro o ruinas (NTV).
Según el comentarista Derek Kinder, para un judío el no recibir sepultura era considerado una “humillación extrema”, descartados como animales sin valor alguno.
El salmo no solo nos deja ver que había cuerpos por todas partes sino que aún peor, los comían los buitres o animales salvajes como sucedió a Jezabel por juicio divino (2 Rey 9:33-37).
¿Aún más?, si, a este sufrimiento se suma la burla de los pueblos vecinos. Por la palabra “escarnecer” (v.4) podemos apreciar que disfrutaban verlos sufrir; como hicieron los judíos con el Señor Jesucristo (Sal 22:7); la gran diferencia es que Cristo sufrió por nuestros pecados sin pecar, pero Judá estaba sufriendo por su propio pecado.

Versículos 5-10. Pidiendo compasión.
¿Hasta cuando?. Esta declaración y lo demás que leemos es una declaración de fe y aceptación de pecado, Judá sabe que le ha fallado a Dios y que están sufriendo justa retribución, y solamente esta sufriendo las consecuencias de su pecado. Esto lo podemos comprobar con los versículos 8 y 9, donde leemos por la suplica al Señor de que olvide los pecados que se han cometido tanto por ellos mismos como por sus antepasados.
Sin embargo aunque el pecado del pueblo era grave, fue aún más la severidad del opresor y la burla de los gentiles, por lo cual leemos que el salmista apela al mismo juez (Dios) que les está castigando para pedir justicia y castigue a las naciones que no lo conocen.
¿Estarás airado para siempre?.
¡Que preciosa suplica!, ¡que esperanza!. Pensar en un Dios que no cambia (Mal 3:6) y que es inmutable, es devastador para todo aquel que muere en su pecado; realmente en el in****no el fuego jamás se apagará, ¡durará para siempre!; pero el estar en la tierra es tiempo de misericordia, Dios nos perdona en Cristo Jesús. Y esto lo sabe muy bien el salmista, conoce que Dios es tierno y compasivo, suplica con todo fervor y fe al Dios del que dijo David: caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas (2 Sam 24:14).
En el versículo 10 surge una preocupación significativa: el testimonio delante de las naciones.
Según W. Wersbie en los días antiguos, la victoria de una nación era una prueba de que sus dioses eran más fuertes que los dioses del enemigo, así que los babilonios se burlaron de los judíos y preguntaron: “ ¿Dónde está tu Dios?”.
Un creyente actual también debería esta preocupado todos los días por mantener esa vida que exalta al Señor ante este mundo que está en su contra.

Versículos 11-13. Gemidos y alabanza.
Recordemos que Asaf no está negando el pecado del pueblo. Al contrario, mientras suplica perdón a Dios y clama por justicia contra quienes se mofaron de ellos, también intercede por “los presos”, refiriéndose a todos aquellos que fueron capturados y deportados a Babilonia, así como a los que estaban sentenciados a muerte.

En el versículo 13 se revela el desenlace del sufrimiento del creyente: el quebranto por haber fallado al Señor y la disciplina que ello implica, desembocan en adoración. Después de todo, la adoración a Dios es el fin más alto para el cual toda criatura ha sido creada. Por ello, el salmista responde con un voto sincero: “Te alabaremos”.

Todo sufrimiento es permitido por el Señor con un propósito mayor: llevarnos a una adoración más profunda y consciente de Él.

Comprendamos un salmo de lamento.
A través del salmo 79 Dios nos permite sumergirnos en el corazón de un hermano que está sufriendo. El lamento no es una simple queja, sino toda una petición honesta, una confesión humilde, y un clamor por justicia, y todo empujado por el mismo Espíritu que mora en nosotros (Rm 8:26).
A fin de cuentas es el Padre que ama y disciplina (He 12:6-11), y permite que lleguemos a lamentarnos para hacernos regresar a Él.
También un salmo de lamento nos puede ayudar a enriquecer nuestro lenguaje de oración, ¿quieres saber qué decir y cómo orar en esos momento de lamento?, aquí encontraremos un perfecto ejemplo para alentarnos y retomar fuerzas en nuestro Dios en esos días en el valle de sombra de muerte (Sal 23:4).

