Parroquia La Asunción de María Tepalcatepec

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Catequesis: «Velen y estén preparados» Mateo 24,42-51Tema central: La vigilancia cristiana se demuestra en la fidelidad ...
27/08/2026

Catequesis: «Velen y estén preparados» Mateo 24,42-51

Tema central: La vigilancia cristiana se demuestra en la fidelidad cotidiana

1. Introducción

El texto de Mateo 24,42-51 aparece al final de un largo discurso de Jesús sobre la venida del Hijo del hombre. Jesús no pretende satisfacer nuestra curiosidad acerca de cuándo será el final. Al contrario, hace algo mucho más importante: nos enseña cómo debemos vivir mientras esperamos.

La pregunta fundamental del texto no es: «¿Cuándo va a venir el Señor?»
sino: «¿Cómo quiero que me encuentre el Señor cuando venga?»

Y la respuesta de Jesús es clara:
«Velen y estén preparados».

Pero la vigilancia de la que habla Jesús no consiste en vivir asustados, mirando constantemente al cielo, ni en intentar calcular fechas. La verdadera vigilancia cristiana consiste en permanecer fieles a la misión que Dios nos ha confiado.

Por eso Jesús termina hablando de un servidor. El que está preparado no es simplemente el que espera; es el que sigue haciendo el bien mientras espera.

2. EXÉGESIS BÍBLICA

I. «Velen»: γρηγορεῖτε — grēgoreîte

Mateo comienza:
«Velen, pues, porque no saben qué día va a venir su Señor».

El verbo griego es:
γρηγορεῖτε — grēgoreîte

Proviene de γρηγορέω — grēgoréō, que significa literalmente:
* estar despierto;
* mantenerse despierto;
* estar alerta;
* estar atento;
* mantenerse vigilante.

Pero aquí no se trata simplemente de no dormir físicamente.

Jesús utiliza el verbo en sentido espiritual.

Una persona puede estar físicamente despierta y, sin embargo, estar espiritualmente dormida.

Puede ir a Misa y estar dormida espiritualmente.

Puede rezar y estar dormida espiritualmente.

Puede tener responsabilidades en la Iglesia y estar dormida espiritualmente.

¿En qué consiste entonces esa «somnolencia»?

En dejar de percibir lo que sucede dentro de nosotros.
En acostumbrarnos al pecado.
En dejar de luchar.
En perder sensibilidad ante el sufrimiento de los demás.
En hacer las cosas de Dios simplemente por costumbre.
En dejar de preguntarnos:
«¿Qué quiere Dios de mí?»

Por eso grēgoreō significa también mantener los ojos abiertos.

Jesús está diciendo:
«No vivan distraídos. No permitan que la vida pase delante de ustedes sin darse cuenta de Dios».

II. La vigilancia nace precisamente del «no saber»

Hay algo paradójico en el Evangelio.

Jesús dice:
«No saben qué día va a venir su Señor».

Y precisamente porque no saben, deben permanecer vigilantes.

Normalmente nosotros pensamos al revés:
«Si supiera cuándo va a suceder, me prepararía».

Pero Jesús nos dice:
«Como no sabes cuándo será, vive preparado siempre».

Esto cambia completamente la perspectiva.
Si alguien supiera que va a morir dentro de veinte años, probablemente pensaría:
«Todavía tengo tiempo».

Si supiera que será dentro de cinco años:
«Todavía puedo esperar».

Si supiera que será mañana:
«Hoy tengo que arreglar muchas cosas».

Pero como no conocemos el momento, Jesús nos invita a vivir cada día como una oportunidad para estar reconciliados con Dios.

No significa vivir obsesionados con la muerte.
Significa vivir de tal manera que no tengamos que esperar a mañana para comenzar a amar.

III. «El ladrón»: una imagen desconcertante

Jesús utiliza una comparación muy fuerte:
«Si el padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando».

Aquí aparece una palabra griega muy interesante:
διορυγῆναι — diorygēnai

Procede de: διορύσσω — diorýssō
Literalmente significa: «excavar», «perforar», «abrir un agujero».

¿Por qué?
Porque muchas casas de aquella época podían estar construidas con barro, adobe o materiales relativamente fáciles de perforar.
El ladrón podía literalmente abrir un agujero en la pared y entrar.

Por eso Jesús no está pensando necesariamente en un ladrón que rompe una puerta.

La imagen es la de alguien que entra inesperadamente, por un lugar que nadie esperaba.

Y aquí aparece el punto fundamental:
El ladrón no avisa.

Jesús utiliza deliberadamente esta imagen porque quiere destruir una falsa seguridad.

Nosotros tendemos a pensar:
«Todavía tengo tiempo».
«Después me confieso».
«Después cambio».
«Después perdono».
«Después regreso a Dios».
«Después voy a arreglar mi relación con esa persona».
«Después comienzo a servir».

Pero Jesús nos recuerda:
No tienes asegurado el después.
Tienes el hoy.

IV. «Estén preparados»: ἕτοιμοι — hétoimoi

En el versículo 44 Jesús concluye:
«También ustedes estén preparados».

