30/03/2026
Jn 12, 1-11
“A los pobres los tendrán siempre”. Estas palabras que Jesús dirige a Judas Iscariote deben seguir resonando en cada uno de nosotros, de aquellos que lo seguimos y sobretodo que lo anunciamos. Jesús visita la casa de sus amigos en Betania, acompañado por sus discípulos o por lo menos del Iscariote, allí es recibido por Lázaro, Martha y María, que eran hermanos.
Con cuanta humildad María sirve la mesa, Lázaro se sienta a la mesa con él mientras que María unge los pies de Jesús del maestro con una fragancia considerada de alto valor económico. Podemos considerar que aquellos hermanos no solo acogen a Jesús en su casa sino que además de dedicarles su tiempo, lo contemplan.
El Iscariote reprocha el actuar de María, considera que el derroche de perfume en los pies de Jesús es dinero mal gastado, que hubiera servido para asistir a los pobres. Realmente éste hombre no piensa en los pobres sino en sí mismo, como muchos de nosotros. Jesús acepta con agrado la actitud de María y rechaza la forma de pensar y de comportarse de Judas.
¿Realmente nosotros pensamos en los pobres? Muchos somos criticados porque hablamos de asistir a los pobres pero que vivimos como verdaderos ricos, de que hablamos de la asistencia de los necesitados pero que cuando nos encontramos con alguno de ellos, cerramos nuestros ojos. Esto, en muchas ocasiones es muy cierto, así actuamos; pero, esos que nos critican ¿estarán asistiendo a los pobres?. Pensemos también en aquellos ricos empresarios que tienen obras de beneficencia pero que a sus trabajadores les dan bajos salarios, les niegan sus prestaciones y cuando ven que se llega el tiempo del retiro, buscan algún pretexto para lograr un retiro justificado para que se vayan con las manos vacías o con un mínimo de recompensa por los años trabajados.
Jesús a estado y sigue estando entre nosotros, contemplémoslo en la Eucaristía, tomemos esa actitud de amistad y de amor para aquel que tanto nos ama; pero no olvidemos al Jesús pobre que camina en el marginado, que se sienta a la mesa sin alimento para comer, que se encuentra en un hospital o en la cárcel. Defiende al pobre no solo con palabras sino también con acciones. En alguna ocasión una persona me decía, dar dinero a la iglesia es enriquecerla más, a lo que yo le pregunte, entonces tu se lo das directamente a los necesitados; aquella persona ya no supo que responder.
Fraternalmente
P Ernesto Escobedo Arrieta
Feliz Lunes.