Lectura: Lucas 16:19-31En el pasaje del Evangelio de Lucas 16:19 se nos habla de una parábola que Cristo contó cuando es...
12/05/2026

Lectura: Lucas 16:19-31

En el pasaje del Evangelio de Lucas 16:19 se nos habla de una parábola que Cristo contó cuando estaba en la tierra. Es la historia de un hombre rico y un mendigo llamado Lázaro.
Dice la palabra que el rico se vestía de púrpura y de lino fino, y cada día hacía banquete con esplendidez. O sea, no le faltaba nada, tenía dinero, tenía comida, tenía todo lo que muchos quisieran en esta vida. Pero también dice que había un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de ese rico, lleno de llagas, enfermo, despreciado por la gente, y con hambre, deseando saciarse aunque sea con las migajas que caían de la mesa del rico.

Y algo fuerte hermanos, dice que hasta los perros venían y le lamían las llagas. Imagínense el dolor, la necesidad, la humillación que ese hombre vivía todos los días. Pero aun así, ese hombre representaba a los que dependen de Dios, a los que no tienen nada en este mundo, pero sí tienen fe.

Y aquí viene algo que nos pone a pensar a todos: dice la palabra que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Y murió también el rico, y fue sepultado.
Los dos murieron. Ahí ya no hubo diferencia de dinero, ni de ropa, ni de posición. La muerte llega para todos, no importa quién seas. Pero después de la muerte sí hubo una gran diferencia.

El rico, estando en tormentos, levantó sus ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y empezó a clamar, diciendo: “Padre Abraham, ten misericordia de mí, manda a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”.
Hermanos, el mismo hombre que nunca ayudó a Lázaro, ahora le pedía ayuda. El que tuvo todo, ahora estaba sufriendo.
Pero Abraham le respondió algo muy fuerte: “Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado”. Y además dice que hay una gran sima, una separación que nadie puede cruzar. Luego el rico, viendo que ya no había salida para él, pidió algo más. Dijo que mandaran a Lázaro a la casa de su padre, porque tenía cinco hermanos, para que les avisara y no fueran a ese lugar de tormento.
Pero Abraham le dijo: “A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos”. Y el rico insistió, diciendo que si alguien de los mu***os fuera, se arrepentirían. Y la respuesta final fue clara: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levante de los mu***os”.

Hermanos, esta palabra es para nosotros hoy. No es solo una historia, es una advertencia.
Hoy en día hay muchos que están como ese rico: tienen trabajo, dinero, comida, distracciones, pero no tienen tiempo para Dios. Viven para lo material, para lo pasajero, y se olvidan de buscar a Dios de verdad.
Y también hay muchos como Lázaro, que sufren, que batallan, que no tienen mucho en este mundo, pero tienen algo más valioso: tienen fe, tienen a Dios en su vida.
Esta parábola nos enseña que esta vida es temporal. Lo que hoy tienes, mañana se puede acabar. Pero lo que decides en tu corazón, eso sí tiene consecuencias eternas.
Dios no quiere que vivamos confiados en las riquezas ni en las cosas de este mundo. Él quiere que nos arrepintamos, que le busquemos, que tengamos misericordia, que no seamos indiferentes al que sufre.
Porque un día, hermanos, todos vamos a partir de este mundo. Y ahí ya no va a importar cuánto dinero tuviste, ni qué carro manejabas, ni qué ropa usabas.
Lo que va a importar es si realmente buscaste a Dios, si obedeciste su palabra, y si tu corazón estuvo con Él.
Así que hoy es el tiempo. Hoy es el día de buscar a Dios. No cuando sea tarde.
Porque después de la muerte, ya no hay oportunidad.
Y como dice esta palabra, si no escuchamos lo que Dios ya nos dejó, tampoco vamos a cambiar aunque veamos cosas más grandes.

Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos ayude a entender esta verdad. Amén.

Lectura: Juan 1:45-51. Juan 4:1-26En Juan 1 encontramos la historia de Felipe y Natanael. Cuando Felipe encontró al Seño...
07/05/2026

Lectura:
Juan 1:45-51.
Juan 4:1-26

En Juan 1 encontramos la historia de Felipe y Natanael. Cuando Felipe encontró al Señor, fue con gran gozo a compartirlo con Natanael, diciendo:

Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.
Entonces Natanael respondió: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno?
Felipe solamente le dijo: “Ven y ve.”