La palabra griega relacionada con «preparados» es: ἕτοιμος — hétoimos

Significa:
* preparado;
* dispuesto;
* listo;
* en condiciones de actuar.

Es importante notar que Jesús no dice:
«Averigüen cuándo vendré».
Dice: «Estén preparados».

La diferencia es enorme.
El cristianismo no consiste en descubrir el calendario secreto de Dios.
Consiste en estar preparados para encontrarnos con Él.

Y aquí aparece una enseñanza pastoral muy importante:
La preparación para el encuentro definitivo con Cristo se realiza en los encuentros cotidianos con Cristo.

Cuando perdono.
Cuando sirvo.
Cuando soy honesto.
Cuando ayudo al necesitado.
Cuando trato con dignidad a mi familia.
Cuando cumplo responsablemente mi trabajo.
Cuando visito a un enfermo.
Cuando alimento al que tiene hambre.
Cuando dejo de hablar mal de alguien.
Cuando me reconcilio.
Cuando regreso a la oración.
Ahí estoy preparando mi encuentro con el Señor.

V. «Vendrá el Hijo del hombre»

Jesús dice: “Vendrá el Hijo del hombre».

Aquí encontramos una expresión profundamente significativa:
ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου — ho huiòs tou anthrṓpou
«El Hijo del hombre».

Esta expresión conecta el Evangelio con Daniel 7, donde aparece una figura semejante a un «hijo de hombre» que recibe dominio, gloria y reino.

Por tanto, Jesús no está hablando simplemente de un acontecimiento futuro.
Está hablando de su señorío definitivo.
El que ahora parece ausente volverá.
El que ahora es rechazado será reconocido.
El que ahora sirve será manifestado como Señor.

Por eso Mateo introduce también el título: «su Señor».

En griego: ὁ κύριος — ho kýrios
«El Señor».

Aquí encontramos una tensión preciosa:
Jesús parece ausente, pero sigue siendo el Señor.

No lo vemos, pero Él sigue gobernando.

No escuchamos físicamente su voz, pero sigue hablando.

No vemos todavía la plenitud de su Reino, pero ese Reino ya está presente.

Por eso la vigilancia cristiana es vivir en medio de esta tensión:

Cristo ya vino, Cristo está presente y Cristo vendrá.

VI. La gran pregunta: «¿Quién es el servidor fiel?»

A partir del versículo 45 Jesús cambia la imagen.

Ya no habla solamente del padre de familia.

Ahora habla de:
«un servidor fiel y prudente».

El texto griego dice: δοῦλος — doûlos
«Siervo», «esclavo», «servidor».

Y Jesús pregunta:
«¿Quién es, pues, el servidor fiel y prudente?»

La pregunta está formulada de manera que cada discípulo pueda sentirse interrogado.

No dice simplemente: «¿Quién es ese servidor?»
Sino: «¿Quién es, pues, el servidor fiel?»

La pregunta nos obliga a mirarnos a nosotros mismos.

VII. «Fiel»: πιστός — pistós

El primer adjetivo es: πιστός — pistós
Significa:
* fiel;
* digno de confianza;
* confiable;
* constante;
* leal.

El siervo fiel no es necesariamente el que realiza cosas extraordinarias.

Es el que puede recibir una responsabilidad y Dios sabe que puede confiar en él.

Esto es importantísimo.
Porque nosotros podemos pensar que ser cristiano consiste en hacer cosas extraordinarias.

Pero Jesús presenta otra lógica:
ser fiel en lo cotidiano.
Ser fiel cuando nadie nos ve.
Ser fiel cuando nadie nos felicita.
Ser fiel cuando no recibimos reconocimiento.
Ser fiel cuando estamos cansados.
Ser fiel cuando otros no corresponden.
Ser fiel cuando aparentemente no sucede nada.

La santidad muchas veces tiene un rostro extraordinariamente sencillo:
seguir haciendo el bien.

VIII. «Prudente»: φρόνιμος — phrónimos

El segundo adjetivo es: φρόνιμος — phrónimos
Puede significar:
* prudente;
* sensato;
* sabio;
* inteligente en el sentido práctico;
* capaz de actuar correctamente.

No se trata simplemente de tener conocimientos.

Una persona puede saber muchísimo de religión y ser poco phrónimos.
Puede conocer la Biblia y no vivirla.
Puede hablar de Dios y maltratar a los demás.
Puede enseñar teología y no tener misericordia.

La verdadera prudencia bíblica consiste en saber vivir de acuerdo con lo que se cree.

El siervo prudente piensa:
«Mi Señor puede regresar en cualquier momento; por tanto, debo cumplir ahora con mi responsabilidad».

El siervo necio piensa:
«Mi Señor tarda; todavía tengo tiempo».
Ahí comienza el problema.

IX. «Mi señor tarda»: la tentación de posponer

El versículo 48 contiene la frase decisiva:
«Mi señor tarda».

Aquí aparece una de las tentaciones espirituales más peligrosas:
«Todavía tengo tiempo».

El problema no comienza con el golpe.
No comienza con la borrachera.
No comienza con la injusticia.
Comienza en el corazón.

