Catequesis Infantil San Ildefonso

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28/08/2026
28/08/2026

Buscó respuestas, éxito y placeres, pero nada parecía ser suficiente. ❤️‍🔥

Así comenzó el camino de san Agustín hacia Dios: https://dlf.desdelafe.mx/4hRtD5j

28/08/2026
28/08/2026

❤️ Una madre que rezó durante años.
Un hijo que parecía alejarse cada vez más.
Y una historia que nos recuerda algo precioso: no siempre podemos ver lo que Dios está haciendo mientras esperamos.

Las lágrimas de Mónica no fueron inútiles.

Sus oraciones tampoco.

Agustín encontró a Dios y aquel hombre por quien su madre tanto había rezado terminó convirtiéndose en uno de los grandes santos de la Iglesia.

Quizás por eso esta frase toca tanto el corazón:

«Mientras haya una madre de rodillas,

siempre habrá un hijo de pie.»

San Agustín, ruega por nosotros.

Santa Mónica, acompaña a cada madre que espera.

28/08/2026
28/08/2026
28/08/2026

❤ 28 de agosto: San Agustín…
¡Feliz día a todos los que llevan su nombre!
San Agustín Nació en Tagaste (Numidia, en el norte de África), en el año 354. Era hijo de padre pagano y de madre cristiana. Su madre, Santa Mónica, le enseñó a amar a Jesucristo, y este cariño se mantuvo siempre vivo en su corazón, como un rescoldo, incluso durante los largos años en los que estuvo lejos de Dios, enredado por las pasiones del espíritu y de la carne.

Al comprobar las grandes dotes intelectuales de su hijo, sus padres se sintieron obligados a darle una formación superior, cosa que pudo hacerse realidad gracias a la ayuda de un benefactor. Fue así como Agustín, después de terminar los estudios elementales y medios, con sólo 17 años, fue enviado a Cartago, para dedicarse al estudio de la Retórica. La lectura del «Hortensio», de Cicerón, despertó en su alma la sed por el conocimiento de la verdad. Comenzó entonces su larga peregrinación por diversas escuelas y sectas, que fue abandonando porque ninguna de ellas daba una respuesta convincente a sus preguntas. Pasó del maniqueísmo al escepticismo, y de aquí a la filosofía platónica, que lo preparó intelectualmente para recibir la luz de la fe. Se hallaba, entonces, en Roma, donde se había establecido en el año 383, por motivos de trabajo. Al año siguiente fue llamado a Milán, para ocupar un puesto como maestro de Retórica. Por entonces, ya había mu**to su padre, de modo que su madre y sus hermanos lo siguieron a la gran ciudad de la Italia septentrional.

Los años de Milán fueron decisivos para la conversión de Agustín. La predicación de San Ambrosio, con su exégesis alegórica, le hizo descubrir las grandes verdades encerradas en la Sagrada Escritura, a la que, hasta entonces, había tenido en poca consideración porque su estilo literario (cosa que él valoraba mucho), le parecía muy pobre en comparación con el de los grandes escritores griegos. El golpe definitivo lo recibió mientras meditaba en el jardín de su casa, cuando al abrir las Escrituras obedeciendo a la voz de un niño que cantaba tolle, lege (toma y lee), tropezó con el texto de San Pablo a los Romanos (13, 13-14), en el que el Apóstol invita a dejar de una vez el hombre viejo para revestirse de Cristo.

Inmediatamente, se trasladó a la finca de un amigo suyo, para prepararse bien para el Bautismo, que recibió en la Vigilia Pascual del año 387. Desde ese momento, decidió dedicar todas sus energías al servicio de Dios y regresó a su patria. Durante el viaje, en Ostia, falleció santamente su madre, por lo que Agustín, de vuelta a Tagaste, en unión con un grupo de amigos, comenzó una vida de tipo monástico. Pero la Providencia tenía otros planes. En el año 391, inesperadamente, el Obispo Aurelio y el pueblo de Hipona, lo exhortaron a recibir el sacerdocio. Agustín condescendió. Cuatro años después, el mismo Aurelio lo consagró como obispo y sucesor suyo.