Así también sucede hoy. Cuando una persona encuentra a Cristo, desea compartir con otros la salvación que solamente puede venir por medio del Señor Jesucristo. Y aunque muchas veces haya dudas o incredulidad, la invitación sigue siendo la misma: “Ven y ve”.
Amigo lector, te invito a que contemples a Cristo y el sacrificio que hizo en la cruz del Calvario para salvar pecadores.

Otra historia semejante es la de la mujer samaritana. Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo de Jacob. Entonces vino una mujer de Samaria a sacar agua, y el Señor le dijo: Dame de beber.

La mujer, sorprendida, respondió: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?

Entonces Jesús le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.

Ella respondió: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo.

Pero el Señor le declaró: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.

La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed.

Entonces Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido.

Ella respondió: No tengo marido.

Y Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

Es admirable ver cómo el Señor entabló conversación con aquella mujer, mostrándole quién era Él y obrando en su corazón para salvación. Cristo no solamente conocía su pasado, sino también su necesidad espiritual.

Ojalá, estimado lector, que tú también puedas darte cuenta de quién es Jesucristo, y que el Señor permita que encuentres en Él a tu Salvador, así como Felipe lo encontró y así como aquella mujer samaritana llegó a conocerle.

Adquiere sabiduríaProverbios 16:16Sabemos, por el mismo libro de Proverbios, quién es su autor: el rey Salomón, aquel re...
22/04/2026

Adquiere sabiduría
Proverbios 16:16

Sabemos, por el mismo libro de Proverbios, quién es su autor: el rey Salomón, aquel rey sabio que pidió a Dios sabiduría para gobernar a su pueblo.

Una de las enseñanzas más importantes de ese momento es que Salomón pidió sabiduría con un propósito, y este no era personal, sino de servicio. Es decir, su oración no estaba centrada en sí mismo, sino en servir a Dios. Esto es significativamente importante para nosotros como creyentes, porque puede ayudarnos a transformar nuestras oraciones; porque a menudo éstas, la mayoría del tiempo son un tanto egocéntricas; se basan en lo que deseamos o en lo que nos sucede; pero pocas veces pedimos a Dios que nos conceda sabiduría, u otros atributos, con el fin de servirle. Esto es algo poco común en nuestras oraciones.

En teología se estudian los atributos de Dios, los cuales se dividen en incomunicables y comunicables.
Los atributos incomunicables son aquellos que pertenecen solo a Dios, como la omnisciencia, la omnipotencia y la omnipresencia. Por otro lado, los atributos comunicables son aquellos que Dios comparte, en cierta medida, con el hombre, como la misericordia, la paciencia, el amor y la bondad.

Uno de aquellos atributos comunicables que denota un sentido especial como un regalo es la sabiduría. Aquello que Salomón pidió a Dios, la biblia nos dice que es algo que también nosotros podemos pedir. En el versículo citado (Pr 16:16) Salomón hace un importante hincapié en la sabiduría al colocarla por encima de las riquezas. Es decir, aquel rey poderoso que tenía oro y plata en abundancia (2 Cr. 1:15) consideraba la sabiduría como algo mucho más valioso que toda clase de riquezas.

El libro de Eclesiastés es crucial para entender el fin de todo discurso, en este aprendemos ahora del rey sabio ya en una etapa mas madura. Después de describir en Eclesiastés 12:12 que al final el mucho estudio es fatigoso, declara aquello que denota un verdadero conocimiento de Dios, ¿que sería conocer a Dios?.
'El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. ' Eclesiastes 12:13

Salomon señaló que el “principio” de la sabiduría es el temor a Jehová (Prov 1:7), pero en Eclesiastés 12:13 ahora nos dice: “el fin”. El sabio rey nos hace apreciar que no solo el principio sino también al final la sabiduría es conocer a Dios, o en otras palabras, la sabiduría es temer a Dios de principio a fin; al final, es el sentido de la vida del hombre.

¿Quieres sabiduría?, sería muy extraño pensar en alguien que no la quiera. Si la quieres, pídela a Dios, ríndete a Él y te hará sabio.
'y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. ' 2 Timoteo 3:15

¿Notas el sentido de la sabiduría?, todo conduce a Jesucristo. Cristo mismo dijo: eh aquí mas que Salomon en este lugar (Mt 12:42) e incluso las escrituras afirman que en Cristo están escondidos los tesoros de la sabiduría (Col 2:3).