El texto dice:
«Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón…”

Primero cambia su manera de pensar.
Después cambia su manera de actuar.

Esto nos enseña algo fundamental:
Muchas caídas comienzan con una mentira interior.

«No pasa nada».
«Todos lo hacen».
«Después lo arreglo».
«Dios comprende».
«Todavía soy joven».
«Cuando tenga tiempo rezaré».
«Más adelante me confieso».
«Después pediré perdón».
«Luego ayudaré».

El pecado muchas veces comienza con una palabra:
«Después».

Jesús responde:
«Velen».

X. Cuando se pierde la vigilancia, se pierde el sentido del servicio

Observemos la progresión del texto.

El siervo primero piensa:
«Mi señor tarda».

Después:
«comienza a golpear a sus compañeros».

Después:
«come y bebe con los borrachos».

Es decir:
pensamiento → conducta → abuso → desenfreno.

La ausencia de vigilancia produce una transformación interior.
El servidor deja de comportarse como servidor.
Comienza a comportarse como dueño.

Y aquí está uno de los grandes peligros espirituales de cualquier persona que recibe autoridad.

Puede suceder en una familia.
En una comunidad.
En un grupo pastoral.
En una parroquia.
En una institución.
En la sociedad.

Alguien recibe una responsabilidad y comienza a pensar:
«Esto es mío».

Pero Jesús recuerda:
«No es tuyo. Te fue confiado».

XI. La autoridad cristiana siempre es servicio

El servidor había sido colocado:
«para que les proporcionara oportunamente el alimento».

Aquí encontramos: θεραπεία — therapeía
que puede referirse al conjunto de servidores o miembros de una casa.

El encargado tiene una responsabilidad:
alimentar a los demás.

Esto es muy significativo.

El verdadero líder cristiano no pregunta:
«¿Qué puedo sacar de mi puesto?»

Pregunta:
«¿A quién puedo alimentar con lo que Dios me confió?»

Y esto vale especialmente para quienes tienen responsabilidades dentro de la Iglesia.
Un sacerdote.
Un catequista.
Un coordinador.
Un miembro del consejo pastoral.
Un ministro.
Un responsable de grupo.
Un padre de familia.
Una madre de familia.
Un maestro.
Un gobernante.

Todos reciben algo que no les pertenece absolutamente.
Lo han recibido para servir.

XII. «A su debido tiempo»: καιρῷ — kairō

El texto dice que el servidor debe proporcionar el alimento:
«a su debido tiempo».

Aquí aparece una palabra muy hermosa: καιρός — kairós

No significa simplemente «tiempo» en el sentido cronológico.

El griego tiene χρόνος — chrónos, que señala el tiempo como duración, cantidad o sucesión.

Kairós, en cambio, señala:
el momento oportuno, el tiempo adecuado, la ocasión propicia.

Esto transforma nuestra comprensión del servicio.

No basta con hacer el bien.
Hay que aprender cuándo hacerlo.
Hay personas que necesitan una palabra.
Otras necesitan silencio.
Una persona necesita corrección.
Otra necesita misericordia.
Una necesita alimento.
Otra necesita compañía.
Una necesita que le expliquen.
Otra necesita simplemente que alguien la escuche.

El servidor fiel no solamente pregunta:
«¿Qué tengo que hacer?»

Pregunta:
«¿Qué necesita esta persona de mí en este momento?»
Eso es prudencia cristiana.

XIII. El verdadero examen no será cuánto recibimos, sino qué hicimos con lo recibido

Jesús dice:
«Dichoso ese servidor, si al regresar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber».

Aquí está el corazón de toda la parábola.

El Señor no encuentra al servidor haciendo algo extraordinario.

Lo encuentra:
haciendo su trabajo.

Esto es profundamente consolador.

Porque significa que nuestra santidad no depende de realizar grandes hazañas.
La santidad puede estar en:
* preparar una comida para la familia;
* visitar a un enfermo;
* escuchar a un anciano;
* enseñar catecismo;
* trabajar honestamente;
* cuidar a los hijos;
* cumplir una responsabilidad;
* acompañar a quien está solo;
* rezar cuando nadie nos ve;
* perdonar;
* servir.

Y entonces aparece una frase impresionante:
«Dichoso ese servidor».

La bienaventuranza no está en abandonar nuestras responsabilidades para esperar al Señor.
Está en ser encontrados fieles dentro de ellas.

XIV. «Lo pondrá sobre todos sus bienes»

Jesús promete:
«Le encargará la administración de todos sus bienes».

Esto apunta hacia la plenitud del Reino.

Hay una lógica divina:
fidelidad aquí → participación en el Reino.

El servidor comienza con algo pequeño.

Pero Dios le confía algo mayor.

Esto aparece repetidamente en el Evangelio:

«El que es fiel en lo poco también es fiel en lo mucho».

La pregunta, entonces, no es:
«¿Por qué Dios no me confía cosas grandes?»

La pregunta es:
«¿Qué estoy haciendo con lo pequeño que ya me confió?»

Tal vez Dios no me está pidiendo transformar el mundo.