Su actividad episcopal estuvo, en gran parte, dirigida a defender la fe contra diversas herejías, como el maniqueísmo, el donatismo y, al final de su vida, el pelagianismo. Para combatir estos errores, redactó sus más grandes tratados. Además, aplicó su preclara inteligencia al estudio de otros dos grandes temas—la vida íntima de Dios y el sentido profundo de la historia—, dando origen a esas verdaderas piedras miliares de la Teología y de la Filosofía que son, respectivamente, “Sobre la Trinidad” y “La Ciudad de Dios”. En las “Confesiones”, nos dejó una autobiografía que constituye una plegaria de agradecimiento a Dios. Los “Soliloquios”, constituyen una encendida conversación del alma con su Señor.

La influencia de San Agustín en la historia del pensamiento fue enorme. Pero, sin dejar de ser nunca un gran pensador, lo que ocupó verdaderamente su vida fue la labor de almas. San Agustín es, ante todo, un Pastor que se siente y se define como «siervo de Cristo y siervo de los siervos de Cristo», y lo vive en sus consecuencias extremas: plena disponibilidad para el servicio de los fieles, oración constante por ellos, amor a los que están en el error, aunque éstos no lo quieran o, incluso, lo ofendan… Este aspecto de su personalidad se refleja, admirablemente, en las homilías, fruto de su ininterrumpida predicación durante casi cuarenta años. La biblioteca de Hipona debía conservar muchísimas, quizás tres o cuatro mil, de las que una gran parte—probablemente sin revisar por el autor y sin publicar—se han perdido. Hasta nosotros han llegado más de quinientas homilías, predicadas de viva voz, entre las que se incluyen las “Enarraciones sobre los Salmos”, el “Comentario al Evangelio de San Juan”, y los “Sermones”, título con el que los estudiosos han agrupado los 363 discursos aislados considerados auténticos.

Estas homilías son de un contenido riquísimo, pues abrazan todos los temas de la doctrina y de la vida cristianas, y sirven de precioso comentario a sus grandes obras dogmáticas y exegéticas. Constituyen un modelo de elocuencia, clara a la par que profunda, vivaz e incisiva, que tiene la virtud de poner al pueblo cristiano en contacto inmediato con las escenas del Evangelio, de las que se extrae siempre una aplicación práctica para la vida diaria.

San Agustín murió el 28 de agosto del año 430, en Hipona, cuando los vándalos se encontraban a las puertas de la ciudad. La muerte lo encontró, como siempre, ocupado en el cuidado de su grey y en la defensa y exposición de la fe católica.

Alforjas de Pastoral.

28/08/2026

❤️📖🕊️ Evangelio del 28 de agosto de 2026.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!’ Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: ‘Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando’. Las previsoras les contestaron: ‘No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo’.

Mientras aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’. Pero él les respondió: ‘Yo les aseguro que no las conozco’.

Estén pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora’’.

Palabra del Señor.

LAS PALABRAS DE LOS PAPAS
El Evangelio de hoy es una célebre parábola, que habla de diez muchachas invitadas a una fiesta de bodas, símbolo del reino de los cielos, de la vida eterna (cf. Mt 25, 1-13). Es una imagen feliz, con la que sin embargo Jesús enseña una verdad que nos hace reflexionar; de hecho, de aquellas diez muchachas, cinco entran en la fiesta, porque, a la llegada del esposo, tienen aceite para encender sus lámparas; mientras que las otras cinco se quedan fuera, porque, necias, no han llevado aceite. ¿Qué representa este «aceite», indispensable para ser admitidos al banquete nupcial? San Agustín (cf. Discursos 93, 4) y otros autores antiguos leen en él un símbolo del amor, que no se puede comprar, sino que se recibe como don, se conserva en lo más íntimo y se practica en las obras. Aprovechar la vida mortal para realizar obras de misericordia es verdadera sabiduría, porque, después de la muerte, eso ya no será posible. Cuando nos despierten para el juicio final, este se realizará según el amor practicado en la vida terrena (cf. Mt 25, 31-46). Y este amor es don de Cristo, derramado en nosotros por el Espíritu Santo. Quien cree en Dios-Amor lleva en sí una esperanza invencible, como una lámpara para atravesar la noche más allá de la muerte, y llegar a la gran fiesta de la vida. (Benedicto XVI - Angelus, 6 de noviembre de 2011)

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