Si amigo lector, creer en Cristo Jesús como tu salvador es la plena sabiduría, ahí se concentra la obediencia y temor a Dios; sabiduría no es aprenderte la biblia de memoria, ni leer 20 libros al año, o ser disciplinado para ser un buen seminarista; todas estas cosas son excelentes, pero si no está Cristo en tu corazón no hay sabiduría. Ser sabio se centra en Dios, temerle y por lo tanto conocerle y servirle.

'Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. ' SAN JUAN 17:3

Hechos 26:4–29.En este pasaje encontramos el testimonio del apóstol Pablo acerca de su vida pasada. Muchos conocían su c...
07/04/2026

Hechos 26:4–29.
En este pasaje encontramos el testimonio del apóstol Pablo acerca de su vida pasada. Muchos conocían su conducta desde el principio, y podían dar testimonio de que, conforme a la más rigurosa secta de su religión, vivió fariseo.

Después vino a ser perseguidor de la iglesia, creyendo que hacía servicio a Dios al hacer muchas cosas terribles contra el nombre de Jesús de Nazaret. A muchos de los santos encerró en cárceles, y cuando eran condenados a muerte, daba su voto contra ellos. Muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forzaba a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguía hasta en las ciudades extranjeras.

Dijo Pablo: yendo a Damasco con autoridad y comisión de los principales sacerdotes, al mediodía, oh rey, vi en el camino una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba en lengua hebrea, y decía:
“Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.”

Entonces dije: “¿Quién eres, Señor?”
Y el Señor dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues.”

Y el Señor me dijo que me levantase y me pusiese sobre mis pies, porque para esto he aparecido a ti: para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto y de aquellas en que me apareceré a ti; para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial.

Entonces Agripa dijo a Pablo:
“Por poco me persuades a ser cristiano.”
Y Pablo respondió:
“¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!”

Juan 1:9–13.
“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por Él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

Amigo lector, ¿qué decisión tomarás el día de hoy? ¿Le reconocerás, o dirás como el rey Agripa: “por poco me persuades”?

Ojalá seas sabio para tomar la mejor decisión.

La palabra “evangelio” significa buenas nuevas; pero son verdaderamente buenas para aquellos que aún no han sido salvos.

¡Acepta ya como tu salvador a Jesucristo!

Lectura: Malaquías 1–3"Profecía contra Israel por medio del profeta Malaquías"El Señor, por medio del profeta Malaquías,...
16/12/2025

Lectura: Malaquías 1–3
"Profecía contra Israel por medio del profeta Malaquías"

El Señor, por medio del profeta Malaquías, dirige una severa pero amorosa reprensión a Israel. Desde el inicio del mensaje, Dios expresa claramente su amor por este pueblo y les recuerda de dónde los había tomado:

“A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí” (Ro 9:13).

No se trataba de un amor merecido, sino de un amor electivo y soberano. Sin embargo, a pesar de ese amor, Israel había menospreciado el nombre del Señor. Dios mismo les confronta diciendo:

“El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? Y si soy señor, ¿dónde está mi temor?” (Mal 1:6).

El pueblo había caído en una religiosidad vacía. Despreciaban la mesa de Jehová y ofrecían sacrificios defectuosos, animales ciegos, cojos o enfermos, algo que jamás se atreverían a presentar a un gobernante humano:

“Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto?” (Mal 1:8).

Israel continuaba realizando los ritos, pero había perdido el verdadero significado de la adoración: el para qué y el para quién. Aun así, vemos a un Dios paciente y amoroso, llamando a su pueblo al arrepentimiento y a una adoración genuina.

Hoy, este mensaje sigue siendo actual. Dios ha enviado a su Hijo Jesucristo a morir en la cruz del Calvario con un propósito claro:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn 3:16).

En la cruz, Jesús exclamó: “Consumado es”, declarando que la obra de la salvación había sido completada, que la deuda del pecado había sido totalmente pagada.

Dios desea que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad:

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Tim 2:4–5).

Ojalá, amigo lector, puedas contemplar la obra perfecta de Cristo y responder con un corazón rendido, no con rituales vacíos, sino con fe, obediencia y verdadera adoración.