Tal vez me está pidiendo transformar mi casa.
Mi manera de hablar.
Mi matrimonio.
Mi relación con mis hijos.
Mi grupo.
Mi parroquia.
Mi trabajo.
Mi corazón.

XV. El siervo malo convierte el servicio en poder

El contraste es brutal.
El servidor fiel:
alimenta.

El servidor malo:
golpea.

Uno utiliza la responsabilidad para servir.
El otro utiliza la responsabilidad para dominar.

Aquí aparece una enseñanza muy actual.
Toda autoridad puede convertirse en instrumento de servicio o en instrumento de abuso.

El Evangelio nos obliga a preguntarnos:
¿Mi autoridad hace crecer a las personas o las humilla?

¿Mi manera de dirigir genera paz o miedo?

¿Mi servicio acerca a las personas a Cristo o las acerca a mí mismo?

¿Cuando alguien termina de trabajar conmigo se siente valorado o destruido?

El siervo malo ha olvidado algo esencial:
él también es siervo.

XVI. El juicio comienza precisamente donde Dios nos confió una responsabilidad

El amo vuelve:
«el día menos pensado, a una hora imprevista».

Aquí vuelven las palabras de vigilancia.
El juicio no se anuncia con anticipación.

Y Jesús presenta una verdad incómoda:
habrá un momento en que tendremos que responder por aquello que recibimos.

No solamente:
«¿Qué hiciste mal?»

Sino también:
«¿Qué hiciste con el bien que te confié?»

¿Qué hiciste con tu familia?
¿Qué hiciste con tus capacidades?
¿Qué hiciste con tu tiempo?
¿Qué hiciste con tu fe?
¿Qué hiciste con las personas que puse cerca de ti?
¿Qué hiciste con las oportunidades que te di?
¿Qué hiciste con el dolor que encontraste en tu camino?

XVII. «Lo pondrá con los hipócritas»

El término: ὑποκριτής — hypokritḗs
significa originalmente alguien que representa un papel, un actor.

La imagen es muy fuerte.
El hipócrita es quien interpreta exteriormente un papel religioso que no corresponde con su corazón.

Puede parecer servidor.
Pero interiormente busca sus propios intereses.

Puede hablar de amor.
Pero destruye.

Puede hablar de humildad.
Pero busca reconocimiento.

Puede hablar de Dios.
Pero utiliza a Dios para su propio beneficio.

Por eso el problema del siervo malo no es solamente que haya cometido determinados pecados.
Es que ha vivido una doble vida.

XVIII. «Llanto y rechinar de dientes»

Jesús termina con una expresión que aparece varias veces en Mateo:
«Allí será el llanto y el rechinar de dientes».

No debemos convertir esta expresión en una amenaza barata.

Jesús está revelando la gravedad de nuestras decisiones.
La vida tiene consecuencias.
El Evangelio no es indiferente ante el mal.

Dios es misericordioso, pero su misericordia no significa que nuestras decisiones carezcan de importancia.

El juicio revela finalmente la verdad.
Lo que estaba oculto se manifiesta.
Lo que parecía insignificante adquiere su verdadero peso.
Y por eso la advertencia de Jesús no pretende paralizarnos por el miedo.
Pretende despertarnos.

3. ¿Cuál es entonces el mensaje central?

Después de toda la exégesis podemos resumir la enseñanza de Jesús en una sola frase:
No sabemos cuándo vendrá el Señor; por eso debemos vivir hoy como servidores fieles.

La vigilancia no consiste en calcular fechas.
No consiste en vivir aterrorizados.
No consiste en abandonar nuestras responsabilidades.

La vigilancia consiste en:
amar hoy, servir hoy, perdonar hoy, orar hoy, hacer el bien hoy.

Porque si Cristo viniera hoy, ¿cómo quisiera encontrarnos?
No necesariamente haciendo algo espectacular.
Sino haciendo aquello que Dios nos pidió.

4. Aplicación pastoral

Podemos llevar este Evangelio a cinco preguntas muy concretas.

1. ¿Estoy despierto espiritualmente?
¿Estoy atento a lo que Dios está haciendo en mi vida o simplemente vivo por costumbre?

2. ¿Qué estoy posponiendo?
¿Hay una reconciliación que sigo dejando para mañana?
¿Una confesión?
¿Una decisión?
¿Un perdón?
¿Una responsabilidad?
¿Una llamada?
¿Una vuelta sincera a Dios?

3. ¿Estoy utilizando mis dones para servir?
Todo lo que tenemos es recibido:
tiempo, inteligencia, experiencia, bienes, autoridad, fe, capacidades.

La pregunta es:
¿A quién estoy alimentando con lo que Dios me dio?

4. ¿Cómo trato a quienes dependen de mí?
El Evangelio nos invita especialmente a revisar nuestra manera de ejercer autoridad.

En la familia, en el trabajo y en la Iglesia: ¿sirvo o me impongo?

5. ¿Cómo quiero que Cristo me encuentre?
Esta es quizá la pregunta más importante.

No sabemos cuándo será nuestro encuentro definitivo con Cristo.

Pero sí sabemos cómo podemos vivir hoy.

Podemos vivir reconciliados.
Podemos vivir sirviendo.
Podemos vivir haciendo el bien.
Podemos vivir con el corazón despierto.

Conclusión

Jesús no nos dice:
«Tengan miedo porque no saben cuándo voy a venir».

Nos dice:
«Velen».

Es decir:
despierten.
No vivan distraídos.

No dejen para mañana el amor que pueden dar hoy.

No dejen para mañana el perdón.
No dejen para mañana la conversión.
No dejen para mañana el servicio.
«¿A quién serviste con el poder que te confié?»

No será: «¿Cuánto poseíste?»
Sino: ¿Qué hiciste con aquello que puse en tus manos?»

Por eso, el cristiano vive con una esperanza activa.

Cristo viene.

Y mientras esperamos su venida, no cruzamos los brazos.
Trabajamos.
Servimos.
Amamos.
Perdonamos.
Alimentamos a los demás.

Y cuando el Señor llegue, que pueda encontrarnos precisamente así:
haciendo el bien.

Ese será el verdadero significado de:
«Dichoso aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre cumpliendo con su deber».

Catequesis: Mateo 23,27-32 — La autenticidad de la vida cristiana1. Introducción: Jesús no está hablando de apariencias,...
26/08/2026

Catequesis: Mateo 23,27-32 — La autenticidad de la vida cristiana

1. Introducción: Jesús no está hablando de apariencias, sino del corazón

El Evangelio de Mateo 23 nos presenta uno de los discursos más fuertes de Jesús contra los escribas y fariseos.

A primera vista puede parecernos extraño escuchar a Jesús hablar con tanta dureza. Él, que es misericordioso, que perdona al pecador, que se acerca al enfermo y que recibe al que está perdido, aquí pronuncia palabras muy severas:

«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas!»

No se trata de un ataque contra una persona por pertenecer a un determinado grupo religioso. Jesús está denunciando una manera de vivir la fe que se preocupa más por parecer buena que por ser buena.

Y este Evangelio no debe llevarnos inmediatamente a pensar:
«Esto lo dice Jesús para los fariseos».

La pregunta cristiana es mucho más incómoda:
¿Podría Jesús estar diciéndome algo a mí?
Porque la tentación de vivir de apariencias no pertenece solamente a una época. Puede aparecer en cualquier persona, incluso en quienes tenemos responsabilidades religiosas, pastorales o espirituales.

Podemos participar en Misa, rezar, conocer la Biblia, hablar de Dios, servir en la Iglesia, llevar una cruz al cuello y, sin embargo, tener un corazón que necesita todavía convertirse.

El centro del Evangelio es precisamente este:
Dios no mira solamente lo que hacemos delante de los demás; Dios mira quiénes somos cuando nadie nos está mirando.

I. EXÉGESIS BÍBLICA

2. «¡Ay de ustedes!»: una palabra de advertencia

Jesús comienza diciendo:
«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas!»

La expresión «¡ay!» corresponde al griego:
οὐαί — ouaí
No es simplemente una expresión de enojo.
Es una palabra de lamentación, advertencia y juicio.

Es como si Jesús dijera:
«¡Qué terrible es el camino que están tomando!»

Por eso debemos entender correctamente estos «ayes» de Mateo 23.

Jesús no está disfrutando condenando a estas personas. Está advirtiendo acerca de las consecuencias de una religión que ha perdido su corazón.

Es importante esto porque podemos utilizar la religión para juzgar a los demás, precisamente mientras Jesús nos está invitando a examinarnos a nosotros mismos.

II. «SEPULCROS BLANQUEADOS»

3. La imagen sorprendente de Jesús

Jesús dice:
«Son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre».

La imagen es particularmente fuerte.

En el contexto judío, el contacto con un cadáver o con un sepulcro podía producir impureza ritual. Por eso los sepulcros se blanqueaban con cal, especialmente antes de las grandes peregrinaciones, para que pudieran verse fácilmente y nadie los tocara accidentalmente.

Entonces tenemos una paradoja:
El sepulcro está blanco por fuera precisamente porque está lleno de muerte por dentro.

La blancura no significa vida.

La blancura sirve para advertir:
«Aquí hay muerte».
Y Jesús toma esa imagen para hablar de la vida espiritual.

III. EL VERBO «BLANQUEAR»: UNA PUREZA EXTERIOR

El comentario menciona el término griego:
κεκονιαμένοις — kekoniaménois
Proviene de:
κονιάω — koniáō
que significa:
«cubrir con cal, blanquear, encalar».

Pero hay algo interesante.

La forma utilizada por Mateo es un participio perfecto pasivo

Esto permite imaginar algo que ha sido cuidadosamente blanqueado y que permanece en esa condición exterior.

La imagen es perfecta para lo que Jesús quiere denunciar:
algo puede estar cuidadosamente presentado por fuera mientras aquello que está debajo permanece intacto.

Podríamos decirlo así:
La cal no transforma el cadáver; solamente lo cubre.

Y aquí encontramos una profunda enseñanza espiritual.

Podemos cubrir muchas cosas sin sanarlas.