Como dice el himno:

Basta ya de religiones,�
no te ayudarán.�
Ritos, rezos, tradiciones,�
paz jamás darán.�

«¡Consumado es!» por Cristo,
todo hecho está.
Salvación Él ha provisto,
sí, ¿le aceptas ya?

SEÑOR, QUISIÉRAMOS VER A JESÚSLectura: Juan 12:20–50Entre la multitud que estaba en Jerusalén, unos griegos se acercaron...
12/12/2025

SEÑOR, QUISIÉRAMOS VER A JESÚS

Lectura: Juan 12:20–50

Entre la multitud que estaba en Jerusalén, unos griegos se acercaron a los discípulos con una petición sencilla, pero que describe la necesidad de todo ser humano:

“Señor, quisiéramos ver a Jesús.”

Quizá ese sea también el anhelo de muchos hoy: encontrar esperanza, consuelo, verdad, en fin ver a Jesús.

Cuando los discípulos le transmitieron esta petición, Jesús respondió hablando de “su hora”: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.
Pero su gloria no era un trono humano o la admiración de los hombres, sino la cruz, donde entregaría su vida para atraer a todos —judíos, griegos, tú y yo— a Sí mismo.

Aun así, Jesús no oculta el peso que sentía en su corazón:
“Ahora está turbada mi alma…”
Sin embargo, añade con firmeza:
“Mas para esto he llegado a esta hora.”

Su misión era clara: morir para darnos vida.
Y el Padre mismo respondió desde el cielo en cuanto a glorificar su nombre:
“Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.”

A pesar de tantos milagros, muchos no creyeron.
Pero Jesús levantó Su voz una vez más y dijo:

“El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió.
Y el que me ve, ve al que me envió.”

Él no vino por cuenta propia.
Vino enviado por el Padre para revelar Su amor y para ofrecer vida eterna.

Querido lector: ¿qué harás tú con Jesús?

Tal vez tú también lo has buscado. Tal vez has sentido esa misma necesidad que sintieron aquellos griegos: “Señor, quiero verte… quiero conocerte.”

Jesús sigue atrayendo hoy desde la cruz.
Sigue llamando a cada corazón.
Sigue ofreciendo perdón, verdad y vida.

La vida eterna no está en una religión, ni en obras, ni en emociones; está en conocer al único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien Él envió (Juan 17:3).

Hoy puedes acercarte con fe.
Hoy puedes conocerle.
Hoy puedes responder a Su llamado.

La verdad os hará libresLectura:Juan 8:31–59Lucas 23:35–43La historia nos presenta a unos judíos que habían creído en Él...
07/12/2025

La verdad os hará libres

Lectura:
Juan 8:31–59
Lucas 23:35–43

La historia nos presenta a unos judíos que habían creído en Él. Jesús les dijo:

“Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”
(Juan 8:31–32)

Estimado lector, el Señor estaba hablando de una libertad espiritual, pero aquellos hombres pensaron inmediatamente en la esclavitud física, diciendo que “nunca habían sido esclavos de nadie”. Sin embargo, lo que Jesús enseñó es completamente cierto:

“De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.”
(Juan 8:34)

Y también afirmó:

“Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”
(Juan 8:36)

¿Cuál crees que sea tu situación?
¿Eres esclavo o eres libre?
La libertad que Cristo ofrece es la misma que ofreció a aquellos judíos: libertad del pecado y de la condenación eterna.

Cuando Jesús dijo: “conoceréis la verdad”, no se refería simplemente a conocer información, sino a conocerle a Él, porque Él mismo declaró:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al Padre, sino por mí.”
(Juan 14:6)

Aquellos judíos decían tener como padre a Abraham, pero Jesús les respondió:

“Si vuestro Padre fuese Dios, ciertamente me amaríais…
¿Por qué no entendéis mi lenguaje?”
(Juan 8:42–43)

El amor de Cristo hacia los que le rechazan.

Es notable el amor del Señor Jesús: hablaba a hombres que lo resistían, pero aun así trataba de alcanzar sus almas. Y ese mismo amor es por ti, que estás leyendo estas líneas.

Quizá te parezca extraño, pero la Biblia dice:

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”
(Lucas 19:10)

¿No crees que tú también estás entre los perdidos?
¿No crees que Jesucristo vino a buscarte, a llamarte y a salvarte de una condenación eterna?

Ojalá que hoy sea el día de tu salvación.

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