Podemos cubrir una herida con una sonrisa.
Podemos cubrir un resentimiento con palabras religiosas.
Podemos cubrir una soberbia con humildad exterior.
Podemos cubrir una falta de caridad con muchas actividades pastorales.
Podemos cubrir una crisis espiritual con muchas prácticas religiosas.
Pero cubrir no es transformar.

IV. «POR FUERA PARECEN HERMOSOS»

Jesús continúa:
«Por fuera parecen hermosos».

El verbo utilizado en el texto expresa la idea de mostrarse, aparecer, presentarse ante los demás.

Esto es fundamental.

Jesús no está diciendo simplemente que los fariseos hacían cosas buenas.

El problema es que habían convertido la apariencia de justicia en una finalidad.

Hay una diferencia enorme entre:
hacer el bien y hacer el bien para parecer bueno.

Externamente pueden ser exactamente la misma acción.

Pero interiormente son completamente diferentes.

Una persona puede ayudar porque ama.
Otra puede ayudar porque quiere reconocimiento.

Una persona puede predicar porque desea anunciar a Cristo.
Otra puede predicar porque desea ser admirada.

Una persona puede rezar porque busca a Dios.
Otra puede rezar porque desea que los demás la consideren santa.

Exteriormente pueden parecer iguales.
Dios, sin embargo, mira el corazón.

V. «POR DENTRO ESTÁN LLENOS…»

Jesús establece ahora el contraste:
«Por dentro están llenos de huesos y podredumbre».

Aquí aparece una de las grandes preocupaciones de Mateo:
la diferencia entre el exterior y el interior.

Jesús ya había enseñado:
«Bienaventurados los limpios de corazón» (Mt 5,8).

No dijo:
«Bienaventurados los que parecen lim
«los limpios de corazón».

El cristianismo no consiste en fabricar una apariencia religiosa.

Consiste en permitir que Dios transforme el corazón.

Por eso el problema de los escribas y fariseos no era que hicieran cosas religiosas.

El problema era que la religión exterior no estaba produciendo una transformación interior.

VI. «HIPOCRESÍA»: EL ACTOR QUE REPRESENTA UN PAPEL

Aquí encontramos una palabra griega fundamental:
ὑποκριταί — hypokritaí
Es el plural de:
ὑποκριτής — hypokritḗs

Originalmente podía referirse a un actor, alguien que interpreta un personaje.

De ahí surge la idea de alguien que representa exteriormente algo que no corresponde a su realidad interior.

Y esto ilumina enormemente el Evangelio.

El hipócrita espiritual no necesariamente es alguien que hace todo mal.

Puede hacer muchas cosas buenas.

El problema está en la división interior:
una cosa es lo que muestra y otra cosa es lo que realmente vive.

Por eso la pregunta de Jesús no es:
«¿Qué imagen estás proyectando?»

Sino:
«¿Quién eres delante de Dios?»

VII. LA HIPOCRESÍA PUEDE SER INCONSCIENTE

El cuarto comentario señala algo muy profundo:

«Esta forma de hipocresía inconsciente está presente en cada generación».

Esto merece mucha atención.

Porque normalmente cuando escuchamos «hipócrita» pensamos en alguien que conscientemente está engañando a los demás.

Pero existe también una forma más sutil:
podemos terminar creyéndonos la imagen que hemos construido de nosotros mismos.

Una persona puede repetir durante años:
«Yo soy una buena persona».

Y dejar de preguntarse:
«¿Estoy siendo realmente una buena persona?»

Podemos acostumbrarnos a nuestras prácticas religiosas y dejar de preguntarnos si nuestro corazón está siendo transformado.

Podemos convertirnos en expertos en señalar los pecados de generaciones anteriores y no reconocer los nuestros.

VIII. «SI HUBIÉRAMOS VIVIDO EN TIEMPO DE NUESTROS PADRES…»

Jesús continúa:
«Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el as*****to de los profetas».

Esta frase contiene una enorme ironía.

Ellos están diciendo:
«Nosotros somos diferentes».

Pero Jesús les muestra que su actitud presente demuestra lo contrario.

Es fácil condenar los pecados del pasado.
Es mucho más difícil reconocer el pecado del presente.

Podemos decir:
«¡Qué barbaridad lo que hicieron aquellos!»

Pero Jesús nos pregunta:
«¿Y qué estás haciendo tú hoy?»

Podemos condenar la violencia de otras épocas mientras somos violentos con nuestras palabras.

Podemos criticar la corrupción mientras justificamos pequeñas deshonestidades.

Podemos denunciar la falta de caridad de otros mientras nosotros guardamos resentimiento.

Podemos hablar de los errores de quienes estuvieron antes que nosotros mientras repetimos las mismas actitudes.

La historia se vuelve un espejo.

IX. «USTEDES SON TESTIGOS CONTRA USTEDES MISMOS»

Jesús dice:
«Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas».

Esta frase es muy importante.

Jesús utiliza sus propias palabras como evidencia.

Ellos mismos dicen:
«Nuestros padres hicieron esto».

Jesús responde:
«Precisamente. Y ustedes están demostrando que pertenecen al mismo espíritu».

Aquí aparece una diferencia entre:
descendencia biológica y descendencia espiritual.

No se trata simplemente de ser hijos de alguien.

Se trata de seguir sus caminos.

Una persona demuestra de quién es hija espiritualmente por las decisiones que toma.

Por eso Jesús había dicho anteriormente:
«Por sus frutos los conocerán» (Mt 7,16).

X. «¡COLMEN TAMBIÉN USTEDES LA MEDIDA DE SUS PADRES!»

Llegamos a una de las frases más fuertes:
«¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!»

El griego dice:
καὶ ὑμεῖς πληρώσατε
kai hymeîs plērṓsate
Literalmente:
«Y ustedes también, llenen».

El verbo es:
πληρόω — plēróō
que significa:
llenar, completar, llevar a plenitud, cumplir.

Aquí aparece en imperativo.
Pero no es una invitación positiva.
Es una expresión irónica y profética.

Jesús está diciendo, en esencia:
«Si continúan rechazando a los enviados de Dios, terminarán completando la obra que comenzaron sus padres».

Es una palabra terrible porque revela que el pecado puede llegar a un punto de consumación.

XI. «LA MEDIDA DEL PECADO»

El comentario utiliza una imagen muy antigua:
la copa que se va llenando.

Cada decisión puede ser una gota.
Una mentira.
Otra mentira.
Un resentimiento.
Una injusticia.
Una indiferencia.
Una falta de perdón.
Una negativa constante a escuchar.
Un corazón que se endurece.

La persona puede pensar:
«No pasa nada».

Pero las gotas continúan cayendo.
Hasta que la copa rebosa.

La Biblia utiliza en distintos lugares esta imagen de una medida de pecado que llega a su límite.

Esto no significa que Dios esté esperando impacientemente para castigar.

Significa que el pecado tiene consecuencias.

Cuando una persona rechaza repetidamente la verdad, su corazón puede terminar endureciéndose.

XII. EL PELIGRO DE HONRAR A LOS PROFETAS MU***OS

Jesús dice:
«Les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos».

Esto, en sí mismo, no era malo.

Honrar a los mu***os puede ser algo noble.

El problema estaba en la contradicción:

honraban a los profetas mu***os mientras rechazaban la palabra profética que Dios les estaba enviando en el presente.

Aquí encontramos una frase que resume maravillosamente el pasaje:
«Es más fácil honrar a un profeta mu**to que escuchar a un profeta vivo».

¿Por qué?
Porque el profeta mu**to ya no nos confronta.

Podemos admirar a san Francisco de Asís, a san Juan Pablo II, a santa Teresa de Calcuta, a los mártires, a los grandes santos.

Pero la pregunta verdadera es:
¿qué hacemos cuando una persona viva nos dice una verdad que no queremos escuchar?

Ahí se demuestra nuestra apertura a Dios.

XIII. «HONRAR A DIOS AYER, RECHAZARLO HOY»

Podemos caer exactamente en lo mismo.

Podemos decir:
«¡Qué admirable era aquel sacerdote!»

Pero ignorar al sacerdote que hoy nos invita a convertirnos.

Podemos decir:
«¡Qué grandes fueron los santos!»
Pero no querer vivir sus exigencias.

Podemos venerar la Biblia, pero no obedecerla.

Podemos amar la tradición cristiana, pero rechazar aquello que nos exige cambiar.

Podemos tener imágenes de santos en nuestra casa y, al mismo tiempo, tener un corazón incapaz de perdonar.

Entonces la pregunta del Evangelio es:
¿Estoy honrando realmente a los santos o simplemente estoy utilizando su para sentirme una buena persona?

XIV. «LA MUERTE DE CRISTO SERÁ LA CULMINACIÓN»

Aquí llegamos al centro cristológico del pasaje.

Jesús sabe que se aproxima su pasión.

Los profetas fueron rechazados.

Juan el Bautista fue rechazado.

Ahora Jesús será rechazado.

Y después serán perseguidos sus discípulos.

Por eso los comentarios señalan algo esencial:
Jesús es el Señor de los profetas.

No es simplemente uno más entre ellos.

Los profetas anunciaban la Palabra.
Cristo es la Palabra hecha carne.

Por eso rechazar a Cristo representa la culminación de un proceso de rechazo de Dios.

El problema no es simplemente que los fariseos tengan una mala opinión de Jesús.

El problema es que prefieren conservar su sistema religioso antes que aceptar al Mesías que puede transformar su corazón.

XV. UNA ADVERTENCIA PARA TODA PERSONA RELIGIOSA

Este texto tiene una particular fuerza para quienes vivimos una experiencia religiosa.

Porque la tentación de los fariseos no es abandonar la religión.

Es exactamente lo contrario.

Es utilizar la religión sin dejar que Dios transforme el corazón.

Podemos caer en una espiritualidad de apariencia:
* mucha actividad, poca oración;
* muchas palabras, poca caridad;
* mucha preocupación por la liturgia, poca preocupación por el hermano;
* mucho conocimiento bíblico, poca conversión;
* mucha preocupación por lo que otros hacen, poca revisión de nuestra propia vida;
* mucha defensa de Dios, poca obediencia a Dios.

Y Jesús nos recuerda:
La verdadera santidad comienza en el interior.

XVI. EL CRITERIO NO ES «¿CÓMO ME VEN?», SINO «¿QUIÉN SOY?»

Aquí podemos hacer un pequeño examen espiritual.

No preguntarnos:
¿La gente piensa que soy bueno?

Sino:
¿Soy bueno cuando nadie me ve?

No:
¿Me consideran una persona espiritual?

Sino:
¿Busco verdaderamente a Dios?

No:
¿Participo mucho en la Iglesia?

Sino:
¿Mi participación en la Iglesia me está haciendo más humilde, más misericordioso y más caritativo?

No:
¿Sé muchas cosas de la fe?

Sino:
¿Lo que sé está transformando mi manera de vivir?

XVII. «LO HERMOSO DE APARENTAR ES MÁS HERMOSO DE SER»

El comentario atribuye a san Juan Crisóstomo una frase particularmente penetrante:
«Aquello que es hermoso aparentar, sin duda es más hermoso ser».

Es decir:
Si queremos parecer buenos,
¿por qué no nos esforzamos por ser buenos?

Si queremos parecer humildes,
¿por qué no buscamos realmente la humildad?

Si queremos parecer misericordiosos,
¿por qué no aprendemos a perdonar?

Si queremos parecer cristianos,
¿por qué no dejamos que Cristo transforme nuestro corazón?

La pregunta de fondo es:
¿Por qué invertir tanta energía en aparentar lo que podríamos comenzar a ser?

XVIII. UNA DIFERENCIA FUNDAMENTAL: IMAGEN Y CONVERSIÓN

La apariencia busca:
«¿Qué pensarán de mí?»

La conversión pregunta:
«¿Qué quiere Dios transformar en mí?»

La apariencia busca reconocimiento.
La conversión busca verdad.

La apariencia teme quedar mal.
La conversión teme alejarse de Dios.

La apariencia esconde las heridas.
La conversión permite que Dios las sane.

La apariencia maquilla.
La conversión transforma.

Por eso el Evangelio no nos invita simplemente a «portarnos mejor».
Nos invita a permitir que Dios entre en el interior de nuestra vida.

XIX. UNA PREGUNTA MUY CONCRETA

Podemos imaginar que Jesús se acerca hoy a nosotros y nos dice:
«Muéstrame lo que hay debajo de la cal».

¿Qué encontraría?

Quizá heridas.
Quizá resentimientos.
Quizá cansancio.
Quizá orgullo.
Quizá necesidad de reconocimiento.
Quizá envidia.
Quizá miedo.
Quizá pecados que nadie conoce.
Quizá una fe cansada.

Pero aquí está la buena noticia:
Jesús no muestra nuestra podredumbre para humillarnos.
La muestra para sanarnos.

El diagnóstico de Cristo nunca tiene como finalidad destruirnos.
Tiene como finalidad conducirnos a la conversión.

XX. APLICACIÓN PASTORAL

Este Evangelio puede resumirse en tres invitaciones.

1. No vivir para aparentar

Preguntémonos:
¿Estoy viviendo mi fe para Dios o para la mirada de los demás?

La verdadera vida cristiana no necesita estar demostrando continuamente que es cristiana.

2. Revisar el interior

Necesitamos momentos de silencio delante de Dios.

No solamente revisar nuestras acciones, sino nuestras motivaciones:
¿Por qué hago lo que hago?

Porque puedo hacer algo bueno por una razón equivocada.

Y también puedo hacer algo pequeño con un amor enorme.

Dios mira el corazón.

3. Escuchar a Dios cuando nos confronta

No debemos caer en la tentación de decir:
«Yo no soy como aquella gente».

La verdadera actitud cristiana es:
«Señor, muéstrame en qué necesito convertirme».

Porque el Evangelio no fue escrito solamente para denunciar a los fariseos de hace dos mil años.

Fue escrito para que cada generación se mire en él.

Conclusión

Mateo 23,27-32 nos deja una imagen imposible de olvidar:
un sepulcro hermoso por fuera y lleno de muerte por dentro.

Jesús nos está diciendo:
No basta con parecer buenos.
No basta con hablar de Dios.
No basta con honrar a los santos.
No basta con participar externamente en la religión.

La pregunta definitiva es:
¿Qué está pasando dentro de mi corazón?

Porque podemos engañar a los demás.

Podemos incluso engañarnos a nosotros mismos.

Pero no podemos engañar a Dios.

Y, sin embargo, esta verdad no debe producir miedo, sino esperanza.

Porque el mismo Cristo que descubre lo que hay dentro de nosotros es el Cristo que puede transformarlo.

Por eso nuestra oración podría ser:
«Señor Jesús, quita de mi corazón todo aquello que solamente estoy cubriendo. No permitas que me conforme con parecer bueno. Hazme verdaderamente bueno. No permitas que solamente parezca cristiano; haz que mi corazón se parezca cada día más al tuyo. Amén.»

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